El líder chino anuncia el envío de dos pandas gigantes al zoo de Atlanta durante una visita de Estado marcada por el protocolo y el duelo de limusinas blindadas con Trump.
El presidente chino, Xi Jinping, ha anunciado el envío de dos pandas gigantes al zoo de Atlanta durante su visita de Estado a Washington de esta semana, según informó el propio mandatario. Los ejemplares se llaman Ping Ping y Fu Shuang. Con este gesto, China retoma la llamada «diplomacia del panda», la práctica de enviar pandas gigantes a otros países como herramienta de acercamiento.
El anuncio llegó después de que Xi recibiera un regalo de Donald Trump. El presidente estadounidense obsequió a su homólogo chino con una estatua de águila calva diseñada junto a Melania Trump. La visita ha durado dos días y ha sido la primera de Estado de Xi a Washington en más de una década. La anterior fue en 2015, con Barack Obama como presidente, y también dejó anécdotas. Desde que asumió el poder, esta ha sido su sexta visita a Estados Unidos.
Un duelo de limusinas blindadas en las calles de Washington
El despliegue de vehículos oficiales ha convertido la cumbre en un símbolo paralelo de la rivalidad tecnológica entre ambas potencias. Trump se desplaza en un Cadillac blindado conocido como The Beast, un vehículo de más de una tonelada y media de peso. Xi llegó a la Casa Blanca a bordo de su Hongqi N701, el modelo de lujo estatal chino cuyo nombre significa Bandera Roja. Ambos vehículos están altamente blindados y diseñados para resistir ataques.
La recepción oficial tuvo lugar en el aeropuerto de la Base de la Fuerza Aérea Andrews. Trump y Melania recibieron personalmente a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, al pie del avión. Hubo una larga alfombra roja, guardia de honor de 21 personas, himnos y una salva de 21 cañones. Era la primera vez que un presidente estadounidense hacía esto en esa base aérea desde 1962, cuando John F. Kennedy recibió al primer ministro británico Harold Macmillan.
El abrigo, los guantes y el estruendo de los bombarderos
Trump apareció con un gran abrigo que le llegaba a las rodillas y guantes de cuero, pese a que la temperatura era de unos 17 grados. En el momento del saludo, se quitó uno de los guantes para estrechar la mano del líder chino. También le dio una palmada en la espalda. Tras la recepción se produjo una demostración aérea de bombarderos. Trump se estremeció y torció el gesto por el estruendo, mientras Xi permaneció impasible. El contraste se viralizó en redes chinas. Hubo cazas, marines y hasta la canción Yankee Doodle.
Durante el recorrido por la Casa Blanca, Trump llevó a Xi a ver el nuevo helipuerto de granito en los jardines. Allí destacó que Xi «tiene gran interés en el granito… es un experto en piedra y le encanta el buen granito». También le mostró el Muro de la Fama Presidencial, que incluye la foto enmarcada de la pluma de Joe Biden. En la cena de Estado, Trump invitó a Xi y al resto de agasajados a ser «los primeros» en pisar el sitio de construcción del nuevo Salón de Baile de la Casa Blanca, aún en obras y a un año de terminarse. «Como un regalo especial, podrían ser las primeras personas en entrar en nuestro Salón de Baile… cualquiera que quiera caminar por un sitio de construcción limpio y brillante, es un honor», dijo el presidente estadounidense.
El programa incluyó además un pase de revista militar en el Jardín de las Rosas, con soldados de uniforme histórico, algunos situados en el tejado del Ala Oeste. Hubo demostraciones de vuelo, una ceremonia del té al día siguiente y una visita a los Archivos Nacionales. El menú de la cena de Estado combinó platos estadounidenses con toques chinos, como lubina con sésamo y bok choy, y un espumoso Schramsberg Blanc de Noir que recordaba el brindis de paz de Richard Nixon y Zhou Enlai en 1972.
De dormir en una habitación de Star Wars a la Casa Blanca
La anécdota más conocida de Xi en Estados Unidos se remonta a 1985, en Muscatine (Iowa). Entonces era un funcionario local de 31 años y lideró una delegación agrícola. Se alojó en casa de Thomas y Eleanor Dvorchak, según ha recordado estos días la prensa estadounidense. Durmió en la habitación con temática de La Guerra de las Galaxias de Gary, el hijo del matrimonio, que estaba en la universidad. Xi ha recordado muchas veces la dirección, 2911 Bonnie Drive, y ha dicho a sus «viejos amigos» de Iowa: «Ustedes fueron el primer grupo de estadounidenses con el que entré en contacto. Para mí, ustedes son América». Se dice que ha mantenido el contacto con ellos durante décadas y que la casa se convirtió en un museo de la amistad chinoestadounidense.
En la visita de 2015 hubo otros momentos destacados. Xi se fotografió con consejeros delegados de tecnología, entre ellos Mark Zuckerberg, de Facebook, una plataforma bloqueada en China. También visitó la Lincoln High School en Tacoma, donde recibió una camiseta de fútbol americano.
La entrega de los dos pandas a Atlanta se enmarca en la práctica habitual de China de ceder ejemplares en calidad de préstamo a zoológicos de otros países, un mecanismo que suele acompañarse de acuerdos de cooperación en investigación y conservación de la especie. El anuncio, hecho por el propio Xi durante la visita, refuerza el carácter simbólico de un viaje en el que el protocolo y los gestos personales han tenido un peso poco habitual.
La visita de Estado, además, se produce en un contexto de relaciones bilaterales complejas entre Washington y Pekín, donde los intercambios de alto nivel suelen combinarse con gestos de distensión y con la exhibición de capacidades tecnológicas y militares por ambas partes, como reflejó el despliegue de vehículos blindados y la demostración aérea.



