Ángel Víctor Torres calcula que 8.000 ya están reubicados, pero advierte de alertas por elecciones marroquíes y posibles nuevos asaltos a la frontera
Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, confirmó ayer que entre 3.000 y 3.500 inmigrantes —incluidos menores— siguen en las playas del Trampolín y Benítez de Ceuta, mientras el Gobierno y la ciudad autónoma buscan un nuevo espacio para reubicarlos en las próximas semanas.
Torres detalló que, hasta ahora, 8.000 personas ya han sido reubicadas: 6.000 adultos en instalaciones del Estado y 2.000 menores bajo tutela de Ceuta. Sin embargo, el ministro advirtió que la localización del nuevo campamento —que requiere aprobación del Consejo de Seguridad Nacional— sigue en secreto para evitar saturación o tensiones. El Ejecutivo trabaja en «consenso» con Juan Jesús Vivas, alcalde de Ceuta, aunque este rechazó reunirse con Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, por «motivos de agenda».
Marlaska, que regresó a Ceuta para supervisar la situación, alertó de posibles nuevos asaltos a la frontera vinculados a las elecciones legislativas marroquíes del próximo 24 de septiembre. El Gobierno ya ha reforzado la seguridad con tres pelotones de la Guardia Civil en Ceuta y Melilla, y subraya la «colaboración extraordinaria» de Marruecos en devoluciones y control fronterizo. Torres insistió en que Rabat está reforzando su frontera, aunque Marlaska advirtió: «No bajamos la guardia».
El proceso de identificación y documentación de los inmigrantes reubicados se retrasa por la falta de expedientes personalizados, un cuello de botella que el Gobierno atribuye a la pasividad de la llegada. Mientras, la oposición —especialmente el PP, que presiona para una solución urgente— cuestiona la gestión del Ejecutivo, aunque sin presentar alternativas concretas en el Parlamento.
La crisis persiste: Ceuta, con una capacidad máxima de 8.000 personas en emergencia, supera ya los 11.500 inmigrantes en su territorio desde el pasado viernes. El plazo para resolver la situación se acorta: Torres confía en «pocas semanas», pero las alertas de inteligencia y el contexto electoral en Marruecos añaden incertidumbre.






