La ley de Memoria Democrática disparó el CERA en 461.858 personas (20%) desde 2022, pero el Tribunal Supremo frena su impacto electoral al exigir probar el exilio de los abuelos
Illán de Vacas, el municipio más pequeño de España hasta 2022, ya no lo es: su censo electoral de 10 personas —5 residentes y 5 inscritos en el Censo de Residentes Ausentes (CERA)— lo sitúa por encima de media docena de localidades con menos votantes. La ley de Memoria Democrática, aprobada en octubre de 2022, multiplicó su voto exterior hasta igualar al local, un fenómeno que se repite en 167 municipios españoles donde el CERA supera ahora el 50% del censo total.
El crecimiento del voto exterior en el país alcanza el 20% desde la aprobación de la norma: 461.858 nuevas inscripciones en el CERA, hasta los 2.747.688 inscritos (7,1% del censo total). Sin embargo, el Tribunal Supremo ha paralizado su efecto electoral al exigir acreditar el exilio de los abuelos para participar en comicios, una medida que deja en suspenso la influencia de estos votantes en autonómicas y generales.
El caso de Illán de Vacas no es aislado. Municipios como Prado de Guzpeña (León), que pasó de un 33% a un 57% de censo exterior en cuatro años, o Ventrosa (La Rioja), donde el 87% del censo es ahora CERA, reflejan cómo la ley ha reconfigurado el mapa electoral. Incluso Madrid capital registra un aumento del 39% en su voto exterior, con 118.754 nuevas inscripciones desde 2022.
El crecimiento no se limita a zonas con tradición emigratoria. Localidades sin historia de salida al extranjero, como Jaramillo Quemado (Burgos) o Junciana (Ávila), ven cómo su censo exterior supera ahora el 80% del total, según datos de la Oficina del Censo Electoral del INE hasta agosto de 2026.
De 113 a 167 municipios con más del 50% de censo exterior
Antes de la ley de nietos, solo 113 localidades tenían más del 50% de su censo en el extranjero. Hoy son 167, un aumento del 48% en cuatro años. El caso más extremo es Fuentestrún (Soria), donde el 82% del censo es ahora CERA, frente al 60% registrado antes de 2022. La norma, que facilita la nacionalización por descendencia de víctimas del franquismo, ha atraído a 2,5 millones de interesados, aunque solo 2,7 millones están inscritos hasta la fecha.
El crecimiento no es uniforme. Mientras provincias como La Rioja o Soria concentran los porcentajes más altos (superiores al 80%), otras regiones, como Madrid, registran aumentos significativos sin llegar a esos niveles. La capital acumula el mayor incremento absoluto: 118.754 nuevos votantes exteriores, un 39% más desde 2022, aunque su censo exterior sigue siendo minoritario (15% del total).
El Tribunal Supremo frena el impacto electoral
Aunque el CERA ha crecido sin precedentes, su influencia en las elecciones municipales sigue limitada: para votar en comicios locales, los residentes ausentes deben estar empadronados. Sin embargo, en autonómicas y generales —donde el voto exterior se suma al escrutinio provincial—, su peso es determinante. Hasta ahora. El Tribunal Supremo ha ordenado suspender las nuevas inscripciones en el CERA y ha condicionado el voto de los ya inscritos a acreditar el exilio de sus abuelos, una medida que paraliza su participación hasta que se dicte sentencia.
La decisión del Alto Tribunal no elimina a los inscritos, pero sí les impide votar. Esto afecta directamente a los 167 municipios donde el CERA supera el 50% del censo, donde la representación política podría verse alterada en las próximas elecciones. La ley de Memoria Democrática, diseñada para ampliar el derecho al voto, se enfrenta ahora a un obstáculo judicial que podría reducir su impacto en las urnas.
¿Por qué importa este cambio?
El caso de Illán de Vacas y otros municipios con censo exterior mayoritario refleja una transformación demográfica y política sin precedentes. La ley de nietos no solo ha redefinido el censo electoral, sino que ha creado un nuevo grupo de votantes con intereses distintos a los residentes locales. Esto plantea preguntas sobre la representación territorial y el equilibrio entre el voto presencial y el exterior.
Además, el crecimiento del CERA en zonas sin tradición emigratoria, como Madrid, sugiere que la ley ha atraído a colectivos diversos, no solo a descendientes de exiliados. Esto podría influir en el resultado de elecciones autonómicas y generales, donde el voto provincial agrupa a residentes y ausentes. La suspensión del Supremo, sin embargo, introduce una incertidumbre: ¿cuántos de estos votantes podrán ejercer su derecho en las próximas citas electorales?
El fenómeno también tiene implicaciones legales. La exigencia de probar el exilio de los abuelos podría limitar el alcance de la ley, pero también abre un debate sobre cómo equilibrar el derecho al voto con los requisitos de nacionalización. Mientras, municipios como Illán de Vacas siguen siendo un símbolo de este cambio: pueblos que, en papel, han dejado de ser los más pequeños de España.
El peso del voto exterior no se reparte por igual entre las provincias con mayor tradición emigratoria y aquellas que apenas la tuvieron. En las primeras, el CERA ya era elevado antes de la ley de nietos y el crecimiento posterior ha sido más moderado; en las segundas, como Madrid, el punto de partida era bajo y el salto porcentual resulta mucho más llamativo. Esa diferencia explica que el mapa del voto exterior combine hoy dos realidades: municipios pequeños donde el CERA decide el resultado y grandes ciudades donde, sin ser mayoritario, gana un peso que antes no tenía.
La clave para interpretar estas cifras está en la distinción entre estar inscrito en el CERA y poder votar. La inscripción se gestiona a través de la Oficina del Censo Electoral, dependiente del INE, y se actualiza con los datos disponibles; el ejercicio efectivo del voto, en cambio, depende de los requisitos que fije la normativa electoral y de las resoluciones judiciales en curso. Por eso, un municipio puede ver cómo su censo exterior se dispara en los registros y, al mismo tiempo, mantener congelada su traducción real en las urnas hasta que se aclare el criterio sobre la acreditación del exilio.
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