El líder ultraderechista promete expulsiones masivas y vincula la inmigración con el empleo, mientras los sondeos le sitúan lejos de Le Pen en la primera vuelta
Éric Zemmour, líder del partido Reconquista!, ha confirmado su candidatura a la presidencia de Francia en las elecciones de abril y mayo de 2027, con un discurso endurecido contra la inmigración que incluye la expulsión de extranjeros sin empleo y la sustitución de trabajadores inmigrantes por robots. La declaración, realizada esta semana a la cadena BFMTV, llega en un contexto de declive percibido por los votantes tras casi una década de presidencia de Emmanuel Macron, y en un momento en el que los sondeos sitúan a Zemmour en un lejano cuarto lugar, con solo un 4% de intención de voto en la primera vuelta.
Zemmour, de 68 años y ex periodista, ha radicalizado su discurso migratorio respecto a su candidatura fallida en 2022, cuando quedó en cuarto lugar. Ahora propone no solo la expulsión de migrantes en situación irregular o con antecedentes penales, sino también el retorno forzoso a sus países de origen de ciudadanos extranjeros que lleven un año sin empleo en Francia. Además, ha elogiado el potencial de la inteligencia artificial para reemplazar a trabajadores inmigrantes, una postura que refuerza su narrativa de vincular migración y mercado laboral.
El anuncio llega en un contexto de creciente polarización política en Francia, donde la ultraderecha liderada por Marine Le Pen (con un 38% en los sondeos) y el centro derechista Édouard Philippe (ex primer ministro) compiten por el liderazgo en la primera vuelta. Según el último sondeo de Ipsis-BVA, Zemmour obtendría un 4% de los votos, 30 puntos menos que Le Pen, lo que lo sitúa fuera del balotaje a menos que Gabriel Attal (centrista) retire su candidatura, abriendo paso a Philippe como principal rival de Le Pen en la segunda vuelta. En caso contrario, el otro candidato en disputa sería Jean-Luc Mélenchon, líder de la izquierda radical.
El discurso de Zemmour también ha incluido críticas personales, como su ataque al futbolista Kylian Mbappé por no lucir correctamente una camiseta de apoyo a los habitantes de Ceuta durante un partido, un gesto que el líder ultraderechista vinculó con una supuesta falta de patriotismo.
El contexto de una Francia dividida y la estrategia de Zemmour
La candidatura de Zemmour se enmarca en un escenario político francés marcado por la fatiga hacia el centrismo de Macron, cuya presidencia ha visto un aumento de la abstención y un crecimiento de los partidos de extrema derecha y izquierda. Tras su derrota en 2022, Zemmour intentó consolidar su imagen como alternativa al establishment, pero su partido, Reconquista!, quedó relegado a un cuarto lugar en las elecciones presidenciales, con solo el 7,1% de los votos. Ahora, su apuesta por endurecer el discurso migratorio busca capitalizar el malestar social en temas como la seguridad y la integración, aunque los sondeos reflejan que su influencia sigue limitada frente a Le Pen.
La estrategia de Zemmour contrasta con la de Le Pen, quien ha moderado parte de su discurso en los últimos años para ganar apoyo más allá de su base tradicional. Mientras Le Pen apuesta por una línea más pragmática, Zemmour mantiene un perfil más combativo, aunque sin el respaldo suficiente para desafiar a los principales candidatos en la primera vuelta. Su enfoque en la inmigración y la tecnología como sustitutos de mano de obra refleja una visión tecnocrática y nacionalista que podría atraer a sectores descontentos con las políticas actuales, pero que, según los sondeos, no es suficiente para competir con los líderes establecidos.
Las implicaciones para la Unión Europea y el futuro político francés
La posible llegada de un líder ultraderechista al Elíseo en 2027 tendría repercusiones directas en la política europea, especialmente en temas como migración, seguridad y relaciones con países no comunitarios. Francia, como segunda economía de la UE, juega un papel clave en la definición de políticas comunes, y un gobierno de Zemmour podría impulsar medidas más restrictivas en materia migratoria, en línea con las demandas de otros partidos de extrema derecha en Europa, como Vox en España o Fidesz en Hungría.
Además, la candidatura de Zemmour podría fragmentar aún más el voto de la derecha francesa, beneficiando indirectamente a Édouard Philippe o incluso a Gabriel Attal, si este último logra consolidar su imagen como alternativa moderada. La izquierda, por su parte, vería reforzada su división entre la línea más radical de Mélenchon y opciones más centristas, lo que podría debilitar su capacidad de respuesta frente a la ultraderecha.
En el plano interno, el endurecimiento del discurso migratorio de Zemmour podría avivar tensiones sociales, especialmente en regiones con alta presencia de comunidades extranjeras. Su propuesta de expulsiones masivas y el uso de robots como sustituto de mano de obra inmigrante podrían generar controversia, incluso dentro de su propio electorado, donde sectores más conservadores podrían ver estas medidas como insuficientes.
Por último, la candidatura de Zemmour también plantea un desafío para Marine Le Pen, quien deberá decidir si mantener su estrategia de moderación o ajustar su discurso para competir directamente con el líder de Reconquista! por el voto más radical. La dinámica entre ambos podría definir no solo el resultado de la primera vuelta, sino también el tono de la campaña en su conjunto.




