El presidente del Gobierno califica los procesos judiciales a su esposa y a su hermano de «ataque personal» y «política sucia».
Durante un coloquio con estudiantes españoles en la Universidad de Harvard, Pedro Sánchez desligó este jueves las investigaciones judiciales abiertas contra su esposa y su hermano de cualquier caso de corrupción. El jefe del Ejecutivo defendió la inocencia de ambos familiares directos ante las preguntas del alumnado. Aseguró que estos procesos responden en realidad a un «ataque personal» orquestado por formaciones de la oposición y colectivos situados en la extrema derecha.
El presidente admitió que han existido irregularidades reales en el entorno de su propia formación política, en clara referencia al caso Koldo. Subrayó que frente a esas conductas la obligación de un gabinete es reaccionar de forma tajante. En contraste, argumentó que las causas sobre su familia representan «otro asunto que lleva a la política sucia, pero no a la corrupción». Criticó que se emitan condenas públicas previas sin respetar la presunción de inocencia de los afectados.
La conversación académica abordó asimismo las sospechas sobre el espionaje telefónico ejecutado mediante el programa Pegasus. Sánchez reconoció la existencia del ataque informático contra su dispositivo móvil y el de varios ministros. No obstante, negó cualquier conexión entre esa intrusión y el giro diplomático de Madrid respecto al Sáhara Occidental. Reiteró el respaldo español a la propuesta de autonomía marroquí y remarcó las partidas de auxilio humanitario enviadas a los campamentos saharauis.
El debate concluyó con referencias a la crisis política venezolana y a la labor de mediación desempeñada por José Luis Rodríguez Zapatero. Frente a las dudas planteadas en la sala, Sánchez recordó que España no avaló los comicios presidenciales proclamados por Nicolás Maduro. Afirmó que la diplomacia nacional reclama elecciones libres y el pleno protagonismo de la sociedad civil local.
En su conferencia previa, el líder socialista alertó frente al poder de las grandes corporaciones digitales. Pidió no creer «ni de coña» las promesas de los tecno oligarcas que concentran el desarrollo de algoritmos de inteligencia artificial. Presentó a España como un futuro banco de pruebas regulatorio para limitar su influencia global.


