El recuento oficial confirma 176 diputados para el bloque socialdemócrata frente a los 173 del primer ministro saliente, en unas elecciones marcadas por la fragmentación parlamentaria y la incapacidad para formar gobierno en anteriores procesos
El bloque de izquierda liderado por la socialdemócrata Magdalena Anderson ha logrado imponerse por un solo escaño en las elecciones legislativas celebradas este domingo en Suecia, según el recuento definitivo de la autoridad electoral del país. Con 176 diputados, la coalición progresista supera al bloque conservador del primer ministro saliente Ulf Kristersson, que obtuvo 173 escaños.
Estos resultados consolidan una tendencia histórica: Suecia vive su quinta convocatoria electoral en tres años, un récord en la democracia del país que refleja la dificultad crónica para formar gobierno estable tras cada cita con las urnas. La diferencia de solo tres escaños entre ambos bloques —la izquierda sumó tres más que en las elecciones de 2022— deja un parlamento fragmentado, donde ni la izquierda ni la derecha alcanzan la mayoría absoluta necesaria para gobernar sin alianzas.
Anderson, que ya intentó formar gobierno en 2022 sin éxito, deberá ahora buscar socios para desbloquear la situación. Su principal aliado potencial es el partido de centro Liberales, con 31 escaños, pero las tensiones internas en la coalición de izquierda —especialmente con los Verdes, que obtuvieron 20 escaños— podrían complicar las negociaciones. Por su parte, Kristersson, del partido Moderados, necesitaría sumar al Partido Demócrata Sueco (ultraderecha, 20 escaños) o a los Demócratas Cristianos (20 escaños) para igualar o superar a la izquierda, una opción que enfrenta rechazo en su propio bloque.
El contexto de una democracia en stand-by
Suecia no logra formar gobierno desde 2022, cuando Kristersson logró un acuerdo con los Demócratas Suecos para gobernar, pero su coalición se fracturó en 2024 por disputas internas. Las elecciones de 2024, celebradas tras la caída del ejecutivo, tampoco resolvieron la parálisis: la izquierda de Anderson obtuvo 173 escaños (tres menos que ahora), mientras la derecha sumó 176, pero ninguna formación quiso repetir la alianza con la ultraderecha. El resultado fue un gobierno interino sin mayoría parlamentaria, que dependió de acuerdos puntuales con otros partidos.
Este escenario refleja dos patrones estructurales: por un lado, el crecimiento de la ultraderecha (el Partido Demócrata Sueco dobló sus escaños desde 2018, pasando de 17 a 20 en esta legislatura), que actúa como bisagra en cualquier posible coalición; y por otro, el rechazo ciudadano a repetir fórmulas fallidas, como demostró el descenso de los Moderados (de 73 a 67 escaños) y los Socialdemócratas (de 107 a 97), partidos que han gobernado alternativamente desde 2014.
¿Qué pasa ahora? Tres escenarios posibles
Anderson tiene 14 días para lograr un acuerdo de gobierno, según la ley sueca. Los tres escenarios más probables son:
- Coalición izquierda-centro: Andersson buscará sumar a los Liberales (31 escaños), pero su programa de políticas sociales y fiscales choca con la línea más liberal de este partido. Los Verdes, clave en 2022, podrían bloquear cualquier pacto que implique concesiones a los Liberales.
- Gobierno minoritario con apoyo externo: Una opción similar a la de 2024-2026, donde el ejecutivo dependería de acuerdos puntuales con partidos menores, como los Izquierdistas (22 escaños) o los Verdes. Sin embargo, esto dejaría al gobierno a merced de votaciones de confianza frecuentes.
- Nuevas elecciones en 2027: Si ninguna alianza es posible, el parlamento podría disolver sus cámaras y convocar elecciones anticipadas, repitiendo el ciclo de inestabilidad. Esto es lo que ocurrió en 2022, cuando tras dos intentos fallidos de formar gobierno se repitieron las urnas.
Mientras tanto, la ultraderecha —que ha ganado escaños en todas las convocatorias desde 2018— podría presionar para ser clave en cualquier negociación, aunque su alianza con los conservadores en 2022-2024 llevó a protestas masivas y al rechazo de la mayoría de la población.
El resultado también tiene implicaciones internacionales: Suecia, que aspira a entrar en la OTAN, necesita estabilidad política para avanzar en su adhesión. Un gobierno fragmentado o en minoría podría retrasar el proceso, ya que los aliados de la alianza atlántica exigen reformas de defensa y seguridad que requieren mayorías parlamentarias sólidas.







