El régimen de Kim Jong-un confirma el uso de sistemas avanzados como misiles balísticos tácticos y lanzacohetes múltiples desde Wonsan, en respuesta a los ejercicios ‘Freedom Edge’
Seúl, 14 de septiembre de 2026 — Corea del Norte realizó este sábado un ejercicio militar con lanzamiento de misiles balísticos tácticos, drones de ataque y artillería desde la ciudad portuaria de Won san, según confirmó la agencia estatal KINA. El régimen norcoreano detalló que las pruebas, que incluyeron sistemas como misiles de crucero y lanzacohetes múltiples, alcanzaron sus objetivos con una precisión del 100%. El ejercicio se produjo horas después de que Corea del Sur, Estados Unidos y Japón concluyeran las maniobras militares ‘Freedom Edge’, que reunieron fuerzas marítimas, aéreas y cibernéticas.
El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur detectó los lanzamientos a las 5:20 hora local (20:20 GMT del viernes) y los identificó como proyectiles de corto alcance dirigidos hacia el mar de Japón. Según la KINA, el ejercicio norcoreano incluyó ‘nuevos sistemas de combate’, como drones de ataque, misiles balísticos tácticos y lanzacohetes múltiples de gran calibre, todos probados con éxito.
El ministro de Defensa norcoreano, Kim Song-gi, había advertido esta misma semana de ‘contramedidas’ ante las maniobras trilateral, acusando a Washington de mantener una cadena ininterrumpida de ejercicios militares. Las pruebas norcoreanas se desarrollaron pese a que Corea del Sur y EE.UU.
El contexto de las tensiones en la península coreana
Las maniobras ‘Freedom Edge’ reunieron por primera vez a tropas de Corea del Sur, Estados Unidos y Japón para mejorar la coordinación defensiva en un escenario donde el régimen norcoreano ha intensificado sus pruebas de misiles en los últimos meses. Según datos del Ministerio de Defensa surcoreano, desde enero de 2026, Corea del Norte ha realizado al menos 12 lanzamientos de proyectiles, incluyendo misiles balísticos de corto y medio alcance, en respuesta a lo que Pyongyang considera ‘provocaciones’ de Seúl y Washington.
El ejercicio ‘Ulchi Freedom Shield’, reducido en agosto, es el mayor simulacro anual entre Corea del Sur y EE.UU., con un enfoque en operaciones combinadas. Su escala se ajusta cada año según las circunstancias geopolíticas, aunque en 2026 se mantuvo un componente clave: la participación de fuerzas estadounidenses, incluyendo el despliegue de bombarderos estratégicos B-1B y B-52 en la región.
¿Qué implica este ejercicio para la estabilidad regional?
El lanzamiento de misiles norcoreanos desde Won san, una ciudad estratégica en la costa este del país, refuerza la percepción de que Pyongyang busca disuadir a sus vecinos mediante demostraciones de fuerza tecnológica. Los sistemas probados —como misiles balísticos tácticos y drones de ataque— sugieren un avance en capacidades que podrían afectar tanto a bases militares surcoreanas como a infraestructuras críticas en Japón.
Para Seúl, el ejercicio norcoreano subraya la necesidad de mantener una postura firme frente a las provocaciones, especialmente en un momento en que el gobierno surcoreano, liderado por Yoon Suk-yeol, enfrenta presiones internas por su manejo de la relación con Pyongyang. Mientras, Washington se enfrenta a un dilema: equilibrar la disuasión militar con el deseo de reabrir canales de diálogo, como lo ha expresado Donald Trump en sus declaraciones públicas.
En Japón, el ejercicio norcoreano ha reavivado debates sobre la necesidad de reforzar las defensas antimisiles, especialmente en regiones costeras como Hokkaido y Kyushu, donde los proyectiles norcoreanos han caído con frecuencia en los últimos años. El primer ministro japonés, Fumio Kishida, ha instado a una respuesta unificada con Corea del Sur y EE.UU., aunque sin descartar medidas unilaterales si la situación lo requiere.
El ejercicio norcoreano también llega en un momento crítico para la diplomacia internacional, con la ONU y el Consejo de Seguridad observando de cerca los movimientos en la península. La última resolución del Consejo, aprobada en 2022, mantiene sanciones a Corea del Norte por sus programas de armas, aunque su cumplimiento ha sido limitado debido a las divisiones entre los miembros permanentes.
La secuencia de los hechos refuerza la lectura de que Pyongyang calibró su respuesta para coincidir con el cierre de las maniobras trilaterales: el ejercicio norcoreano se produjo el sábado 12 de septiembre, apenas un día después de que concluyeran los cinco días de entrenamiento conjunto de Corea del Sur, Estados Unidos y Japón. La propia KINA subrayó que las unidades participantes pertenecían a «unidades combinadas de todos los niveles» del Ejército, lo que sugiere una coordinación entre distintas ramas y no una prueba aislada de un solo sistema de armas.
El episodio también deja una señal sobre el calendario diplomático: la reducción del ‘Ulchi Freedom Shield’ en agosto y el interés declarado de Trump por retomar el diálogo con Kim Jong-un no impidieron que Pyongyang mantuviera su demostración de fuerza, lo que evidencia que la vía negociadora y la presión militar siguen avanzando en paralelo en la península.







