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Lun. Sep 28th, 2026
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El Sindicato de Inquilinas instala decenas de tiendas en la Puerta del Sol tras una marcha que arrancó a las 19:00 y llegó a Cibeles y Neptuno, con el decreto de vivienda como exigencia central.

Centenares de personas han plantado sus tiendas de campaña en la Puerta del Sol de Madrid al término de la manifestación por el desahucio de Maricarmen, la vecina de 87 años expulsada del piso en el que llevaba más de siete décadas viviendo. La marcha, convocada este sábado, congregó a cerca de 25.000 personas según la Delegación del Gobierno y a casi 300.000 según los organizadores. El recorrido arrancó sobre las 19:00 horas en la Puerta del Sol y llegó a los alrededores del Congreso sobre las 21:00, tras pasar por la plaza de Cibeles.

Al final de la protesta, varios cientos de participantes regresaron al punto de inicio y montaron varias decenas de tiendas de campaña, con una carpa del Sindicato de Inquilinas de Madrid en el centro de la plaza. Los asistentes corearon consignas como «Aquí están los antirrentistas», «Hace falta ya una huelga de alquileres. Hace falta ya una huelga general» y «¿Dónde está el Gobierno progresista?». Entre los carteles podía leerse «Vergüenza me daría desahuciar a una pensionista».

El portavoz del Sindicato de Inquilinas, Gonzalo Álvarez, explicó cerca de las tres de la madrugada, entre las tiendas, que la acampada surgió de una espontaneidad canalizada en la rabia acumulada durante la semana. Álvarez situó el objetivo en presionar al Gobierno de coalición para que el Consejo de Ministros acepte el martes el decreto Maricarmen en los términos que reclama la organización. El portavoz rechazó que la idea fuera acampar de forma indefinida y sostuvo que por ahora dormían allí y que al día siguiente empezarían asambleas y actividades.

Del 15-M al 26-S: quince años después

La acampada reproduce el gesto que hace 15 años convirtió la Puerta del Sol en el punto de partida del movimiento 15-M. Varios participantes lo mencionaron durante la noche. Un joven bromeó con que la cita del 26-S tiene mucho menos gancho que la de 2011. La movilización de este sábado está lejos de ser la microciudad que se erigió entonces, aunque comparte el emplazamiento y el método de pernocta en la plaza.

La Puerta del Sol alberga la antigua Casa de Correos, sede del despacho de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La plaza de Cibeles queda frente al Ayuntamiento de la capital. La Policía Nacional fijó la fuente de Neptuno como el punto más cercano al Congreso al que permitió llegar a los manifestantes.

El decreto Maricarmen, eje de la presión

La protesta llega tras una semana marcada por las imágenes del desahucio de Maricarmen. El Sindicato de Inquilinas reclama que el decreto de vivienda se apruebe en el Consejo de Ministros del martes con su contenido íntegro. La organización condiciona a esa aprobación el mantenimiento de la presión en la calle.

La acampada convivió durante la madrugada con el ocio nocturno de la zona. El naranja de las camisetas del sindicato se mezcló con las pulseras de papel de jóvenes, en su mayoría Erasmus, que hablaban en inglés, francés, portugués o japonés al salir de las discotecas cercanas. Muchos miraban extrañados las tiendas levantadas en pocas horas. En torno a las tres de la madrugada, la mayoría de los presentes seguía despierta, comentando la situación o preguntándose qué ocurriría por la mañana. Unos pocos intentaban dormir tumbados sobre cartones, entre el ir y venir de manifestantes, curiosos y turistas.

El calendario institucional aprieta la estrategia del Sindicato de Inquilinas: el Consejo de Ministros del martes es la última cita ordinaria del Ejecutivo antes de que arranque el nuevo curso político, de modo que la organización ha convertido esa fecha en su horizonte inmediato. La exigencia no se limita al contenido del decreto, sino también a los términos en que se negocia, y desde la carpa central de Sol se insistía en que cualquier rebaja del texto respecto a lo pactado con los colectivos de inquilinos sería leída como un incumplimiento. La propia dinámica de la jornada, con la marcha autorizada hasta Neptuno y el regreso posterior a la Puerta del Sol, dibujó un pulso que combina la protesta clásica con la ocupación simbólica del espacio público, una fórmula que el sindicato ya ensayó en otras ciudades y que en Madrid adquiere un valor añadido por la carga histórica de la plaza.

La acampada, además, se sostiene sobre una red de apoyo que se fue tejiendo durante la semana: colectivos vecinales, activistas de vivienda y simpatizantes que se acercaron a lo largo de la noche para dejar agua, mantas y comida. Esa logística improvisada permitió que las tiendas se mantuvieran en pie pese al frío y a la incertidumbre sobre cuánto tiempo podrían permanecer en la plaza. Los organizadores subrayaban que la prioridad no era la resistencia física, sino mantener visible el conflicto hasta la reunión del Gobierno, y que cualquier decisión sobre prolongar la acampada se tomaría en asamblea, con la vista puesta en la respuesta que llegue del Consejo de Ministros.

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