El PSC se niega a sumarse; el error de voto de AC que retiró una amonestación a Vox desata la polémica
Salvador Illa ha comparecido este miércoles ante el Parlament de Cataluña en el primer pleno tras el verano, pero la sesión ha comenzado con un gesto simbólico: las bancadas de Junts per Cataluña, Ezquerra Republicana de Cataluña, Comuns y la CUP han exhibido un cartel histórico de Pere Català Pic —una alpargata aplastando una esvástica— con el lema *»la alpargata o la esvástica, tú decides»*. El PSC, partido del president, ha rechazado unirse a la iniciativa.
El acto responde a dos incidentes recientes vinculados a Alianza Catalana. El primero, un error en la votación de la junta de portavoces el martes: la formación apoyó —sin querer— la retirada de la amonestación al diputado de Vox, Joan Garriga, por llamarle *»asesino»* al expresidente Lluís Companys. La alcaldesa de Ripoll y líder de AC, Sílvia Orrios, aclaró después que fue un *»error»* y que su partido *»no tolera calumnias»*. El segundo, una polémica en redes: tras los resultados de Alternativa por Alemania en Sajonia-Anhalt, AC compartió un tuit felicitando al partido, pero un usuario replicó con el cartel antifascista de 1936. La oficina internacional de AC respondió *»Ya hemos pasado»*, lo que los grupos independentistas interpretaron como un guiño al franquismo.
Para Carles Puigdemont, el gesto refuerza *»el compromiso histórico del catalanismo»* contra el fascismo. *»En tiempos de simplificación de mensajes, este cartel habla claro»*, dijo. El PSC justificó su abstención: *»No era el momento para una escenificación»*, a pocos minutos de abordar la crisis educativa por los resultados de PISA. La tensión en el Parlament sigue al alza: mientras AC defiende su *»error»* como *»libertad de expresión»*, los independentistas ven en sus acciones un retroceso en la lucha antifascista.
El cartel de Català Pic, creado en 1936, es uno de los símbolos más reconocidos de la resistencia catalana. Su reapareción ahora refleja cómo el debate sobre el fascismo y la memoria histórica sigue vivo en la política catalana, especialmente tras el auge de partidos como Vox y Alianza Catalana, que han normalizado discursos polémicos en la Cámara.





