El primer ministro indio adopta un tono desenfadado en Instagram mientras su Gobierno enfrenta protestas masivas de jóvenes por desempleo y corrupción
El primer ministro de India, Narendra Modi, ha transformado su comunicación en redes sociales con vídeos informales en los que aparece con chaquetas de motorista, música rap y referencias a series como Friendo. La estrategia, lanzada en las últimas semanas, busca conectar con la generación Z, un bloque electoral clave para las elecciones generales de 2029, donde Modi podría aspirar a un cuarto mandato.
El cambio no es aislado: ministros y altos funcionarios del Gobierno han seguido su ejemplo, publicando contenidos más cercanos y menos institucionales. Detrás de esta ofensiva digital late una preocupación electoral. Más de la mitad de la población india tiene menos de 35 años, y la generación Z —criada con Modi en el poder— está redefiniendo los códigos políticos: memes en lugar de mítines, influencers en vez de portavoces y movimientos virales que saltan de Instagram a las calles en horas.
La presión sobre el Gobierno se intensificó tras el escándalo del examen médico amañado en junio, que obligó a repetir la prueba a dos millones de aspirantes. Al menos veinte estudiantes se suicidaron durante la crisis, y las protestas escalaron hasta forzar la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan. El detonante fue la creación del Partido Janata de la Cucaracha, una parodia política que surgió en redes tras un insulto del presidente del Tribunal Supremo a los jóvenes desempleados.
Las movilizaciones, que comenzaron en Delhi y se extendieron a Bombay y Calcuta, adquirieron un tono carnavalesco: pancartas satíricas, música y bromas contra Modi. Analistas indios interpretaron la dimisión de Pradhan como una humillación para el primer ministro, acostumbrado a controlar los tiempos políticos. Aunque el Bharatiya Janata Party (BJP) —partido de Modi— domina el Gobierno con una maquinaria electoral sofisticada, las protestas revelaron un desafío inesperado: jóvenes urbanos, educados y de castas superiores, tradicionalmente afines al BJP, se sumaron a las marchas.
El desempleo juvenil es el trasfondo de la crisis. India crece económicamente, pero millones de graduados no encuentran trabajos acordes a sus expectativas. El antropólogo Craig Jeffrey acuñó el término timpas para describir la interminable espera entre los estudios y el empleo, un fenómeno que ha llevado a familias a hipotecar tierras o gastar sus ahorros en academias preparatorias. La protesta, sin embargo, no se limita a sectores opositores: incluso votantes históricos del BJP cuestionan ahora el discurso de Modi, que prometió devolver el poder al «ciudadano común» frente a las élites de Nueva Delhi.
Freedom House clasifica a India como un país «parcialmente libre», y Reporteros Sin Fronteras la sitúa en el puesto 157 de 180 en libertad de prensa. Mientras Modi intenta adaptarse a las nuevas reglas del juego digital, las «cucarachas» —como se autodenominan los jóvenes movilizados— han creado una esfera política alternativa en redes, donde el humor y la irreverencia desafían el control tradicional del BJP sobre el relato público.
Fuente: El Mundo







