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Lun. Sep 14th, 2026
Irán bloquea el 90% del petróleo global
Wikimedia Commons (Mohammed bin Salman Al Saud)
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Los hutíes toman Moca y Perim en el mar Rojo; milicias iraquíes atacan el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí; el precio del barril sube con tres rutas bloqueadas y el riesgo de crisis energética global

Teherán ha logrado en menos de dos semanas lo que seis meses de bombardeos israelíes y estadounidenses no consiguieron: paralizar el 90% del tráfico petrolero mundial. Los hutíes yemeníes, aliados de Irán, capturaron el 12 de septiembre la ciudad portuaria de Moca y la isla estratégica de Perim en el estrecho de Bab el-Mandeb, controlando ahora toda la costa yemení en el mar Rojo. Mientras, milicias chiíes iraquíes atacaron el 10 de septiembre el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, forzando su cierre. Con el estrecho de Ormuz también bloqueado, las tres rutas clave de exportación de crudo están paralizadas: el tráfico de petroleros ha caído de 70 diarios a menos de 30 en Bab el-Mandeb y de 60 a 5 en Ormuz, mientras Arabia Saudí detiene todas sus exportaciones.

El resultado es inmediato: el precio del barril de petróleo ha comenzado a dispararse, y el riesgo de una crisis energética global se agrava con el invierno approach. Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de EE.UU., ha pedido públicamente a Volodímir Zelenski que suspenda los bombardeos ucranianos contra refinerías rusas para evitar un colapso del suministro de diésel, una petición que ya había realizado Joe Biden en 2024. La estrategia iraní, según analistas militares occidentales, consiste en infligir daños económicos a sus enemigos —petroleros, puertos, desaladoras— para forzar un armisticio por agotamiento.

El golpe más duro recae sobre Arabia Saudí, cuyo príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, ha pedido sin éxito apoyo militar a Trump, quien solo ofreció inteligencia por satélite. Riad, aliado histórico de EE.UU. desde 1945, se enfrenta ahora a un aislamiento regional: ni Turquía ni Pakistán, firmantes del Pacto de Defensa de La Meca en agosto, han respondido a su llamada. Mientras, Irán suministra drones, misiles y inteligencia a sus aliados —incluyendo datos proporcionados por Rusia y China—, según fuentes militares occidentales.

La situación recuerda a la doctrina de la destrucción mutua económica, empleada por Putin y Zelenski en Ucrania: atacar infraestructuras críticas para debilitar al enemigo. En este caso, los daños en refinerías rusas han reducido su exportación de crudo en un tercio, mientras el bloqueo del mar Negro limita el envío de cereales. Para Europa y Asia, importadoras clave, el encarecimiento del petróleo se suma a la inflación de alimentos y fertilizantes, ya visible desde antes del verano.

El eje de la resistencia vs. el fracaso saudí

Irán no solo resiste los bombardeos, sino que amplía su influencia. Los hutíes, en guerra civil desde 2014, han demostrado capacidad para operar con rapidez: la captura de Moca y Perim en menos de 48 horas les da control total sobre el tráfico en Bab el-Mandeb, donde la OTAN y países árabes ya han desplegado barcos y aviones. El estrecho es vital para el 12% del comercio mundial, incluyendo el 30% del petróleo que consume Europa. Arabia Saudí, por su parte, invierte 80.000 millones anuales en su ejército, pero su intervención en Yemen —con apoyo aéreo, mercenarios y fondos— ha fracasado. El gobierno de Adén, reconocido internacionalmente, depende ahora de Riad, pero sin respaldo externo.

La pesadilla saudí es que otros países del Consejo del Golfo negocien con Irán una paz económica, a pesar de las tensiones históricas entre árabes y persas. Yibuti, con bases militares de EE.UU., China, Japón, Italia y Francia, y la autoproclamada República de Somalilandia (reconocida solo por Israel) podrían verse arrastradas al conflicto si la situación escalara. Mientras, Trump prioriza su campaña electoral y las tensiones con Irán, dejando a Zelenski sin respaldo para sus ataques a Rusia.

¿Victoria táctica de Teherán y Moscú?

La estrategia iraní combina guerra económica y resistencia militar. Al atacar infraestructuras —no portaaviones— busca colapsar economías dependientes del petróleo, como las de Europa y Asia. Rusia, aunque también afectada por los daños en sus refinerías, se beneficia de la presión sobre Occidente. La reducción de exportaciones rusas de crudo (un tercio menos) y cereales (por el bloqueo del mar Negro) refuerza su posición en las negociaciones. Para Putin y Zelenski, la táctica funciona: el enemigo se debilita sin necesidad de avances territoriales.

El riesgo de una crisis global —inflación, paro, descontento— podría forzar a las potencias a un alto el fuego. Si así fuera, Irán y Rusia habrían logrado una victoria táctica: tiempo para recuperarse y presión sobre EE.UU. e Israel. Mientras, Arabia Saudí y la UE aparecen como los más débiles. La pregunta es si Occidente cederá antes de que el invierno agrave la escasez de combustibles.

Los hutíes, como los charlies en Vietnam o los muyahidines en Afganistán, demuestran que el poder de la guerrilla —drones baratos, ataques asimétricos— puede vencer al poderío militar convencional. Para Teherán, la lección es clara: la destrucción mutua económica es más efectiva que los enfrentamientos directos.

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