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Dom. Sep 20th, 2026

EE.UU. y Dinamarca firman acuerdo para control militar indefinido de Groenlandia

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El primer ministro groenlandés viaja a Nueva York para respaldar el pacto, que garantiza ‘seguridad compartida’ y despliegue de tropas estadounidenses en la isla autónoma

Jens-Frederik Nielsen, primer ministro de Groenlandia, ha viajado hoy a Nueva York para firmar el acuerdo entre Estados Unidos y Dinamarca que otorga a Washington el ‘control permanente’ de la seguridad de la isla, incluyendo la posibilidad de desplegar tropas de forma indefinida. El pacto, anunciado el viernes por el presidente estadounidense Donald Trump, llega tras meses de negociaciones y ha generado preocupación en la población groenlandesa, donde Nielsen ha asegurado que su viaje busca ‘tranquilidad’ para un territorio que considera ‘nuestro hogar’.

El acuerdo, confirmado por la primera ministra danesa Mette Federasen, reconoce formalmente la soberanía danesa sobre Groenlandia y su derecho a la autodeterminación, aunque cede a EE.UU. la responsabilidad de su defensa. Según declaraciones de Federasen, el texto ‘garantiza la seguridad compartida’ de la región, aunque sin detallar plazos ni condiciones específicas del despliegue militar. La firma, prevista para hoy, contará también con la presencia de Lars Lokke Rasmussen, ministro de Exteriores danés, y Múte B. Egede, ministro groenlandés de Asuntos Exteriores, quien ha destacado que el viaje se realiza ‘con Groenlandia en el corazón’.

El anuncio de Trump, realizado sin detalles técnicos, ha sido el primero en confirmar públicamente un acuerdo que ya se especulaba desde hace semanas. Fuentes diplomáticas consultadas por The Objective señalan que el pacto incluye cláusulas de ‘seguridad nacional’ que permiten a EE.UU. mantener bases militares en la isla, aunque su extensión territorial y recursos naturales —como el litio y el uranio— siguen bajo soberanía danesa. Groenlandia, con una población de 56.000 habitantes, depende económicamente de Dinamarca, que financia el 40% de su presupuesto anual.

La reacción en Groenlandia ha sido mixta. Mientras el gobierno local ha evitado criticar el acuerdo, organizaciones indígenas como Inuit Tapiriit Kanatami han expresado su preocupación por el impacto ambiental y cultural de una mayor presencia militar estadounidense. ‘Groenlandia no es un campo de pruebas’, declaró ayer Aqqaluk Lynge, presidente de la organización, en un comunicado. Lynge advirtió sobre los riesgos de contaminación y la posible militarización de zonas sagradas para la población inuit.

El contexto: Groenlandia, entre la autonomía y la dependencia estratégica

Groenlandia, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca desde 1979, obtuvo un mayor grado de autogobierno en 2009 con la aprobación de la Ley de Autogobierno, que le permitió controlar recursos naturales y asuntos internos. Sin embargo, la defensa y la política exterior siguen siendo competencias danesas, un marco que el actual acuerdo refuerza sin modificar. La isla, con una superficie de 2,16 millones de km² —tres veces el tamaño de España—, estratégica por su ubicación cerca del Ártico, ha sido objeto de interés militar desde la Segunda Guerra Mundial, cuando EE.UU. estableció bases en su territorio.

El actual gobierno groenlandés, liderado por Nielsen desde 2021, ha priorizado la estabilidad económica y la reducción de la dependencia danesa. Sin embargo, el acuerdo con EE.UU. introduce un nuevo factor: la seguridad. Aunque el texto firmado hoy no detalla el alcance del despliegue militar, analistas como Søren Moller, experto en política ártica de la Universidad de Copenhague, señalan que el pacto podría incluir el refuerzo de bases existentes, como la de Thule, utilizada históricamente para vigilancia espacial y operaciones de la OTAN. ‘Groenlandia se convierte en un peón en la disputa geopolítica por el Ártico’, advirtió Moller en declaraciones a Politiken esta semana.

Implicaciones: ¿Un nuevo capítulo en la carrera por el Ártico?

El acuerdo refuerza la posición de EE.UU. en una región donde Rusia y China han incrementado su presencia en los últimos años. Moscú ha criticado el pacto, acusando a Washington de ‘violar el espíritu de cooperación ártica’. Por su parte, Pekín ha mantenido un silencio diplomático, aunque fuentes cercanas al gobierno chino han señalado internamente que el acuerdo ‘compleja’ los planes de infraestructura que Beijing tenía previstos en la isla. Groenlandia, rica en minerales críticos como el litio y el uranio, es clave para la estrategia de ambos países en su lucha por reducir la dependencia de materiales procedentes de conflictos geopolíticos.

Para Dinamarca, el acuerdo supone un equilibrio delicado: por un lado, mantiene su soberanía sobre Groenlandia; por otro, cede parte de su control sobre la seguridad del territorio. Frederiksen ha insistido en que el pacto ‘no afecta’ a la autonomía groenlandesa, aunque analistas como Karen Smith Chris tensen, directora del Instituto Real Danés de Asuntos Internacionales, señalan que ‘la dependencia militar de EE.UU. podría limitar la margen de maniobra de Nuuk [capital groenlandesa] en futuras negociaciones’. Chris tensen añade que el acuerdo ‘podría servir como precedente para otros territorios con estatus similar, como las Islas Feroe’.

En el plano interno, el gobierno de Nielsen deberá gestionar las expectativas de una población dividida. Mientras sectores pro autonomía ven el acuerdo como una oportunidad para atraer inversión extranjera, otros temen que la militarización afecte a su cultura y medio ambiente. ‘No somos un territorio más en el tablero de ajedrez geopolítico’, declaró Nuka Godtfredsen, miembro del parlamento groenlandés por el partido Siumut, en una entrevista a DR Heder. Godtfredsen, crítico con el pacto, propuso que el gobierno convoque un referéndum para consultar a la ciudadanía sobre el acuerdo.

El siguiente paso será la ratificación del texto por parte del parlamento danés, prevista para octubre. Mientras, Groenlandia se prepara para un futuro incierto, donde la seguridad compartida con EE.UU. podría chocar con las aspiraciones de autonomía de su población.

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