Irene Montero, Ione Belarra y Pablo Fernández superan el límite de ocho años en cargos públicos con una reforma interna que exige solo aprobación de militantes
Ione Belarra, Irene Montero y Pablo Fernández aspiran a mantener sus cargos públicos hasta 2031, incumpliendo así los estatutos originales de Podemos que limitaban a ocho años los mandatos en la política institucional. La flexibilización aprobada en 2020 por Pablo Iglesias permite prorrogar estos plazos, pero solo con el visto bueno de la militancia.
Belarra y Montero entraron en el Congreso en 2016 y, según los estatutos originales, deberían haber abandonado la política en 2024. Fernández, por su parte, tras perder representación en Castilla y León, busca ahora un escaño en el Ayuntamiento de Madrid para garantizar su sueldo público. Los tres superan así el límite de ocho años, duplicando el plazo inicial.
La reforma de los estatutos en 2020 introdujo una excepción: los cargos públicos podrían prorrogarse hasta doce años si la militancia lo aprueba. Sin embargo, en los casos de Belarra, Montero y Fernández, la prórroga supera incluso ese límite, alargándose hasta 2031. Esto contrasta con declaraciones previas de Montero, quien en 2017 defendió la limitación de mandatos argumentando que «al final terminas pensando en cómo quedarte y no en representar a la gente».
El caso de Fernández es especialmente llamativo. Tras perder representación en Castilla y León, el exprocurador por León se presentó en 2022 por Valladolid —la circunscripción con más escaños— para asegurar su puesto. Ahora, con Podemos sin representación en Madrid, busca un escaño en el Ayuntamiento de la capital, donde su elección como candidato por la cúpula garantiza su continuidad sin necesidad de competir en primarias abiertas.
La hemeroteca refleja esta contradicción: Irene de Miguel, otra figura clave de Podemos, renovó su cargo en Extremadura hasta 2030, incumpliendo también la norma original. La flexibilización de los estatutos, aprobada en el congreso de Vista legre III, ha permitido a la dirección del partido blindar sus puestos, alejándose del discurso inicial de «asaltar los cielos» para acabar con la casta política.







