La formación de Sílvia Orriols, que defiende restringir la nacionalidad a inmigrantes y españoles, atrae a disidentes de Junts y Esquerra mientras el independentismo tradicional se fractura
Sílvia Orrios, líder de Alianza Catalana, consolida su ascenso en el independentismo catalán al captar a figuras clave de Junts per Cataluña y Ezquerra Republicana, partidos que pierden apoyo interno por su gestión de la crisis migratoria y su gradualismo. Dos casos simbolizan este giro: Joan Carretero, exconcejales republicano y fundador de Reagrupament.cat, anunció su apoyo a Orrios tras la Diada de este año, citando el rechazo a la inmigración como motivo central. Mientras, el Consell de la República, plataforma paralela de Jordi Puigdemont, expulsó este martes a Àlex Fenoll por respaldar públicamente a Alianza Catalana, en un conflicto que refleja la división interna en el soberanismo.
El texto fuente no aporta cifras exactas de apoyo, pero los sondeos citados indican que Alianza Catalana gana terreno al priorizar la restricción de la nacionalidad —incluyendo a ciudadanos españoles— como eje político, una postura que Junts y ERC intentan imitar sin éxito. Carretero justificó su cambio con una frase textual: *»Los gritos de judía a Orrios y el tirón que me ha dado un moro hdp que me quería robar la cadena que llevo en el cuello»*. Fenoll, por su parte, advirtió tras su expulsión: *»La discrepancia política no debe convertir a los catalanes en enemigos»*, en un mensaje que subraya la polarización interna.
El Consell de la República, creado por Puigdemont en Bélgica como alternativa institucional, enfrenta su mayor crisis desde su fundación. Fenoll, expulsado por su alineamiento con Alianza Catalana, acumula un currículum en el independentismo: desde su etapa en Solidaritat Catalana hasta su participación en las listas de Junts per Cataluña en 2017 y 2019. Su salida refleja cómo el soberanismo radical, tradicionalmente unido, se fractura ante el ascenso de Orrios.
El contexto: ¿Por qué el soberanismo tradicional pierde apoyo?
El texto fuente atribuye la crisis de Junts y ERC a tres factores concretos: la falta de liderazgo visible, la lentitud en sus negociaciones con el Gobierno español y la incapacidad para conectar con un electorado cada vez más preocupado por la inmigración. Junts, con Puigdemont en el exilio y Laura Borràs en prisión, carece de una figura carismática que reemplace a Artur Mas. Ezquerra Republicana, por su parte, sufre el desgaste de Oriol Junqueras, acusado de autoritarismo y asociado a una etapa de desengaño para el independentismo.
Ambos partidos intentan adaptarse al nuevo discurso migratorio de Alianza Catalana. Junts propone condicionar la nacionalidad catalana al conocimiento del idioma, mientras ERC critica la «Cataluña de los 10 millones» y su número dos, Jordi Alamán, usa el término *»gran reemplazo»* para referirse a la expansión de comercios regentados por paquistaníes en Barcelona. Sin embargo, estos giros no han frenado su declive en las encuestas, según el texto fuente.
¿Qué se juegan los partidos en esta batalla?
Aliança Catalana apuesta por un discurso radical: declarar unilateralmente la independencia y, en el limbo legal que generaría fuera de la UE, restringir la nacionalidad tanto a inmigrantes como a ciudadanos españoles. Esta estrategia contrasta con el gradualismo de Junts y ERC, que priorizan pactos con el Gobierno de Pedro Sánchez (como la oficialidad del catalán en la UE, bloqueada por Italia) y avances simbólicos como la «consellería de Política Lingüística» en Cataluña.
Para Junts, la pérdida de figuras como Carretero y Fenoll debilita su capacidad de movilización. Esquerra Republicana, aunque mantiene mayor cohesión interna, ve cómo su discurso se diluye ante el avance de Aliança Catalana en temas como la inmigración. El Consell de la República, por su parte, pierde legitimidad al expulsar a miembros como Fenoll, lo que podría acelerar su declive como alternativa institucional.
El texto fuente no detalla plazos concretos, pero el ascenso de Orriols obliga a Junts y ERC a acelerar sus respuestas. La próxima Diada (11 de septiembre de 2027) será clave para medir si logran recuperar apoyo o si Aliança Catalana consolida su liderazgo en el soberanismo radical.
La fuente no menciona reacciones del Gobierno español ni de Ciudadanos o Vox, pero el contexto sugiere que el debate migratorio podría influir en las próximas elecciones catalanas, previstas para 2028. La estrategia de Orriols —combinar secesionismo con restricciones identitarias— podría redefinir el mapa político catalán si logra atraer a más disidentes.
El proyecto Parlament Lliure, impulsado por Carretero, propone crear una cámara paralela al Parlament de Cataluña y declarar la secesión desde ella, una vía que el propio exconseller ha vinculado a su apoyo a Aliança Catalana. Esta iniciativa se suma al discurso de Orriols, que ya defiende la declaración unilateral de independencia y el aprovechamiento del limbo legal fuera de la UE para restringir la nacionalidad. La confluencia de ambos planteamientos refuerza la percepción de que el soberanismo radical busca una alternativa institucional al margen de los partidos tradicionales, mientras Junts y ERC siguen atrapados en sus crisis internas y en la lentitud de sus negociaciones con el Gobierno central.







