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Sáb. Sep 19th, 2026
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La expresidenta chilena celebra haber impulsado el debate sobre una mujer latinoamericana en el cargo, pero su retirada deja sin alternativa clara para sustituir a António Guterres

Michelle Bachelet ha retirado este sábado su candidatura para convertirse en la próxima secretaria general de Naciones Unidas, un puesto que ocupará en 2027 tras la expiración del mandato de António Guterres. La decisión llega un día después de conocer los resultados del tercer sondeo informal en el Consejo de Seguridad, donde solo obtuvo un voto a favor frente a once en contra y tres abstenciones.

En un vídeo difundido en sus redes sociales, Bachelet justificó su retirada señalando que «algunos creerán que no eran los tiempos para una candidatura como la que quise representar», en un contexto marcado por el «rechazo al multilateralismo» y la «transgresión permanente del Derecho Internacional». La expresidenta chilena figura clave del socialismo latinoamericano, defendió que su postulación buscaba «levantar la voz por principios» como el cambio climático, la democracia y los derechos humanos, áreas donde, según su análisis, «se encuentran en peligro».

Bachelet subrayó que, pese a no lograr el apoyo necesario, su candidatura «contribuyó a instalar en el debate global que la próxima secretaria general debe ser una mujer de América Latina». La exmandataria chilena, que gobernó su país entre 2006-2010 y 2014-2018, agradeció el respaldo de los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de México, Claudia Sheinbaum, así como el apoyo de la ciudadanía chilena.

Su retirada deja sin alternativa clara para sustituir a Guterres, cuyo mandato finaliza el próximo diciembre. Aunque Bachelet no se arrepiente de su intento —calificado por ella misma como un «gran desafío»—, el resultado del Consejo de Seguridad refleja las dificultades para consensuar una candidatura en un órgano donde los cinco miembros permanentes (EE.UU., Rusia, China, Francia y Reino Unido) tienen veto.

La expresidenta también insistió en que la próxima secretaria general debe ser «una persona verdaderamente independiente y leal a los principios de la Carta de Naciones Unidas», capaz de «enarbolarlos con rigor frente a los Estados, sin importar su tamaño o poder». Su llamado subraya las tensiones internas en la organización, donde la polarización geopolítica y las crisis globales —desde la guerra en Ucrania hasta la migración masiva— han debilitado la unidad de acción.

El contexto de una candidatura sin apoyo

Bachelet no era la única candidata en liza para suceder a Guterres, pero su perfil —exjefa de Estado, defensora de los derechos humanos y con experiencia en la ONU como alta comisionada para los Derechos Humanos— la posicionaba como una de las favoritas en las apuestas por una mujer y un candidato de América Latina. Sin embargo, el resultado del Consejo de Seguridad —un único voto a favor— refleja las divisiones internas en el órgano ejecutivo de la ONU, donde países como Estados Unidos y Rusia han mostrado escepticismo hacia candidaturas que no cuenten con respaldo previo en sus respectivas esferas de influencia.

El proceso de selección de la secretaria general suele ser opaco, basado en sondeos informales entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Aunque la Asamblea General elige al candidato final, el apoyo previo del Consejo es clave para evitar vetos. En esta ocasión, la falta de consenso anticipado —y el rechazo explícito de potencias como EE.UU. o China— dejó a Bachelet en una posición insostenible, pese a su trayectoria.

Su candidatura también se vio afectada por el contexto geopolítico actual. Bachelet mencionó en su mensaje la «transgresión permanente del Derecho Internacional», un guiño a conflictos como la guerra en Gaza o la invasión rusa de Ucrania, donde la ONU ha sido incapaz de adoptar posturas unificadas. Su retirada, por tanto, no solo refleja un fracaso personal, sino también la dificultad de la organización para proyectar una figura con autoridad moral en un mundo fragmentado.

¿Qué pasa ahora en la carrera por la ONU?

Con Bachelet fuera de la carrera, el proceso de selección entra en una fase de incertidumbre. Aunque no hay una alternativa clara, otros nombres han surgido en conversaciones informales, como el del irlandés Gerry Adams —exalto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos— o el del keniano Amina J. Mohammed, actual secretaria general adjunta para Asuntos Económicos y Sociales. Sin embargo, ninguno cuenta con el respaldo transversal que Bachelet intentó articular.

El plazo para presentar candidaturas oficiales finaliza en octubre, pero el verdadero desafío será lograr un consenso en el Consejo de Seguridad antes de que la Asamblea General vote en diciembre. La experiencia de Bachelet subraya que, en un escenario donde el multilateralismo está bajo presión, incluso las figuras con mayor trayectoria enfrentan obstáculos para acceder a los puestos de mayor responsabilidad en la organización.

Para los observadores, la retirada de Bachelet también envía un mensaje sobre el futuro de la ONU: sin una secretaria general con legitimidad global, la organización podría verse abocada a una nueva etapa de parálisis, donde las decisiones se tomen por bloques regionales en lugar de por consenso universal. La expresidenta chilena, pese a todo, deja un legado: haber puesto sobre la mesa la necesidad de que el cargo más alto de la ONU sea ocupado por una mujer de América Latina, una región históricamente subrepresentada en sus instituciones.

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