El exlíder de ETA vive en Andoain sin cumplir las condiciones de su régimen penitenciario flexible, concedido por el Gobierno vasco en febrero
Garikoitz Espiás Rubina ‘Tversky’, exlíder de ETA, vive en Andoain (Guipúzcoa) sin cumplir las condiciones de las salidas diarias autorizadas por el Gobierno vasco bajo el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Según revela ABC, el antiguo jefe terrorista, aún en segundo grado (régimen cerrado), no acude al herbolario donde figura dado de alta para justificar sus permisos.
El artículo 100.2 permite ‘flexibilizar’ el cumplimiento de pena para presos que demuestren integración social, pero en el caso de Tversky —condenado por múltiples asesinatos— las asociaciones de víctimas, como el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), califican el sistema de ‘fraudulento’. El Partido Popular vasco (PP) ya ha reclamado en el Parlamento autonómico la revisión de su caso, obligando al lendakari Imanol Pradales a responder.
El Gobierno vasco aprobó en febrero de 2026 aplicar el 100.2 a Tversky, un régimen que permite salidas para trabajar o voluntariados. Sin embargo, fuentes confirmaron a ABC que el exetarra no se presenta en el herbolario de Andoain, donde debería estar registrado para justificar sus desplazamientos. Esto convierte su situación en un caso excepcional dentro de la aplicación de este artículo, diseñado para presos con perfiles de reinserción clara.
Las víctimas exigen una revisión urgente, mientras el PP vasco presiona para que el Gobierno vasco aclare si Tversky cumple realmente los requisitos legales. La polémica llega en un contexto de debate nacional sobre la aplicación de beneficios penitenciarios a condenados por terrorismo, con el Congreso de los Diputados analizando en los últimos meses propuestas para endurecer las condiciones de estos regímenes.
Tversky, de 64 años, cumple condena en la prisión de Zubieta (Vizcaya), donde ingresó en 2019 tras ser detenido en Francia. Su caso es uno de los más seguidos por las víctimas, dado su pasado como máximo responsable de ETA durante los años 90, cuando la organización cometió más de 800 asesinatos.







