Abogados y familias reconstruyen una cadena de captación con falsas promesas de empleo y salarios de hasta 4.000 dólares mensuales; 114 peruanos siguen desaparecidos
**Lima, 20 de septiembre de 2026** — Una red organizada ha reclutado a cerca de 1.200 ciudadanos peruanos desde 2024 para combatir en Ucrania bajo bandera rusa, según la reconstrucción de testimonios y documentos realizada por abogados y familias afectadas. Las víctimas, en su mayoría hombres con antecedentes militares o de seguridad, fueron engañados con contratos falsos de empleo en Rusia, donde terminaron incorporados como soldados en el frente de guerra. Hasta la fecha, 114 peruanos siguen desaparecidos y 300 permanecen alistados en tropas rusas, según datos oficiales de la Cancillería peruana.
El mecanismo operaba en tres fases: captación en Perú con promesas de salarios entre 2.000 y 4.000 dólares mensuales, traslado a Rusia bajo instrucciones estrictas para evitar controles migratorios, y posterior incorporación forzosa al ejército ruso sin conocimiento previo. Los reclutadores, identificados con alias como *Poco Pinto*, *Visio* o *Freddy*, se valían de contactos personales y redes sociales para localizar a personas en situación económica vulnerable, ofreciendo bonos de hasta 20.000 dólares y alojamiento gratuito.
El caso de Pachas, una mujer peruana que perdió el contacto con su hermano tras su llegada a Rusia, es representativo. Su hermano, como otros reclutados, recibió entrenamiento militar en instalaciones rusas y fue enviado al frente sin consentimiento. «Nos han mentido. Nos están mandando como carne de cañón», transmitió en una llamada desde Rusia antes de desaparecer. Testimonios coinciden en describir cómo, tras firmar contratos en ruso sin traducción, los reclutas eran aislados en barracones y privados de comunicación con sus familias.
La Cancillería peruana ha registrado 459 alistamientos confirmados, 11 fallecidos y 3 capturados, aunque las familias estiman que la cifra real supera los 1.200 afectados. El abogado **Salinas**, quien lidera la investigación con decenas de testimonios, comparó el proceso con «armar un rompecabezas con piezas dispersas». Los reclutadores usaban como argumento de venta el precedente de misiones peruanas en Irak, donde los soldados trabajaban para fuerzas internacionales sin riesgos aparentes.
El gobierno ruso, a través de su misión diplomática en Lima, aseguró el 15 de agosto que «todos los ciudadanos peruanos firmaron los contratos de manera consciente». Sin embargo, las familias contradicen esta versión: los reclutas, según mensajes recuperados, desconocían las condiciones reales hasta pisar suelo ruso, donde les requisaban los teléfonos y les prohibían comunicarse.
El perfil de las víctimas: soldados sin experiencia y familias en la ruina
El 80% de los reclutados eran hombres entre 25 y 45 años, muchos con antecedentes en seguridad privada o el ejército peruano. La crisis económica en Perú —con salarios promedio de 500 dólares mensuales— y deudas acumuladas por accidentes o enfermedades fueron el caldo de cultivo. Jordano, un joven de 21 años, recibió una oferta de 25.000 dólares de bono y 4.000 dólares mensuales para un supuesto trabajo de vigilancia. Su madre, al igual que otras familias, no sospechó hasta que su hijo desapareció tras cruzar la frontera.
Los reclutadores reforzaban la credibilidad del engaño con fotos y videos de peruanos supuestamente trabajando en el extranjero, además de mantener un contacto constante vía WhatsApp. Muchos reclutados creían firmar contratos legales para empleos en fábricas o logística, sin advertir que aceptaban condiciones militares. Según los abogados, la red operaba con pagares falsos para «cubrir gastos», lo que impedía a los afectados abandonar el proceso.
Ruta y entrenamiento: de Moscú al frente de guerra
Una vez en Rusia, los reclutas eran recibidos por operadores bilingües en Moscú, quienes los guiaban hacia instalaciones militares. Allí recibían entrenamiento en armas, primeros auxilios y manejo de drones —equipos clave en la guerra en Ucrania—. Los testimonios describen cómo, tras semanas de instrucción, eran enviados directamente al frente, donde su función principal era contrarrestar ataques con drones FPV, un arma determinante en el conflicto.
El abogado **Salinas** detalló que los reclutas aprendían a identificar drones enemigos, derribarlos con escopetas y ejecutar maniobras evasivas. «No eran soldados profesionales, sino civiles sin preparación para un conflicto de esta magnitud», advirtió. Las familias, que han reunido audios y mensajes de los desaparecidos, confirman que muchos fueron obligados a firmar documentos en ruso sin traductor, lo que anula cualquier posibilidad de impugnación legal.
Reacciones y siguientes pasos: ¿responsabilidad de Perú o de Rusia?
Las familias afectadas exigen a la Cancillería peruana que declare la situación como un caso de reclutamiento forzoso y presione a Rusia para la repatriación inmediata de los desaparecidos. Hasta ahora, solo 28 de los 31 evacuados han regresado a Perú, mientras que 114 siguen sin rastro. El gobierno peruano, según fuentes diplomáticas, ha iniciado gestiones con Moscú, aunque sin resultados concretos.
En Rusia, el Ministerio de Defensa no ha respondido a solicitudes de comentarios. La embajada rusa en Lima reiteró su versión de que los peruanos «firmaron de manera consciente», aunque no ha proporcionado pruebas de que los reclutas entendieran las condiciones reales del contrato. Las familias, por su parte, han presentado denuncias ante la Fiscalía peruana por tráfico de personas y engaño, aunque el proceso avanza con lentitud.
El caso revela una red transnacional de reclutamiento que explota la vulnerabilidad económica y la desinformación. Mientras las familias buscan respuestas, los 300 peruanos aún alistados siguen en riesgo, según advierten los abogados. «Esto no es un caso aislado, es un patrón», advirtió **Salinas**. «Y mientras no haya presión internacional, seguirán llegando más peruanos engañados».






