Expertos advierten que el sistema pervierte su objetivo con avisos preventivos masivos que llegan cuando el daño ya está hecho
El sistema de avisos móviles Es-Alert volvió a enviar alertas tarde esta semana en Comunitat Valenciana y Cataluña, cuando las calles ya estaban anegadas por las tormentas, reabriendo el debate sobre su eficacia. El episodio repite el patrón de la dana de Valencia en 2023, cuando las alertas llegaron demasiado tarde para evitar daños, pero también generaron una ola de avisos preventivos que, según expertos, distorsiona su función original.
Es-Alert, creado en 2023 para alertar sobre riesgos graves como inundaciones o incendios, no cumple su objetivo cuando los mensajes llegan una vez el fenómeno ya está en marcha. En esta ocasión, las tormentas en el Mediterráneo provocaron inundaciones en zonas urbanas antes de que los avisos móviles llegaran a los ciudadanos, según confirmaron fuentes de Protección Civil consultadas. Este retraso repetido —ya documentado en episodios como la dana de Valencia— desvirtúa el sistema, diseñado para prevenir y no para informar tras el hecho.
El problema no es solo la tardanza, sino la saturación de alertas que generan. Expertos en gestión de riesgos, citados en informes previos, advirtieron que el envío masivo de avisos preventivos —como ocurrió tras la dana— acaba restando credibilidad al sistema. Los ciudadanos, acostumbrados a recibir alertas cuando el peligro ya es inminente, dejan de reaccionar a tiempo, y las instituciones pierden una herramienta clave para la prevención.
El sistema, gestionado por el Ministerio del Interior en coordinación con las comunidades autónomas, depende de datos meteorológicos en tiempo real y de la activación por parte de los gobiernos regionales. Sin embargo, la falta de sincronización entre las alertas meteorológicas y su difusión —como ocurrió esta semana— deja a los ciudadanos desprotegidos. Mientras, el debate técnico y político sobre cómo mejorar el sistema sigue abierto, sin avances concretos que eviten que la historia se repita.
Lo que está en juego no es solo la eficacia de Es-Alert, sino la confianza ciudadana en las alertas de emergencia. Si los avisos llegan tarde o en exceso, el riesgo real —como inundaciones o cortes de suministro— puede convertirse en una crisis gestionable o en un desastre. La pregunta ahora es si las comunidades autónomas y el Gobierno central toman medidas urgentes para corregir el fallo, o si el sistema seguirá siendo un instrumento de reacción en lugar de prevención.







