El gobernador de Oremburgo admite escasez de combustible y autoriza gasolina de baja calidad para paliar el déficit
El gobernador de la región rusa de Gotemburgo, Yevgueni Sólntsev, confirmó este jueves que la refinería de Orsk, atacada por drones ucranianos el pasado 11 de agosto, quedó completamente inoperativa y requerirá hasta seis meses de reparaciones. Sólntsev advirtió en redes sociales que la planta, ubicada al pie de los Urales, sufrió daños en «infraestructura clave» con equipos importados, cuya reparación se ve obstaculizada por las sanciones internacionales.
La paralización agrava la crisis de abastecimiento de combustible en Rusia, que comenzó a finales de mayo tras una oleada de ataques ucranianos contra depósitos y refinerías. Aunque las autoridades habían anunciado una estabilización en julio, la escasez persiste: solo el 80 % de las 287 gasolineras de Gotemburgo funcionan con normalidad. Para mitigar el déficit, el Gobierno ruso autorizó el pasado 5 de agosto la comercialización de combustible Euro-2 —de calidad muy inferior al estándar Euro-5—, una medida que expertos advierten podría dañar motores modernos por sus componentes corrosivos.
La refinería de Orsk no es la única afectada. En las últimas semanas, Ucrania ha atacado al menos cinco plantas clave en la parte europea de Rusia, incluyendo las de Riazán, Timen, Estovo (atacada cuatro veces en 2026), Rishi y Nizhnikamsk. Según el portal independiente The Insider, el volumen de refinación de petróleo en 2024 cayó a 267 millones de toneladas, el nivel más bajo desde 2012, con pérdidas directas en 2025 que superan los 100.000 millones de rublos (1.189 millones de dólares).
Ante la reducción de capacidad, Rusia ha recurrido a importaciones de gasolina, como la partida procedente de India el 5 de agosto. Sin embargo, la dependencia de combustibles extranjeros choca con las sanciones occidentales, que limitan el acceso a tecnología y repuestos. Las empresas extractoras también han reducido su producción por congestión en gasoductos y puertos, agravando la crisis logística.
El ataque a Orsk se enmarca en una estrategia ucraniana para debilitar la economía rusa, centrada en infraestructuras energéticas. Mientras, el Kremlin mantiene su discurso de «resistencia», aunque la escasez de combustible y la caída en la refinación —un 15 % menos que en 2023— amenazan tanto el suministro interno como las exportaciones, clave para financiar la guerra.
Fuente: La Razón (Internacional)
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