La Moncloa zanja el pulso interno tras desclasificar informes que muestran versiones contradictorias sobre las alertas previas a la avalancha migratoria
Pedro Sánchez ha cerrado la brecha entre Margarita Robles (Defensa) y Fernando Grande-Marlaska (Interior) tras la desclasificación de los informes sobre la crisis de Ceuta, pero sin ceder en su apoyo a ambos. El presidente ha ratificado que «ningún organismo competente» —ni en España ni en la UE— anticipó la magnitud de la avalancha migratoria del 30 y 31 de julio, aunque los documentos revelan tensiones entre sus ministros por la gestión del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Guardia Civil.
Robles y Marlaska, únicos ministros del Gobierno desde 2018 junto a Luis Planas (Agricultura), mantienen posturas opuestas sobre las alertas previas. La ministra de Defensa admitió que hubo avisos de una alerta migratoria, pero negó que el CNI alertara sobre su magnitud. Marlaska, en cambio, insistió en que «nunca hubo una alerta que vaticinara la catástrofe». La Moncloa justifica estas diferencias como «compatibles»: ambos defendieron a sus equipos sin cuestionar abiertamente al CNI, aunque sus versiones chocaron en público.
El pulso escaló tras la aprobación en el Consejo de Ministros de la desclasificación de los documentos, hechos públicos este miércoles. Sánchez intervino para «superar el pulso», sin declarar ganadores, pero reafirmó su confianza en ambos. La tensión, sin embargo, ha llegado a socios parlamentarios del Gobierno, como Emiliano García-Page (PSOE), quien tachó la gestión de «desastre». Incluso en la dirección del PSOE hubo voces que apostaron por cesarlos a ambos, aunque finalmente se optó por «reducir la tensión».
Las fricciones entre Robles y Marlaska arrastra desde 2018, cuando ella asumió el mando del CNI y nombró a Félix Azón como director de la Guardia Civil sin consultar a Interior. Marlaska respondió colocando a María Gámez al frente del instituto armado. La crisis de Ceuta ha reavivado estos roces, pero la Moncloa los presenta como «enriquecedores»: «Las opiniones diferentes son las que engrandecen al Gobierno», defendió Robles. Marlaska, por su parte, rechazó dimitir: «No hay ninguna razón».
El conflicto interno aprovecha la oposición, que ya acusa al Gobierno de «gestión caótica». Mientras, en la recta final de la legislatura, Sánchez mantiene a sus ministros más veteranos, pese a las crisis previas. La pregunta ahora es si esta disputa afectará a las negociaciones con socios como Sumar o ERC, que ya cuestionan la estabilidad del Ejecutivo.
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