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Mar. Sep 22nd, 2026

Ucrania ataca refinerías rusas clave pese a presión de Trump

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Las instalaciones de Bashkiria y Samara, propiedad de Rosneft, sufren incendios tras los bombardeos ucranianos; Rusia derriba 297 drones en 15 regiones

Volodimir Zelenski ha ignorado la petición de Donald Trump y ordenado este martes ataques contra dos refinerías rusas estratégicas en las regiones de Bashkiria y Samara, con una capacidad anual combinada de 14,5 millones de toneladas de crudo, según confirmaron fuentes militares ucranianas, autoridades rusas y medios independientes. Los bombardeos, ejecutados por drones, provocaron incendios en las instalaciones de Bashneft-UNPZ —la mayor refinería de Ufa— y en la planta de Kúibishev, propiedad del gigante estatal Rosneft.

El Estado Mayor ucraniano detalló que la refinería de Bashneft-UNPZ, ubicada en la República de Bashkiria, procesa anualmente 7,5 millones de toneladas de petróleo, mientras que la de Kúibishev —una de las mayores de su tipo en la región— refina 7 millones de toneladas. Ambos objetivos ya habían sido blanco de ataques previos, obligando a las plantas a paralizar temporalmente su producción.

Las autoridades rusas confirmaron los impactos con distintos niveles de detalle. El gobernador de Samara, Fiódor Fedoríschev, informó en Telegram de daños en «infraestructuras civiles, incluidas viviendas particulares y vehículos», sin especificar cuáles fueron los objetivos industriales concretos. Sin embargo, el canal independiente ruso Astra y el Estado Mayor ucraniano coincidieron en señalar que se desató un incendio en la refinería de Kúibishev.

Mientras, en otras zonas de Rusia, las defensas antiaéreas reportaron el derribo de 297 drones ucranianos en 15 regiones, incluyendo la anexionada península de Crimea, según el Ministerio de Defensa ruso. En la región de Rostov, el gobernador Yuri Slúsar aseguró que se aniquilaron más de 70 drones en siete distritos sin víctimas mortales, mientras que en Vorónezh, Alexandr Gúsev confirmó el abatimiento de 28 aparatos.

El contexto de la escalada energética: por qué Ucrania sigue atacando infraestructuras rusas

Los bombardeos contra refinerías rusas forman parte de una estrategia ucraniana para debilitar la capacidad energética de Rusia, un objetivo que ha intensificado desde que Trump —en campaña para las elecciones presidenciales de noviembre— presionó a Zelenski para que cesara estos ataques. El presidente ucraniano ha rechazado públicamente la solicitud, argumentando que la neutralización de infraestructuras críticas rusas es clave para la victoria militar.

La refinería de Kúibishev, en particular, ha sido atacada en reiteradas ocasiones por drones ucranianos. Junto a las plantas de Novokúibishev y Sizran —también en Samara—, ha visto interrumpida su producción en múltiples ocasiones, lo que ha generado tensiones internas en Rusia, donde el Gobierno ha acusado a Ucrania de sabotear el suministro energético en plena temporada de invierno.

El conflicto energético adquiere especial relevancia porque Rusia es el segundo mayor exportador de petróleo del mundo, y sus refinerías procesan crudo tanto para el mercado interno como para la exportación. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA), Rusia refinó 2,5 millones de barriles diarios en 2023, un volumen equivalente al 2,3% de la demanda global. Los ataques ucranianos, aunque no han logrado paralizar la producción a gran escala, han obligado a redirigir recursos hacia la protección de estas instalaciones, lo que algunos analistas interpretan como un éxito táctico en la guerra de desgaste.

La respuesta rusa: ¿cómo afectan estos ataques a la economía y a la guerra?

Para Moscú, los bombardeos ucranianos contra infraestructuras energéticas representan un doble desafío: por un lado, la pérdida de capacidad de refinado —aunque temporal— puede encarecer los costes de producción y afectar a la balanza comercial; por otro, la necesidad de desplegar sistemas antiaéreos en zonas civiles distrae recursos de otros frentes, como el militar en Donbás.

El gobernador de Samara, Fiódor Fedoríschev, subrayó en su comunicado que los ataques han causado daños colaterales en viviendas y vehículos, lo que podría aumentar el descontento social en una región que no está en primera línea del conflicto. Sin embargo, fuentes cercanas al Kremlin han minimizado el impacto, asegurando que las reservas estratégicas de crudo y la capacidad de reasignación de producción permiten absorber estos golpes sin un colapso inmediato.

En el plano internacional, los ataques refuerzan la postura de Zelenski frente a las críticas de Trump, quien ha vinculado su apoyo militar a Ucrania con la condición de que no se ataquen instalaciones civiles rusas. La respuesta de Kievignorar la petición— podría complicar aún más la relación con Washington si Trump gana las elecciones, ya que el magnate ha amenazado con reducir la ayuda económica y militar si no se ajustan las tácticas ucranianas a sus demandas.

Mientras, Bruselas mantiene una postura ambigua: aunque apoya a Ucrania, también busca evitar una escalada que desestabilice los mercados energéticos globales. La Comisión Europea ha instado a ambas partes a evitar acciones que agraven la crisis de suministro, especialmente en un contexto donde la demanda de petróleo sigue alta y los precios se mantienen volátiles.

En el frente militar, los ataques contra refinerías también tienen un efecto psicológico: demuestran la capacidad ucraniana para llegar a objetivos profundos en territorio ruso, algo que Moscú había logrado contener hasta ahora con sus sistemas de defensa aérea. Sin embargo, el desgaste de estos sistemas —como demuestran los 297 drones abatidos en una sola noche— podría abrir una ventana de oportunidad para Ucrania en las próximas semanas.

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