Lideran las adquisiciones en once comunidades autónomas con un precio medio de 768 €/m², frente a los 1.963 €/m² del resto de extranjeros residentes
Los ciudadanos marroquíes residentes en España adquirieron viviendas a un precio medio de 768 euros por metro cuadrado durante el segundo semestre de 2025, un 61% inferior a la media de 1.963 €/m² pagada por el resto de extranjeros residentes. Según datos del Consejo General del Notariado, la brecha se amplía hasta el 76% frente a los no residentes, que desembolsaron 3.242 €/m², y un 58% respecto a los compradores españoles (1.839 €/m²).
Esta diferencia sitúa a Marruecos como la nacionalidad con los precios más bajos en el mercado inmobiliario español, seguida de Rumanía (1.350 €/m²), Ecuador (1.410 €/m²) y Colombia (1.507 €/m²). En el extremo opuesto, Suecia (3.654 €/m²), Alemania (3.559 €/m²) y Estados Unidos (3.501 €/m²) registraron los importes más elevados. Las compras marroquíes se concentran en comunidades como País Vasco, Navarra, La Rioja, Extremadura, Andalucía y Murcia, donde lideran las adquisiciones entre extranjeros residentes.
El perfil de compra marroquí —con un precio medio de 70.000 euros para una vivienda de 90 m²— refleja una demanda centrada en zonas rurales, municipios del interior y barrios asequibles, alejados de los mercados turísticos costeros donde operan mayoritariamente los no residentes. Este patrón contrasta con el de otros colectivos, como británicos o alemanes, cuya inversión se dirige a segundas residencias en áreas litorales.
Marruecos se consolidó en 2025 como la principal nacionalidad entre los extranjeros residentes que compran vivienda en España, con el 12,1% de las operaciones. En el conjunto del mercado, solo el Reino Unido superó sus adquisiciones. Este protagonismo inmobiliario coincide con el crecimiento de la comunidad marroquí en España, que alcanza casi un millón de residentes y más de 420.000 cotizantes a la Seguridad Social, la cifra más alta entre las nacionalidades extranjeras.
La concentración de compras en segmentos de bajo coste responde a un modelo de arraigo familiar y laboral, vinculado a sectores como la agricultura, la construcción y la hostelería. Sin embargo, este asentamiento convive con tensiones migratorias recurrentes, como la crisis en Ceuta, donde la falta de expectativas laborales en Marruecos —con una tasa de desempleo juvenil del 29%— impulsa periódicamente la presión en las fronteras.
Fuente: The Objective







