La ministra indica que la próxima semana se habilitarán mil plazas adicionales y critica la falta de colaboración de Ceuta en las dos primeras semanas
La ministra de Sanidad, Mónica García, ha confirmado que los 3.800 migrantes que llegaron a Ceuta los pasados 30 y 31 de julio permanecerán en albergues mientras se habilitan nuevos espacios, y espera que el proceso de realojamiento concluya en dos o tres semanas.
García ha precisado que en la semana siguiente se abrirán mil plazas más, siempre que el Ayuntamiento de Ceuta consienta la cesión de lugares, condición que, según la ministra, ha cambiado recientemente tras una actitud de desidia inicial.
La titular subraya que sin un calendario de realojos no es posible garantizar techo, agua, condiciones dignas ni la protección de derechos básicos, y advierte que la falta de alojamiento impide cualquier estudio epidemiológico o reagrupación familiar.
Comparando la gestión actual con la de 2021, García señala que entonces hubo mayor agilidad para sacar a la gente de la calle, mientras que ahora el Gobierno carece de capacidad para desplazar a los migrantes sin el consentimiento de la autoridad local.
La ministra también ha calificado la crisis como un ataque a la soberanía española y ha atribuido responsabilidad a Marruecos, señalando que el episodio forma parte de un intento de desestabilización que trasciende la frontera y se vincula a la ultraderechización internacional.
Finalmente, García ha reiterado que España no realizará expulsiones ilegales ni vulnerará derechos humanos, pese a las acusaciones de tardanza por parte de algunos sectores.
García añadió que es imposible filiar a la gente, hacer reagrupación familiar o un estudio epidemiológico en una playa, y que la falta de realojos impide cualquier acción sanitaria o social efectiva.
Asimismo, la ministra destacó que Ceuta ha avanzado a que haya emplazamientos seguros donde llevar a cabo todas estas labores, señalando un cambio de actitud que facilita la coordinación con el Gobierno para la gestión de la crisis.
Fuente: La Razón







