El presidente critica el ‘egoísmo’, la ‘ignorancia’ y la ‘crueldad’ como pilares de su estrategia y pide reformar el Consejo de Seguridad
Pedro Sánchez ha dedicado su intervención en la Asamblea General de la ONU a denunciar un «planificado intento de demolición» del orden multilateral, atribuido a «fuerzas reaccionarias» sin citar nombres. En un discurso de 15 minutos en español, el presidente ha identificado tres ejes de esa estrategia: el egoísmo («creer que el mundo es un juego de suma cero»), la ignorancia («despreciar la evidencia científica») y la crueldad («normalizar el hambre infantil o los hospitales destruidos»).
Sánchez ha vinculado este retroceso con el derecho de veto en el Consejo de Seguridad y ha exigido su eliminación para dar «representación justa» a todas las regiones. También ha reclamado regular la inteligencia artificial y las redes sociales, advirtiendo contra los «tecnológicas» que priorizan beneficios económicos sobre el futuro de los jóvenes. Su intervención ha terminado con un guiño a España: tras mencionar la crisis migratoria en Ceuta, ha elogiado la «decencia» de su respuesta ciudadana y ha recordado que el país «elige siempre el camino más justo», pese a las tensiones.
El discurso ha incluido dos propuestas simbólicas: la necesidad de que una mujer latinoamericana ocupe la Secretaría General de la ONU («nueve hombres en 80 años») y la defensa del feminismo como «fuerza de transformación», citando a Clara Campoamor. Sánchez ha advertido de que el ataque a este movimiento coincide con el aumento de la violencia machista y la xenofobia. Su intervención, vestida con traje azul marino y el pin de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ha cerrado con un mensaje a las generaciones futuras: «No dejaremos de luchar» por un mundo «más pacífico, sostenible y justo».
La ONU enfrenta desde 2023 una crisis de legitimidad por su incapacidad para evitar conflictos como la guerra en Ucrania o la escalada en Gaza, mientras potencias como EE.UU. y China bloquean reformas clave. El discurso de Sánchez, aunque genérico en sus críticas, refleja la tensión entre el multilateralismo y el auge de gobiernos nacionalistas que rechazan acuerdos globales, como Hungría (Viktor Orbán) o India (Narendra Modi), que han criticado en el pasado la injerencia de la ONU en sus políticas internas.
El Gobierno español apuesta por reforzar su papel en la organización como alternativa a la OTAN, especialmente tras el rechazo de Estados Unidos a ampliar su escudo nuclear a España en 2025. Sánchez ha evitado mencionar a Marruecos o Argelia en su crítica a las «fuerzas reaccionarias», pero su referencia a Ceuta —donde más de 10.000 migrantes llegaron en julio— subraya cómo la crisis migratoria se ha convertido en un campo de batalla geopolítico. La UE, dividida entre países como Italia (Giorgia Meloni) y Alemania (Olaf Scholz), aún no ha adoptado una postura común sobre el tema.





