El secretario general de la ONU alerta en su último discurso ante la Asamblea General de que el mundo se divide entre fragmentación y cooperación, y exige frenar conflictos en Oriente Medio, Ucrania y Sudán
António Guterres, secretario general de la ONU, ha advertido este lunes en su último discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas de que el mundo enfrenta una «gran fractura» global que podría dividirlo en dos bloques enfrentados, con sistemas económicos, tecnológicos y de seguridad independientes. El diplomático portugués, que abandona el cargo en diciembre tras una década al frente de la organización, ha instado a las potencias a evitar el enfrentamiento y apostar por la cooperación para evitar un escenario de «fragmentación» que ya considera «la trayectoria que seguimos mayoritariamente» en la actualidad.
Guterres ha denunciado que, en la última década, «estallaron guerras con consecuencias devastadoras», se atacó a la población civil, se pisotearon los derechos humanos y se profundizaron las divisiones geopolíticas y las desigualdades. Su intervención, pronunciada en Nueva York, ha servido como balance de su gestión y como llamado urgente a evitar que estas tensiones escalen hasta un punto de no retorno.
El secretario general ha subrayado que el futuro del mundo dependerá de cómo se aborden cuatro crisis de poder: la del poder de la guerra sobre la paz, el de quienes concentran la riqueza, el que agrava la crisis climática y el que ha desatado la inteligencia artificial (IA). En este sentido, ha urgido a poner fin a los conflictos en Oriente Medio, Ucrania y Sudán, con un tono especialmente duro hacia el conflicto palestino-israelí.
«La violencia, el desplazamiento y la expansión de los asentamientos por parte de Israel en la Cisjordania ocupada están arrasando el camino hacia la paz y despertando el fantasma de la limpieza étnica», ha afirmado Guterres. Estas declaraciones, las más contundentes de su mandato sobre el conflicto, reflejan su preocupación por el avance de los asentamientos israelíes y su impacto en la viabilidad de una solución de dos Estados, que considera «desaparecer ante nuestros ojos».
Guterres ha defendido el derecho de todas las naciones a desarrollarse con las mismas oportunidades y ha instado a establecer un marco común para regular la inteligencia artificial, evitando que su desarrollo se convierta en una nueva fuente de desigualdad global. Además, ha reafirmado su compromiso con los valores de la ONU durante los últimos 100 días de su mandato, en los que seguirá abogando por la paz, la dignidad humana y la cooperación internacional.
El diplomático portugués, que será relevado en enero por una de las dos favoritas —la costarricense Rebeca Crispan o la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett—, ha cerrado su intervención con un mensaje de esperanza: «La paz es posible, la dignidad humana universal merece la pena y nuestro futuro común vale la pena».
El contexto de una ONU dividida y un mundo multipolar
El discurso de Guterres se enmarca en un contexto de creciente polarización global, donde las tensiones entre potencias —especialmente entre Estados Unidos, China, Rusia e Israel— han redefinido el orden internacional. La ONU, como organización multilateral, enfrenta desafíos sin precedentes: desde la paralización del Consejo de Seguridad por los vetos de sus miembros permanentes hasta la creciente desconfianza hacia sus resoluciones en conflictos como el de Ucrania o el de Gaza.
Guterres ha señalado que el mundo se dirige hacia un sistema multipolar, pero ha advertido de que este proceso puede tomar dos caminos: uno de «fragmentación y enfrentamiento», basado en tensiones crecientes y falta de cooperación, y otro de «interdependencia», donde las alianzas y el derecho internacional sean el eje central. Su llamado a reconocer los límites del poder de las superpotencias —especialmente en materia de guerra, riqueza y crisis climática— refleja una crítica velada a la falta de liderazgo compartido en la gestión de estos desafíos globales.
En los últimos años, la ONU ha visto cómo su capacidad de acción se ha visto limitada por las divisiones entre sus miembros. Por ejemplo, en el conflicto entre Israel y Hamás, la organización ha sido acusada de parcialidad por ambos bandos, mientras que en Ucrania, la invasión rusa ha paralizado cualquier intento de resolución pacífica en el Consejo de Seguridad. Este escenario ha llevado a Guterres a insistir en la necesidad de reformar la organización para que pueda responder con eficacia a las crisis del siglo XXI.
Las reacciones: desde la cautela de Occidente hasta el rechazo de Israel
Aunque el discurso de Guterres ha sido ampliamente difundido por medios internacionales, las reacciones oficiales han sido más bien cautelosas. Estados Unidos, principal aliado de Israel, ha evitado pronunciarse públicamente sobre las acusaciones de «limpieza étnica», mientras que la Unión Europea ha limitado sus comentarios a reiterar su apoyo a una solución negociada en Oriente Medio. Por su parte, Rusia y China han aprovechado el discurso para reafirmar su postura crítica con la política exterior occidental, aunque sin entrar en detalles sobre las acusaciones específicas de Guterres.
El gobierno israelí, por su parte, ha rechazado las declaraciones del secretario general. Fuentes del Ministerio de Exteriores israelí han calificado las palabras de Guterres como «injustas y desproporcionadas», recordando que Israel actúa en defensa de su seguridad y soberanía. Este rechazo refleja la tensión creciente entre la ONU y Tel Aviv, que en los últimos meses ha visto cómo sus acciones en Cisjordania y Gaza han sido objeto de creciente condena internacional, incluso entre aliados tradicionales.
En el ámbito interno de la ONU, el discurso de Guterres ha sido recibido con apoyo por parte de los países en desarrollo, que ven en sus palabras un reflejo de sus preocupaciones sobre la desigualdad global y la falta de representación en la organización. Sin embargo, algunos observadores señalan que sus advertencias llegan tarde, dado que muchos de los conflictos que ha mencionado —como el de Siria o Yemen— llevan años sin solución y con un balance humano devastador.
¿Qué sigue? La sucesión de Guterres y los desafíos pendientes
La salida de Guterres deja un vacío de liderazgo en la ONU, especialmente en un momento en que la organización enfrenta desafíos sin precedentes. Las dos favoritas para sucederle, Rebeca Crispan (exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general adjunta de la ONU) y Carolyn Rodrigues-Birkett (exministra de Relaciones Exteriores de Guyana), representan perfiles distintos: Crispan aporta experiencia en cooperación internacional y desarrollo sostenible, mientras que Rodrigues-Birkett tiene un perfil más diplomático y cercano a los países del Caribe y África.
Ambas candidatas han evitado pronunciarse públicamente sobre los temas más polémicos del discurso de Guterres, como el conflicto israelí-palestino o la regulación de la inteligencia artificial. Sin embargo, sus equipos han confirmado que, en caso de ser elegidas, priorizarán la reforma de la ONU para hacerla más ágil y representativa, así como la búsqueda de soluciones a los conflictos actuales. La elección del nuevo secretario general está prevista para enero de 2027, en una votación que podría estar marcada por las divisiones geopolíticas actuales.
Mientras tanto, los desafíos que Guterres ha planteado —desde la crisis climática hasta la regulación de la IA— seguirán en la agenda de la ONU. Su llamado a evitar una «gran fractura» global resuena en un momento en que el mundo parece más dividido que nunca, con riesgos crecientes de escalada en conflictos existentes y nuevos. La pregunta que queda en el aire es si sus sucesores tendrán la capacidad —y el apoyo político— para evitar que estas tensiones se conviertan en un punto de no retorno.


