Venezuela y EE.UU. sellan un acuerdo histórico en la ONU tras meses de negociaciones secretas, mientras la líder opositora sigue atrapada en Panamá
Delcy Rodríguez, exvicepresidenta venezolana sancionada por Washington en 2018 por violaciones de derechos humanos, se reunió este martes con Donald Trump en Nueva York durante la Asamblea General de la ONU. El encuentro, confirmado por la propia Rodríguez en redes sociales, marca el punto culminante de una metamorfosis diplomática sin precedentes: en menos de ocho años, ha pasado de denunciar al presidente estadounidense como «dictador» y «criminal» ante el mismo foro a convertirse en su interlocutora privilegiada, con un acuerdo que incluye energía, minería y seguridad.
El giro no solo consolida el poder de Rodríguez —ahora reconocida como jefa de Estado por la administración Trump—, sino que sella el fin de la estrategia de «máxima presión» de EE.UU. hacia Caracas. Desde la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, Washington ha abandonado cualquier mención a elecciones, transición democrática o papel de la oposición. La líder opositora María Corina Machado, quien entregó su medalla del Nobel a Trump en 2024, sigue atrapada en Panamá por problemas documentales, mientras su movimiento queda fuera de cualquier negociación.
El cambio de rumbo se inició en abril de 2026, cuando el Departamento del Tesoro de EE.UU. eliminó a Rodríguez de su lista de sancionados. En julio, la administración Trump solicitó al Departamento de Justicia reconocer su inmunidad diplomática, y en agosto se cerró un acuerdo secreto sobre petróleo, deuda y reconstrucción industrial. Este martes, el encuentro en el Lotte New York Palace —sin rueda de prensa, pero con fotos oficiales— simboliza el nuevo eje: cooperación comercial sobre conflicto político.
Rodríguez celebró el encuentro en su cuenta de X: «Sostuvimos una histórica reunión con el presidente Trump, donde conversamos sobre energía, minería, seguridad y el respaldo a Venezuela tras los terremotos de junio». El texto omite cualquier referencia a Machado, cuya exclusión es la consecuencia más clara del acuerdo.
El contexto: de la captura de Maduro a la normalización con Trump
La operación militar que capturó a Maduro en enero de 2026 —descrita por fuentes de la Casa Blanca como una «intervención preventiva»— marcó un punto de inflexión. Mientras Maduro era trasladado a una prisión en Curazao, Rodríguez asumió el control efectivo del Gobierno, con el respaldo de sectores militares y de inteligencia leales a su hermano, Tareck El Aissami, exministro de Interior.
Desde entonces, EE.UU. ha priorizado la estabilidad sobre la democracia. En abril, el Tesoro eliminó a Rodríguez de su lista de sancionados, argumentando que ahora era «jefa de Estado». En julio, la administración Trump solicitó al Departamento de Justicia que archivara una demanda civil en Florida contra ella, un paso clave para su legitimidad internacional. El acuerdo energético firmado en agosto —que incluye la reanudación de exportaciones de petróleo a cambio de inversiones en infraestructura— completó el círculo.
Para España, el giro también tiene implicaciones. Aunque el Gobierno de Pedro Sánchez invitó a Rodríguez a la Cumbre Iberoamericana de noviembre —a pesar de las sanciones de la UE—, la mandataria venezolana ya había sido recibida en Madrid en 2024 por el ministro José Luis Ábalos, en un episodio que generó polémica por la posible violación de las restricciones europeas.
Las consecuencias: Machado en Panamá y el fin de la transición
El encuentro Trump-Rodríguez no fue casual. Fuentes de la Casa Blanca adelantaron en enero que una reunión era «posible», y en septiembre, cuando se confirmó su asistencia a la ONU, solo quedaba definir el formato. El resultado —un «pull-aside» en un hotel neoyorquino, sin testigos— refleja la desconfianza mutua: Trump evita encuentros públicos con líderes controvertidos (como el sirio Basar al-Assad o el brasileño Jair Bolsonaro), pero prioriza la discreción cuando hay acuerdos económicos en juego.
Para Machado, el golpe es doble: su intento de regresar a Venezuela se ha estancado en Panamá por «problemas administrativos», según sus abogados, mientras Washington ignora su existencia. En 2024, Machado entregó su medalla del Nobel a Trump en un gesto simbólico, pero hoy ni siquiera es mencionada en los comunicados oficiales. Su movimiento, que agrupa a sectores de la oposición tradicional, ha sido marginado en favor de un diálogo directo con Caracas.
El acuerdo también tiene implicaciones regionales. Países como Colombia y Brasil, que apoyaron sanciones contra Venezuela, ahora enfrentan la presión de EE.UU. para normalizar relaciones con un Gobierno que, aunque no es democrático, garantiza estabilidad energética. La UE, por su parte, mantiene sus sanciones, pero su influencia en la región ha disminuido frente a la apuesta estadounidense por el petróleo venezolano.
Rodríguez, por su parte, ha borrado cualquier rastro de su pasado chavista. En 2018, calificó las sanciones de «terrorismo de Estado» y acusó a Trump de «genocida» en la ONU. Hoy, en su cuenta de X, lo describe como un «amigo y socio» y celebra su «respaldo» tras los terremotos de junio. El cambio de discurso es total: de «imperialismo» a «diálogo», de «dictador» a «aliado estratégico».
El siguiente paso podría ser la reincorporación de Venezuela a organismos como la OEA, donde fue suspendida en 2017. Pero para Machado y sus seguidores, el mensaje es claro: en la nueva etapa, no hay espacio para la oposición.







