La presidenta interina de Venezuela repite ante la ONU la hoja de ruta electoral impuesta por Washington, pero sin plazos concretos, mientras crecen las dudas sobre si el acercamiento a EE.UU. traerá democracia o solo acuerdos energéticos
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela desde la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, declaró este miércoles ante la Asamblea General de la ONU que «en Venezuela habrá elecciones», pero sin ofrecer ninguna fecha concreta. Su intervención, adelantada un día respecto al calendario oficial, llegó en un contexto de giro histórico en las relaciones entre Caracas y Washington, marcado por un encuentro privado con Donald Trump el martes en Nueva York, donde el presidente estadounidense evitó legitimar su Gobierno y reiteró que «al final, tiene que haber elecciones».
Rodríguez hizo suyas las palabras de Trump sobre la necesidad de convocar comicios, pero sin vincularlas a las condiciones exigidas por la Administración estadounidense: renovación del Tribunal Supremo con participación opositora, reforma del Consejo Nacional Electoral y, solo entonces, fijación de una fecha. Fuentes de la Casa Blanca sitúan el verano u otoño de 2028 como el plazo más realista, frente a las peticiones de sectores republicanos como el senador Bernie Moreno, que abogan por adelantarlas a 2027.
El discurso de Rodríguez, su primera intervención ante la ONU como líder venezolana desde que Maduro lo hiciera en 2018, evitó mencionar al exmandatario —encarcelado en Brooklyn desde enero— y centró su mensaje en agradecer a Trump el «acuerdo binacional» firmado, que califica como «uno de los más grandes jamás suscritos» y clave para el «equilibrio energético internacional». Sin embargo, la portavoz del Departamento de Estado, Natalia Molano, aclaró que el encuentro con Trump «no ha cambiado la estrategia de Washington», que exige reformas institucionales previas a cualquier proceso electoral.
La ausencia de plazos concretos y la falta de mención a María Corina Machado, líder opositora inhabilitada y premio Nobel de la Paz, generan escepticismo. Machado ha denunciado intentos fallidos de regresar a Venezuela, mientras la diáspora venezolana en EE.UU. rechaza los gestos diplomáticos sin avances reales en democracia.
El precedente: un encuentro inédito con Trump
El cara a cara entre Rodríguez y Trump, de unos 15 minutos, se produjo al margen de la Asamblea General y sirvió para que el presidente estadounidense agradeciera la «buena relación de trabajo» desde la salida de Maduro. La fotografía del encuentro —Rodríguez con el gesto de la «V» y Trump con el pulgar hacia arriba— contrastó con las críticas de la oposición, que exige hechos, no solo acuerdos comerciales en energía y minería.
La deuda soberana de Venezuela, superior a los 240.000 millones de dólares (equivalente a su PIB), es otro obstáculo. Washington considera su resolución previa a cualquier transición política, según fuentes de la Casa Blanca. Mientras, Rodríguez insistió en que Venezuela «quiere respirar libre» y ejercer su «soberanía sin intromisiones», aunque su viaje a la Cumbre Iberoamericana de Madrid (4-5 de noviembre) está condicionado por las sanciones de la UE.
La hoja de ruta electoral: tres fases impuestas por EE.UU.
Rodríguez repitió ante la ONU la hoja de ruta electoral que Washington exige como condición previa: renovación del Tribunal Supremo con nominaciones opositoras, reforma del Consejo Nacional Electoral para evitar fraudes —como el que, según EE.UU., privó a Edmundo González de la victoria en 2024— y, solo entonces, fijación de una fecha. Las elecciones de julio de 2024, ganadas por Maduro, no fueron reconocidas ni por la ONU ni por la UE.
El senador republicano Bernie Moreno, de origen colombiano, ha propuesto celebrar los comicios el próximo verano, coincidiendo con el cumpleaños de Simón Bolívar (24 de julio), pero la Administración Trump prioriza un calendario más lejano (2028). La oposición venezolana, liderada por Machado, exige garantías reales antes de cualquier proceso, mientras Rodríguez evita comprometerse con plazos.
Reacciones y tensiones: ¿democracia o acuerdos energéticos?
La intervención de Rodríguez ante la ONU generó reacciones encontradas. La oposición venezolana, representada por Machado, criticó la falta de transparencia en el proceso de transición, mientras sectores de la diáspora en EE.UU. denunciaron la «falta de urgencia» en las reformas institucionales. Por su parte, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, recibió un gesto simbólico de Rodríguez durante el plenario de la ONU: un beso al pasar, en un contexto de tensiones por las sanciones europeas que impiden su viaje a Madrid.
El acercamiento entre Caracas y Washington, marcado por acuerdos petroleros y de minería, ha generado dudas sobre si el objetivo real es la democratización o la consolidación de intereses económicos. La deuda soberana venezolana —240.000 millones de dólares— y la falta de avances en reformas clave, como la independencia del Consejo Electoral, mantienen alive las sospechas de que el diálogo con Trump prioriza la estabilidad energética sobre la transición política.
Mientras, la comunidad internacional observa con recelo cómo un Gobierno no reconocido por la ONU —el de Rodríguez— negocia con potencias como EE.UU. y España, sin que quede claro si las elecciones prometidas serán libres o un nuevo instrumento de control político.




