El príncipe heredero de Arabia Saudí y el presidente Al Sisi analizan el cierre del estrecho de Ormuz y las pérdidas de 10.000 millones en el canal de Suez por la guerra en Yemen
Mohamed bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudí, llegó este martes a Egipto para reunirse con el presidente Abdelfattah al Sisi y coordinar una respuesta conjunta a la escalada de ataques hutíes en el mar Rojo y el estrecho de Ormuz, que han paralizado el 20% del tráfico petrolero global. La visita, la primera desde octubre de 2024, se produce cuando Riad enfrenta un colapso económico por el bloqueo de sus rutas comerciales y la caída de sus ingresos por crudo.
El encuentro, anunciado por la Presidencia egipcia, centrará sus conversaciones en «fortalecer las relaciones bilaterales» y en «los acontecimientos regionales e internacionales de interés común», según un comunicado oficial. Entre los temas clave figuran la seguridad del mar Rojo —ribereño para ambos países—, el estrecho de Ormuz —por donde transitaba el 20% del petróleo saudí antes del conflicto— y la situación en Yemen, donde los hutíes, respaldados por Irán, han tomado esta semana el control del estrecho de Bab el Mandeb, punto estratégico para el comercio internacional.
La presión sobre Arabia Saudí es máxima: el cierre del oleoducto Este-Oeste —su principal ruta de exportación— y los ataques con misiles y drones contra sus instalaciones energéticas han reducido su capacidad de suministro en un contexto de tensiones globales. Egipto, por su parte, sufre pérdidas de 10.000 millones de dólares por la caída del tráfico en el canal de Suez —vital para el comercio mundial— y por el desplome del turismo y las remesas de los expatriados egipcios en los países del Golfo.
El contexto: cómo la guerra en Yemen y el bloqueo hutí están ahogando a Arabia Saudí
La ofensiva de los hutíes, respaldados por Irán, ha convertido el mar Rojo en una zona de conflicto activo. Desde julio, el grupo rebelde impone un bloqueo naval que paraliza el tráfico comercial saudí, mientras que en el estrecho de Ormuz —clave para las exportaciones de crudo— Irán ha cerrado el paso desde febrero, cuando comenzó la guerra. La combinación de ambos bloqueos ha reducido la capacidad de exportación de Arabia Saudí, principal productor de la OPEP, en un momento en que la demanda global de petróleo ya está bajo presión por la crisis económica.
El golpe más reciente ha sido la toma del estrecho de Bab el Mandeb por parte de los hutíes, un punto crítico para el comercio internacional que conecta el mar Rojo con el océano Índico. Este avance militar, confirmado esta semana, amenaza con cortar una de las rutas más transitadas del mundo, donde pasan diariamente 20.000 barcos con carga valorada en 12.000 millones de dólares, según datos de la Autoridad del canal de Suez. Para Arabia Saudí, esto significa no solo un aislamiento económico, sino también una vulnerabilidad estratégica: sus instalaciones petroleras en el este del país —como el oleoducto Este-Oeste— ya son blanco habitual de ataques con drones y misiles hutíes.
El cierre del oleoducto Este-Oeste, anunciado el pasado viernes por Riad, es un síntoma claro de la crisis. Esta infraestructura, que conecta los campos petrolíferos del este con los puertos del oeste, era la principal vía de suministro a los mercados globales en un contexto donde el estrecho de Ormuz está bloqueado. Su paralización obliga a Arabia Saudí a buscar rutas alternativas, más caras y lentas, lo que encarece aún más el crudo en un mercado ya pensionado.
Las consecuencias para Egipto: cómo el conflicto en Yemen está hundiendo su economía
Egipto, aunque no es parte directa del conflicto en Yemen, sufre las consecuencias económicas de la guerra. El canal de Suez, que conecta el mar Rojo con el Mediterráneo, ha visto caer sus ingresos en 10.000 millones de dólares desde el inicio de los ataques hutíes, según datos oficiales. Además, el turismo —sector clave para la economía egipcia— ha colapsado, y las remesas de los expatriados egipcios en los países del Golfo han disminuido por la inestabilidad en la región.
Para Al Sisi, la visita de Bin Salmán no es solo un gesto diplomático, sino una necesidad económica. Egipto depende en gran medida de las inversiones y la ayuda saudí, especialmente en un momento en que su moneda, la libra egipcia, ha perdido más del 50% de su valor frente al dólar en los últimos dos años. La reunión con el príncipe heredero saudí podría incluir acuerdos de apoyo financiero o militar para hacer frente a la crisis, aunque no hay detalles concretos sobre posibles compromisos.
El mar Rojo, escenario de la visita, es también el epicentro de la tensión. Con el estrecho de Bab el Mandeb en manos hutíes, cualquier intento de reabrir el tráfico comercial en la zona se enfrenta a un obstáculo militar. La alianza entre Egipto y Arabia Saudí —dos potencias regionales con intereses comunes— podría ser clave para buscar una solución, pero hasta ahora no hay señales de un plan conjunto más allá de las conversaciones bilaterales.
¿Qué se juegan Al Sisi y Bin Salmán en esta reunión?
Para Mohamed bin Salmán, la visita a Egipto es una apuesta por consolidar una alianza estratégica en un momento de debilidad. Arabia Saudí necesita estabilidad en sus rutas comerciales, y Egipto, con su posición geográfica y su ejército, puede ser un aliado clave. Sin embargo, el príncipe heredero enfrenta también presiones internas: la economía saudí se contrae, y la dependencia del petróleo —ahora amenazada por los bloqueos— pone en riesgo su legitimidad.
Por su parte, Abdelfattah al Sisi busca asegurar el apoyo saudí en un contexto de crisis económica y política. Egipto ha recibido en el pasado ayuda financiera de Riad, pero la situación actual exige un compromiso más sólido. La reunión podría incluir acuerdos de seguridad conjunta, como el despliegue de fuerzas egipcias en el mar Rojo para proteger el tráfico comercial, aunque esto supondría un escalado militar en una zona ya de por sí explosiva.
Lo que está claro es que, sin una solución rápida al bloqueo hutí y al conflicto en Yemen, tanto Arabia Saudí como Egipto enfrentan un futuro económico incierto. Para Riad, la pérdida de ingresos por el petróleo y el cierre de rutas comerciales podría agravar su crisis interna. Para El Cairo, la caída del turismo y las remesas —junto con la devaluación de la libra— amenaza con profundizar su recesión. La visita de Bin Salmán, por tanto, no es solo un encuentro diplomático, sino una carrera contra el tiempo para evitar un colapso mayor.







