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Netanyahu acusa a Irán de amenaza nuclear ante la ONU

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El primer ministro israelí minimiza la violencia en Cisjordania y reafirma su postura contra Teherán, mientras España y Arabia Saudí exigen una solución de dos Estados

Benjamin Netanyahu ha convertido su intervención en la Asamblea General de la ONU en un gesto de desafío político y diplomático sin precedentes. Al inicio de su discurso este jueves 24 de septiembre, el primer ministro israelí retó a los representantes que abandonaron la sala antes de su intervención, tachándolos de *»cobardes morales»* y ofreciéndoles marcharse *»ahora»* si así lo deseaban. La sala quedó parcialmente vacía, con solo las delegaciones más cercanas a Israel —como Estados Unidos, Hungría o República Checa— permaneciendo en sus asientos, algunas con kipás y banderas israelíes.

Netanyahu no solo desafió a los países que abandonaron la sala, sino que también minimizó la violencia en Cisjordania, describiendo a los manifestantes palestinos como *»un puñado de jóvenes delincuentes»*. «¡Qué distorsión!», exclamó, refiriéndose a las críticas internacionales por las acciones de su gobierno. Su discurso giró en torno a la amenaza que representa Irán para Israel y el mundo, recordando su intervención de 2012, cuando advirtió sobre el desarrollo nuclear iraní. *»Si no hubiéramos actuado, estaríamos todos muertos»*, afirmó, justificando la operación militar que, según él, impidió que Teherán obtuviera armas atómicas.

Mientras Netanyahu hablaba, el secretario general de la ONU, António Guterres, denunció en una reunión paralela que los ataques israelíes en Gaza siguen causando una media de cuatro muertos al día, una cuarta parte de ellos niños. *»El derecho internacional está siendo flagrantemente violado»*, advirtió Guterres, subrayando el aumento de la violencia en los territorios palestinos ocupados.

La tensión diplomática se extendió más allá de la ONU. En Nueva York, donde Netanyahu se encuentra para la Asamblea General, el alcalde Zohran Mamdani instó a ejecutar la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) contra el primer ministro por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad. Las protestas en la ciudad, convocadas por colectivos pro-palestinos, derivaron en detenciones, incluyendo a figuras como la actriz Susan Sarandon y la candidata al Congreso Daria liza Ávila.

El contraste entre las posturas de Netanyahu y las de otros líderes internacionales quedó claro cuando Arabia Saudí, España y Jordania pidieron avanzar en la solución de los dos Estados en Oriente Medio. El ministro saudí de Relaciones Exteriores, Faisal bin Fardan Al Saud, advirtió sobre el riesgo de que esta posibilidad desaparezca por el deterioro en los territorios palestinos. *»La urgencia es innegable. La crisis humanitaria en Gaza continúa»*, declaró, subrayando la gravedad de la situación.

El contexto: ¿Por qué este discurso marca un punto de inflexión?

El discurso de Netanyahu no es un hecho aislado, sino el reflejo de una estrategia diplomática y política que Israel ha venido desarrollando en los últimos años. Desde el inicio de la guerra en Gaza en octubre de 2023, Netanyahu ha mantenido una postura intransigente, rechazando cualquier presión internacional para detener las operaciones militares. Su comparecencia en la ONU este año adquiere especial relevancia porque coincide con el aumento de las tensiones en Cisjordania, donde los asentamientos israelíes y la represión contra los palestinos han escalado.

Además, la orden de arresto de la CPI contra Netanyahu —emitida en marzo de 2023 y reforzada en mayo de 2024— ha añadido una capa de conflicto legal a su ya delicada posición internacional. Aunque Israel no reconoce la jurisdicción de la Corte, el hecho de que ciudades como Nueva York estén considerando ejecutar la orden de arresto refleja el creciente aislamiento diplomático de Netanyahu. Su retador discurso en la ONU puede interpretarse como una respuesta a esta presión, buscando reafirmar el apoyo de sus aliados más cercanos —como Estados Unidos— y desafiar a quienes exigen un alto al fuego.

Por otro lado, la postura de España y otros países europeos, que abogan por una solución de dos Estados, choca frontalmente con la visión de Netanyahu. Mientras el primer ministro israelí insiste en que la seguridad de Israel es la prioridad absoluta, los países árabes moderados —como Arabia Saudí— y las potencias europeas ven en la ocupación y el bloqueo de Gaza un obstáculo insuperable para cualquier acuerdo de paz. La mención de España en este contexto es significativa, ya que el gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido una postura crítica con las acciones de Israel, aunque sin romper relaciones diplomáticas.

Las implicaciones: ¿Qué se juega cada actor?

Para Netanyahu, este discurso es una apuesta por consolidar su narrativa de Israel como víctima y no como agresor. Al minimizar la violencia en Cisjordania y centrar su discurso en la amenaza iraní, busca desviar la atención de las críticas internacionales hacia su gestión de la guerra en Gaza. Su retador lenguaje hacia los países que abandonaron la sala también sirve para movilizar a su base política y a sus aliados, demostrando que, pese a las presiones, sigue contando con un apoyo inquebrantable.

Para la ONU y sus aliados —como António Guterres—, el desafío de Netanyahu pone en evidencia la creciente fractura dentro de la organización. Mientras algunos países, como Estados Unidos, siguen apoyando a Israel, otros, como Arabia Saudí o Jordania, exigen una solución política. La denuncia de Guterres sobre las violaciones del derecho internacional en Gaza refleja la preocupación de la secretaría general, pero su capacidad para actuar sigue limitada por la falta de consenso entre los miembros del Consejo de Seguridad.

Para España, este episodio subraya la complejidad de su política exterior en Oriente Medio. Aunque el Gobierno de Sánchez ha criticado las acciones de Israel, también mantiene relaciones estratégicas con el Estado hebreo, especialmente en materia de seguridad y tecnología. La mención de España junto a Arabia Saudí y Jordania en la exigencia de una solución de dos Estados muestra que, pese a las diferencias internas en la UE, hay una creciente preocupación por el futuro de los palestinos. Sin embargo, la capacidad de España para influir en el conflicto sigue siendo limitada, especialmente si no logra coordinar una postura común con otros socios europeos.

Finalmente, para Irán, el discurso de Netanyahu es una confirmación de su estrategia de presentar a Israel como un Estado en peligro constante. Teherán ha aprovechado la guerra en Gaza para reforzar su narrativa de resistencia contra el «sionismo», lo que le ha permitido ganar apoyo en la región y entre movimientos pro-palestinos. La insistencia de Netanyahu en la amenaza nuclear iraní, aunque con argumentos cuestionables, sirve para mantener a Irán como el «enemigo común» que justifica la ocupación y la represión en los territorios palestinos.

Mientras tanto, en Nueva York, las protestas y las detenciones reflejan el malestar de la sociedad civil internacional. La orden de arresto de la CPI contra Netanyahu ha convertido su visita en un símbolo de la lucha por la justicia, pero también en un recordatorio de que, mientras los líderes discuten en la ONU, la realidad en Gaza y Cisjordania sigue siendo de sufrimiento y violencia.

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