El presidente estadounidense vincula el estancamiento de las negociaciones en Pakistán a la ofensiva lanzada en febrero contra Irán, en un conflicto que ya supera los seis meses
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha afirmado este jueves que espera que el conflicto con Irán «esté cerca de su fin» y ha insistido en que Teherán «quiere lograr un acuerdo». Sus declaraciones llegan en un momento de estancamiento en las conversaciones mediadas por Pakistán para poner fin a la guerra abierta en febrero, tras la ofensiva lanzada por EE.UU. e Israel contra el país asiático.
Trump no ha detallado plazos ni condiciones concretas, pero ha subrayado que la presión diplomática sigue activa. Sus palabras contrastan con el tono más beligerante de su administración durante los primeros meses del conflicto, cuando se descartó cualquier negociación directa con Irán.
El contexto de la guerra: una ofensiva que escaló en febrero
El conflicto comenzó el 14 de febrero de 2026, cuando EE.UU. e Israel lanzaron una serie de ataques aéreos y cibernéticos contra instalaciones iraníes, en respuesta a lo que Washington calificó como «amenazas crecientes» por parte de Teherán. La escalada incluyó el bombardeo de una central nuclear en desarrollo y ataques a bases militares iraníes en Siria y Yemen, controladas por milicias respaldadas por Irán.
Pakistán, como país neutral, asumió el papel de mediador desde marzo, aunque las negociaciones se han estancado en los últimos dos meses sin avances significativos. Según fuentes diplomáticas citadas por agencias internacionales, las diferencias se centran en la retirada de las sanciones económicas impuestas a Irán y en la garantía de que Teherán no retomará su programa nuclear a gran escala.
¿Qué se juega cada actor?
Para Irán, un acuerdo ahora sería una victoria política interna, especialmente tras las protestas masivas de 2025 contra la represión del régimen. Sin embargo, cualquier concesión en el ámbito nuclear o militar debilitaría su imagen de resistencia frente a Occidente. Estados Unidos, por su parte, busca evitar una escalada regional que afecte a sus aliados en Oriente Medio, como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que han presionado a Trump para buscar una salida negociada.
Israel, aunque no ha emitido declaraciones públicas recientes, mantiene una postura de «cero concesiones» en lo relativo a la seguridad de sus fronteras. Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha dejado claro en privado que cualquier acuerdo con Irán debe incluir la retirada total de las milicias respaldadas por Teherán desde Siria y Líbano.
Pakistán, como anfitrión de las negociaciones, tiene en juego su estabilidad interna. El país ya enfrenta tensiones con EE.UU. por su relación con Irán, y un fracaso en la mediación podría debilitar aún más su posición geopolítica en la región.
La comunidad internacional, especialmente la UE y China, observa con preocupación cómo un conflicto prolongado podría desestabilizar los precios del petróleo y reactivar la crisis migratoria en el Mediterráneo, con miles de iraníes intentando llegar a Europa en embarcaciones precarias.







