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Vie. Sep 25th, 2026
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El primer ministro Balendra Shah acusa a la comunidad internacional de ignorar la advertencia del Himalaya: el desastre, vinculado al cambio climático, deja pueblos enteros arrasados y una reconstrucción bloqueada por la inestabilidad del terreno

Balandra Shah, primer ministro de Nepal, advirtió este jueves en la Asamblea General de la ONU que la avalancha del Langtang Lirung —que dejó 1.451 cadáveres recuperados y 5.700 personas desaparecidas— fue una «advertencia para el mundo» sobre los efectos del cambio climático. El desastre, ocurrido el 26 de agosto cuando una masa de hielo y roca de 600 metros de ancho se desprendió a 5.200 metros de altitud, arrasó valles enteros en solo siete minutos, desplazando a 32.000 niños según UNICEF y dejando 500 menores sin padres reconocidos legalmente por la burocracia nepalí, que exige 12 años de espera para declarar una muerte por desastre natural.

El fenómeno, descrito por expertos como «sin precedentes», combinó el retroceso del glaciar Langtang-Lirung, las nevadas excepcionales de 2025 y un verano con temperaturas 1,5 grados más altas que la media, según el informe de World Weather Attribution. Friederike Otto, climatóloga del Imperial College de Londres, aseguró que «no cabe duda» de que el cambio climático aceleró la catástrofe al debilitar el permafrost —el «cemento natural» de las montañas—. El primer ministro Shah denunció que Nepal, responsable de solo una décima de un 1% de las emisiones globales, «paga un precio altísimo» por una crisis que no generó.

Mientras, la reconstrucción avanza a ritmo lento. En el distrito de Nuwakot, donde Ram Tahúr, un niño de 9 años, lleva 27 días durmiendo en un aula convertida en refugio, las autoridades luchan contra escombros de hasta ocho metros de profundidad y un río que cambió de curso. Solo uno de cada 40 puentes sigue en pie, obligando al Programa Mundial de Alimentos a repartir ayuda en helicóptero. Sara Netzer, de UNOS, describió zonas arrasadas como un «paisaje apocalíptico»: casas desplazadas 150 metros, libros escolares y zapatos entre los restos, y comunidades sin saber dónde reconstruir.

El desastre expuso la vulnerabilidad de un país donde el 80% de la población vive en zonas montañosas y cuya economía depende de proyectos hidroeléctricos y turismo en valles cada vez más expuestos. Expertos advierten que el Himalaya se convierte en un territorio de «peligros encadenados»: una avalancha puede bloquear un río, formar un lago temporal y, al reventar, generar una riada de escombros. Walter Impérele, hidrólogo de la Universidad de Utrecht, alertó sobre cambios «fundamentales e irreversibles» en la región.

El laberinto legal de los huérfanos del desastre

Nepal enfrenta un problema adicional: su marco legal no reconoce rápidamente a los huérfanos de catástrofes. Según la ley, una persona desaparecida no puede ser declarada muerta hasta transcurridos 12 años, salvo que un tribunal emita una «declaración judicial de defunción por desastre». Esto deja a cientos de menores en un limbo burocrático: técnicamente, sus padres no han muerto, pero tampoco han regresado. En la práctica, muchos niños —como los 27 que comparten aula en Nuwakot— llevan semanas sin figuras parentales.

UNICEF calcula que más de 500 niños podrían quedar en esta situación. Algunos, como Ram Tahúr, aún preguntan cada tarde por sus padres. Otros han dejado de hacerlo. Las autoridades nepalíes intentan agilizar los trámites, pero la falta de registros actualizados en zonas rurales complica el proceso. Mientras, organizaciones como Save the Children denuncian que la prioridad debe ser proteger a estos menores, no solo reconstruir infraestructuras.

La respuesta internacional: préstamos vs. apoyo real

Shah exigió en la ONU «un apoyo adecuado», no solo «megapréstamos o subvenciones pequeñas». Su discurso contrastó con la lentitud de la respuesta internacional. Aunque países como India y China enviaron ayuda humanitaria inicial, los fondos para reconstrucción siguen siendo insuficientes. UNOS calcula que se necesitarán más de 500 millones de dólares solo para estabilizar el terreno y reparar puentes, pero hasta ahora solo se han comprometido 120 millones.

El primer ministro criticó que la comunidad global «no ha escuchado la advertencia» del Himalaya. Su llamado se produce cuando estudios recientes señalan que el 30% de los glaciares del Nepal podrían desaparecer para 2050, aumentando el riesgo de avalanchas e inundaciones. Mientras, en los refugios temporales, niños como Ram siguen esperando una respuesta que, por ahora, llega tarde.

La catástrofe del Langtang Lirung no solo es un drama humano, sino un síntoma de un problema global: cómo los países más vulnerables —los que menos contribuyen al cambio climático— pagan el precio más alto. Para Nepal, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuánto tiempo tardará el mundo en responder?

El colapso se originó en la ladera norte del Langtang Lirung, cerca de la frontera entre Nepal y China, y liberó una energía comparable a la de un terremoto de magnitud 5,2. La avalancha recorrió unos 20 kilómetros y descendió 1.700 metros hasta la zona de Rasuwagadhi en apenas siete minutos, arrasando asentamientos, carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y puestos fronterizos. No fue una inundación clásica, sino una reacción en cadena: la montaña se vino abajo, el hielo se fundió casi de forma instantánea por la fricción y la presión del derrumbe, el río quedó temporalmente bloqueado y después reventó convertido en una lengua de agua, barro y piedras.

En medio del caos, la historia de Ram Tahúr resume la dimensión humana del desastre. El niño recuerda la mano de su madre tirando de él cuesta arriba, entre gritos, mientras el agua marrón empezaba a subir por la ladera. Antes de soltarlo, le gritó en nepalí: le gritó que subiera más rápido y que no mirara atrás. Ram obedeció, corrió sin mirar y, cuando por fin volvió la cabeza, su madre ya no estaba. Tampoco ha vuelto su padre. Su caso, recogido por Al Jazeera, forma parte de una generación de huérfanos del desastre: más de 500 menores repartidos en refugios temporales de los distritos golpeados, algunos de los cuales siguen preguntando cada tarde cuándo vendrán a recogerlos.

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