El presidente estadounidense anuncia un ‘zar de la IA’ para evitar ‘malas prácticas’ y rechaza los llamamientos de expertos para frenar su desarrollo, mientras lanza una encuesta para cambiar su nombre
Donald Trump ha anunciado este sábado la creación de una nueva unidad gubernamental, la ‘Fuerza IA’, y ha nombrado un cargo específico —un ‘zar de la inteligencia artificial’— para supervisar su desarrollo y evitar lo que considera ‘malas prácticas’. El presidente de Estados Unidos ha presentado esta medida como parte de su estrategia para consolidar a su país como líder global en el sector, calificando la IA de «la próxima revolución industrial», incluso por encima de Internet, y estimando su impacto económico en hasta un 25% del PIB estadounidense.
Trump ha realizado los anuncios en su red social Truth Social, donde ha vinculado los temores sobre la IA con una supuesta campaña de desprestigio orquestada por «la izquierda radical demócrata». El mandatario ha acusado a este sector político de intentar «destruir» la industria de la inteligencia artificial, en un mensaje que repite patrones de su discurso habitual, como la mención reiterada a conflictos geopolíticos como Ucrania o a temas sociales como el «calentamiento global», que ahora compara con el enfoque actual hacia la IA.
El presidente ha desestimado los llamamientos de líderes tecnológicos, como Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, para frenar el ritmo de mejora de los modelos de IA. Trump ha asegurado que su administración «apoyará y vigilará» el crecimiento del sector, pero sin obstaculizarlo. Para ello, ha anunciado la creación de la ‘Fuerza IA’, una unidad que, según ha adelantado, estará operativa en las próximas semanas, y la designación de un responsable —al que ha calificado como ‘zar’— para supervisar su implementación.
Además, Trump ha lanzado una encuesta en su red social para cambiar el nombre oficial de la inteligencia artificial. Las opciones propuestas son Inteligencia Superior (IS), Inteligencia Extrema (IE) o Inteligencia Suprema (IS), en un intento de redefinir el término según su visión estratégica.
Un sector con proyección económica sin precedentes
La estimación de Trump sobre el impacto de la IA en la economía estadounidense —hasta un 25% del PIB— supera con creces las proyecciones de otros analistas y gobiernos. Según informes recientes del Foro Económico Mundial y la OCDE, el impacto de la IA en la productividad global podría oscilar entre el 10% y el 15% del PIB para 2030, pero la cifra de Trump refleja su enfoque en la competitividad frente a rivales como China, a la que ha mencionado explícitamente como principal competidor en este ámbito.
El anuncio se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica por el dominio tecnológico. China ha invertido masivamente en IA en los últimos años, con iniciativas como el ‘Plan Made in China 2025’, que prioriza sectores clave como la robótica y la inteligencia artificial. Mientras, la administración estadounidense ha enfrentado críticas por la falta de una estrategia clara y coordinada en este campo, a pesar de inversiones millonarias en empresas como Google, Microsoft o NVIDIA.
Reacciones y precedentes: ¿una medida aislada o el inicio de una estrategia?
El anuncio de Trump no es aislado. En los últimos meses, varios gobiernos han intentado regular o impulsar el desarrollo de la IA, pero con enfoques distintos. La Unión Europea, por ejemplo, aprobó en agosto de 2024 el ‘Acta de Inteligencia Artificial’, el primer marco legal global para regular el sector, con restricciones a sistemas de alto riesgo y obligaciones de transparencia. En cambio, la postura de Trump refleja una apuesta por el liderazgo tecnológico sin restricciones significativas, alineada con su visión de que la innovación debe impulsarse sin barreras burocráticas.
En el ámbito privado, empresas como Anthropic, OpenAI o DeepMind han advertido sobre los riesgos de un desarrollo descontrolado de la IA, incluyendo la pérdida de empleos, sesgos algorítmicos y amenazas a la seguridad nacional. Sin embargo, Trump ha ignorado estas advertencias, presentando cualquier crítica como parte de una supuesta «guerra cultural» contra su gobierno. Su referencia a la IA como «otro engaño» de la izquierda radical conecta con su narrativa habitual de polarización política, donde temas como la migración, el cambio climático o los derechos sociales son presentados como herramientas para debilitar a EEUU.
La creación de la ‘Fuerza IA’ y la figura del ‘zar’ podrían interpretarse como un intento de centralizar el control sobre un sector en expansión, pero también generan dudas sobre cómo se articulará esta nueva estructura. Hasta el momento, Trump no ha detallado las competencias exactas de esta unidad ni el perfil del responsable que la liderará, lo que abre la puerta a especulaciones sobre su alcance real.
¿Qué se juega Trump con este movimiento?
Para Trump, el impulso a la IA responde a múltiples objetivos políticos y electorales. En primer lugar, busca consolidar su imagen como líder en innovación tecnológica, un campo donde su administración ha sido criticada por su falta de visión estratégica. Al presentar la IA como la «próxima revolución industrial», Trump intenta posicionarse como el garante del futuro económico de EEUU, un mensaje clave para su base electoral, especialmente en estados con fuerte tradición manufacturera.
Además, el anuncio llega en un momento de creciente preocupación entre sus aliados por el avance chino en tecnologías críticas. China ha superado a EEUU en patentes de IA y domina sectores como la fabricación de semiconductores, lo que ha generado alertas en el Pentágono y en empresas como Intel o TSMC. Trump aprovecha este contexto para reforzar su discurso de «EEUU primero», presentando la IA como una herramienta para recuperar la hegemonía tecnológica perdida.
Por último, el cambio de nombre propuesto para la IA —con opciones como Inteligencia Suprema— podría tener un componente simbólico. Trump ha utilizado en el pasado estrategias de rebranding para temas controvertidos, como el cambio de «guerra contra el terror» a «operaciones de seguridad nacional». En este caso, el objetivo podría ser desvincular la IA de su percepción actual —asociada a riesgos y debates éticos— y presentarla como un concepto más positivo y dominante.
Sin embargo, el anuncio también plantea riesgos. La falta de un marco regulatorio claro podría generar inestabilidad en un sector ya marcado por la competencia entre empresas y gobiernos. Además, la polarización política en EEUU podría dificultar cualquier consenso futuro sobre cómo gestionar los desafíos de la IA, desde la privacidad hasta la seguridad laboral.
Mientras, la encuesta para cambiar el nombre de la IA refleja un estilo característico de Trump: combinar lo estratégico con lo simbólico, buscando tanto el impacto mediático como la movilización de su base. Pero, más allá del nombre, lo que queda claro es que la administración estadounidense ha decidido apostar fuerte por la IA, con todas las implicaciones que eso conlleva.







