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Marruecos e Israel elevan su alianza militar en Nueva York

Marruecos e Israel elevan su alianza militar en Nueva York
El Mundo (España)
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El acuerdo de embajadas y cooperación trilateral con EE.UU. refuerza el rearme marroquí, en un contexto de tensiones en Ceuta y creciente amenaza híbrida en el Mediterráneo

Mohamed VI y Benjamin Netanyahu sellaron este viernes 16 de septiembre en Nueva York el ascenso de sus relaciones diplomáticas a nivel de embajadas, un paso que consolida su alianza militar y energética mientras España enfrenta una crisis migratoria en Ceuta y una escalada de amenazas híbridas en el Mediterráneo. El comunicado conjunto, rubricado junto a Donald Trump, subraya «oportunidades ilimitadas» en su cooperación y reafirma el reconocimiento estadounidense e israelí a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, un tema que Madrid evita mencionar públicamente.

El acuerdo llega apenas mes y medio después del intento de violación de la soberanía española en Ceuta, cuando miles de migrantes cruzaron la valla fronteriza el 30 de julio. Mientras los tribunales españoles paralizaban su traslado desde la playa del Trampolín hacia instalaciones portuarias, Marruecos centraba su atención en Nueva York, donde consolidaba un eje estratégico que incluye a dos de los aliados más distantes del Gobierno de Pedro Sánchez: Israel y Estados Unidos.

La alianza militar entre Marruecos e Israel avanza con contratos de armamento y modernización de fuerzas, incluyendo un buque entregado por Navantia la semana pasada. Este rearme, observado de cerca por España, se suma a la creciente autonomía diplomática de Rabat, que presenta desafíos directos a la política exterior española en tres frentes: migración, seguridad y energía.

El triángulo Trump-Mohamed VI-Netanyahu y su impacto en España

El encuentro en Nueva York no solo elevó las relaciones diplomáticas, sino que incluyó un reconocimiento explícito a Trump como «líder visionario», según declaraciones de los ministros de Exteriores de ambos países. Este gesto refuerza la alianza entre Marruecos, Israel y EE.UU., tres actores que comparten una visión estratégica alejada de la postura europea sobre el Sáhara Occidental y la guerra en Gaza. Para España, este triángulo plantea un dilema: mantener su dependencia de Marruecos en materia migratoria y de seguridad, mientras Rabat alinea su política exterior con potencias que cuestionan los pilares de la diplomacia española.

El comunicado conjunto destacó la intención de «fortalecer la cooperación trilateral en el ámbito internacional», un mensaje que llega en un contexto de creciente tensión en el Mediterráneo. Mientras Israel mantiene operaciones militares en Gaza y el sur de Líbano, Marruecos acelera su modernización militar, incluyendo capacidades navales que podrían afectar a la seguridad en el Estrecho y el Mediterráneo occidental.

Rearme marroquí y la dependencia estratégica de España

Desde los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020, Marruecos ha intensificado su cooperación militar con Israel y Estados Unidos. Entre las adquisiciones recientes destacan sistemas de defensa aérea, drones y, según fuentes militares españolas, un buque de fabricación española entregado por Navantia en los últimos días. Este rearme, que incluye también la modernización de su flota naval, eleva la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas marroquíes, un desarrollo que España observa con preocupación por su proximidad geográfica y su dependencia en materia de seguridad fronteriza.

La paradoja para Madrid es clara: Marruecos es un socio clave en la lucha contra el terrorismo y el control migratorio, pero al mismo tiempo desarrolla una política exterior y militar cada vez más autónoma, alineada con actores que no comparten los intereses estratégicos de España. Mientras el Gobierno español insiste en presentar a Marruecos como un «socio fiable», los hechos sobre el terreno —como el intento de violación de soberanía en Ceuta— revelan una relación asimétrica y cada vez más tensa.

La amenaza híbrida y el Mediterráneo como escenario de conflicto

La escalada de tensiones en el Mediterráneo no se limita a la frontera terrestre con Marruecos. El enviado de la OTAN para el Sahel, Javier Colomina, advirtió hace días que la llegada masiva de migrantes a nado «podría ser un elemento de guerra híbrida». Esta amenaza se suma a la creciente actividad militar rusa en la región, con incursiones aéreas y movimientos de buques que obligan a la Alianza Atlántica a reforzar su presencia.

España participa activamente en esta arquitectura de seguridad: los cazas del Ala 12 en Rumanía realizan ejercicios diarios de alerta temprana, mientras los buques de la Armada en la operación Sea Guardian vigilan el Mediterráneo. Sin embargo, mientras Madrid refuerza su presencia en el Este para contener a Rusia, en el Sur observa cómo Marruecos acelera su rearme y estrecha lazos con potencias que no siempre alinean sus intereses con los de España.

La base naval de Rota, clave para la defensa antimisiles de la OTAN, alberga destructores estadounidenses que complementan la capacidad de respuesta española. Pero el desafío actual no es solo militar: la combinación de migración, energía y seguridad en el Mediterráneo exige una respuesta coordinada que, hasta ahora, España ha gestionado de forma reactiva.

El dilema de Sánchez: seguridad vs. autonomía estratégica

Pedro Sánchez se enfrenta a un escenario complejo. Por un lado, la OTAN exige un incremento del gasto en Defensa, algo que el presidente español ha rechazado superar el 2,1% del PIB, una postura que ha generado escepticismo en el secretario general de la Alianza, Mark Rutte. Por otro, la dependencia de Marruecos en materia migratoria y de seguridad obliga a Madrid a mantener una relación estratégica con un país que, a su vez, refuerza su alianza con actores que no siempre comparten los intereses europeos.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, repite desde 2020 el eslogan «invertir en defensa es invertir en paz», pero el contexto actual exige una respuesta más ágil. La amenaza híbrida, combinada con el rearme marroquí y la creciente actividad rusa en el Mediterráneo, obliga a España a mirar simultáneamente hacia el Este y hacia el Sur. El desafío no es solo militar, sino político: cómo equilibrar la dependencia de Marruecos con la necesidad de reforzar la autonomía estratégica en un entorno cada vez más volátil.

Mientras Mohamed VI y Netanyahu estrechan su alianza en Nueva York, España se queda en la periferia de un juego geopolítico que, sin embargo, tiene un impacto directo en su seguridad. La pregunta que queda en el aire es si Madrid podrá articular una respuesta que combine firmeza con pragmatismo, sin quedar atrapado entre dos frentes que, cada vez más, se solapan.

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