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Lun. Sep 28th, 2026

La Acampada de Sol presiona al Gobierno con un ultimátum hasta el martes

La Acampada de Sol presiona al Gobierno con un ultimátum hasta el martes
El Mundo (España)
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El Sindicato de Inquilinas lidera la protesta con cinco exigencias sobre vivienda y advierte de que la continuidad del Ejecutivo depende de su decreto

Decenas de miles de personas se concentraron el sábado a las 18.30 horas en la Puerta del Sol de Madrid para iniciar una manifestación que derivó en una acampada. La protesta, convocada bajo el paraguas del Sindicato de Inquilinas, reclama la aprobación del llamado ‘decreto Maricarmen’, en homenaje a una anciana desahuciada el pasado miércoles. Los acampados exigen al Gobierno que tenga listo su decreto sobre vivienda el próximo martes.

La concentración reunió a 25.000 personas, según el texto fuente. La manifestación mutó con la noche en una acampada que replica la del 15 de mayo de 2011, pero con diferencias sustanciales. La carpa naranja del Sindicato de Inquilinas ocupa el centro de la plaza y marca una dirección nítida, frente a la horizontalidad de comisiones que caracterizó al 15-M.

El movimiento reivindica cinco puntos concretos. El primero pide medidas estructurales para impedir los desahucios. El segundo reclama una reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos para regular los alquileres por temporada y por habitaciones. El tercero exige la congelación de los precios actuales del alquiler. El cuarto pide la aprobación de prórrogas efectivas. El quinto plantea la renovación automática de todos los contratos para que pasen a ser indefinidos, como ya ocurre en países como Inglaterra.

La existencia de una cuenta atrás hasta el martes marca una diferencia crucial respecto al 15-M. En 2011, el movimiento cuajó a una semana de las elecciones autonómicas y municipales y tuvo su máxima efervescencia en esos siete días. La Acampada actual, en cambio, está tasada temporalmente desde su inicio. El 15-M se levantó el 12 de junio, agotado, aunque tuvo una revitalización posterior en las plazas de barrio.

Desde el Sindicato de Inquilinas se advierte de que, si no se aprueba su decreto, la continuidad del Gobierno no tiene sentido. La presión incluye la petición implícita de un adelanto electoral o una invitación a que Sumar rompa la coalición. Esa postura revela una última esperanza en los acampados, inexistente en 2011, y también que el Gobierno tiene una ocasión para reconducir la situación.

El Sindicato de Inquilinas se expone al resultado del martes

La dirección del Sindicato de Inquilinas queda expuesta al resultado de su medida de presión. A diferencia de la horizontalidad del 15-M, donde nadie mandaba pero tampoco nadie se comprometía, ahora hay una organización visible que responde ante sus bases. La carpa naranja en el centro de la plaza simboliza esa apuesta.

El movimiento cuenta con el respaldo de organizaciones como Anticapitalistas, Izquierda Revolucionaria, Corriente Revolucionaria de los Trabajadores y Sindicato de Estudiantes. Estas cuatro formaciones comparten una estirpe trotskista y fueron las más destacadas en pancartas y cánticos. La letanía «¿dónde está el gobierno progresista?» se convirtió en la novedad con mayor carga de la jornada.

También nutrieron la manifestación Ecologistas en Acción, Extinction Rebellion, CNT y CGT. Entre los asistentes se encontraba la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, de IU, formación que tiene presencia en el Ejecutivo. La protesta reclama a los sindicatos CCOO y UGT la convocatoria de una huelga general si no prospera el ‘decreto Maricarmen’.

La manifestación incluyó a miles de independientes unidos por la desobediencia a la legislación inmobiliaria. Muchos tienen mayor vinculación con el activismo que con los partidos y con los barrios que con el Congreso. Entre ellos hay votantes habituales y también abstencionistas convencidos, con orientaciones que van desde lo progresista a lo subversivo.

Sumar y la izquierda del PSOE, ante su kilómetro cero

Sumar forma parte del Gobierno y es la marca de referencia en las últimas elecciones para muchos de los manifestantes. Existe un componente de desencanto junto a la frustración. En 2011, las plazas estaban abiertas a la penetración de IU, que fracasó. Hoy, IU tiene una ministra en el Ejecutivo a la que se exige un decreto porque, si no, la continuidad del Gobierno no tiene sentido.

Lo que para el PSOE es una presión, para IU, Más Madrid, Comunes y el nuevo Frente Amplio es una razón de ser. La pregunta que se plantea es cómo pueden no escuchar a la plaza que los vio nacer. La misma cuestión alcanza a los sindicatos laborales, a quienes se reclama la convocatoria de una huelga general si no prospera el decreto.

La izquierda del PSOE se erosionó y limitó atada a los sillones azules. Puede romper el Gobierno o imponer su criterio en el decreto para intentar reconciliarse con su kilómetro cero. Los únicos que hoy legítimamente pueden reclamar su razón son quienes se mantuvieron a distancia de Moncloa.

En 2011, los impulsores de la manifestación, como Democracia Real Ya y Juventud sin Futuro, también tenían reclamaciones, pero se extendían en folios y ámbitos. La lista de peticiones era tan larga y atrapatodo que acabó pareciendo difusa, como el liderazgo, y permitió mayor transversalidad que la posible ahora.

Un movimiento con plazos y programa frente a la indefinición del 15-M

La Acampada de este 26 de septiembre tiene una dirección nítida y un programa concreto. El 15-M, en cambio, apostó por la indefinición en su génesis y desarrollo. Los círculos de Podemos en 2014 son un revival de aquel fenómeno. La diferencia de plazos también es relevante: el movimiento actual está tasado temporalmente desde su inicio, mientras que el 15-M se prolongó hasta junio.

La pregunta sobre quién gana políticamente sigue sin respuesta clara. En un país cerril en lo político, la primera cuestión siempre es quién sacará tajada. A la espera de conocer la permanencia, proyección y éxito del movimiento, resulta difícil responder. Por descarte se llega a alguna conclusión: la izquierda del PSOE se juega su credibilidad ante su base electoral.

El texto fuente señala que la manifestación reunió a 25.000 personas. La cifra contrasta con la capacidad de convocatoria de otros movimientos recientes. La presencia de Irene Montero fue destacada por el medio, que la calificó como un mal día para estar enchaletada. La referencia a la vivienda como eje central del descontento conecta con la crisis habitacional que afecta a amplias capas de la población.

El desenlace del martes determinará la continuidad de la acampada. Si el decreto del Gobierno satisface las demandas del Sindicato de Inquilinas, la protesta podría desconvocarse. Si no lo hace, la presión sobre el Ejecutivo se intensificará. La reacción del Sindicato a lo que se apruebe el martes será determinante para el futuro inmediato del movimiento.

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