El debate arranca en Nueva York con el genocidio en Gaza, las tensiones EE.UU.-Irán y la crisis del multilateralismo como temas centrales
Donald Trump y los líderes mundiales se reúnen este martes en Nueva York para la 81ª Asamblea General de la ONU, un escenario marcado por la escalada en Gaza, las relaciones entre Estados Unidos e Irán, y la crisis migratoria en Venezuela. Estos tres conflictos, junto a la creciente fractura del sistema multilateral, definen la agenda de un foro que enfrenta su mayor desafío desde la invasión rusa de Ucrania.
El genocidio en Gaza, reconocido por más de 50 países en la ONU, será el tema estrella de las intervenciones, con Hamás y Israel en posiciones irreconciliables y Estados Unidos bloqueando resoluciones que pidan un alto el fuego. Mientras, las tensiones entre Washington y Teherán —agravadas por los ataques a buques en el Golfo y las sanciones— podrían escalar si Irán responde a las recientes maniobras militares estadounidenses en la región. Venezuela, por su parte, enfrenta un colapso humanitario que ha llevado a más de 8 millones de migrantes a países vecinos, una crisis que la UE intenta gestionar con acuerdos limitados.
El debate general, que reúne a 193 países, refleja además la debilidad de la ONU para resolver conflictos. La ausencia de Rusia —que boicoteó la sesión de 2022 tras la invasión de Ucrania— y el distanciamiento de China —que evita posturas claras en Gaza— dejan a Occidente como único bloque con capacidad de acción, aunque dividida entre EE.UU. y la UE.
El contexto: ¿Por qué este foro importa más que nunca?
La Asamblea General, aunque carece de poder vinculante, es el único espacio donde todos los Estados miembros —incluyendo a Irán, Corea del Norte o Marruecos— pueden expresar sus posturas públicamente. En un año electoral clave —con elecciones en EE.UU. (noviembre 2026), Francia (2027) y Alemania (2025)— los discursos servirán para medir el apoyo internacional a cada gobierno. Por ejemplo, Trump, que aspira a un segundo mandato, usará el foro para reforzar su imagen de líder duro frente a Irán y China, mientras que Xi Jinping —ausente en 2023 por primera vez en una década— podría aparecer para contrarrestar el aislamiento de Pekín.
Además, la ONU enfrenta una crisis de financiación: EE.UU. debe 1.300 millones de dólares en cuotas atrasadas, y países como Rusia y China bloquean reformas para modernizar su estructura. Esto limita su capacidad para actuar en conflictos como el de Gaza, donde Israel ha vetado repetidamente resoluciones en el Consejo de Seguridad.
¿Qué se juegan los actores clave?
Estados Unidos busca consolidar su alianza con India y Israel frente a Irán, pero su postura en Gaza —apoyando a Tel Aviv sin exigir un alto el fuego— le cuesta aliados en el Consejo de Derechos Humanos. Rusia, aunque ausente, podría usar el foro para atacar a Occidente por su respuesta a la guerra en Ucrania, mientras que China intentará presentar una imagen de mediadora, aunque sin condenar abiertamente a Israel.
Para la UE, la Asamblea es una oportunidad para mostrar unidad en migración y energía, pero sus divisiones internas —como el veto de Hungría a ayudas a Ucrania— restan credibilidad. Mientras, Turquía, Sudáfrica y Países Árabes presionarán por una solución en Gaza, aunque sin consenso sobre cómo lograrla.
El resultado más probable es un año de declaraciones retóricas sin avances concretos, pero con un mensaje claro: el multilateralismo está en crisis, y la ONU, sin reformas profundas, no podrá evitar nuevos conflictos.






