Documentos del CNI y el Ejército confirmaban ‘riesgo extremo de colapso’ días antes del 30 de julio; Sánchez evita confrontar con Rabat mientras choca con jueces, CNI y el presidente de Ceuta
Pedro Sánchez admitió ayer, de forma indirecta, que su Gobierno ignoró advertencias claras sobre el ‘ataque’ migratorio a Ceuta del 30 de julio, según documentos del CNI y el Centro de Inteligencia del Ejército que El Mundo publicó el 3 de septiembre. Estos informes, con fecha 27 de julio, hablaban de un ‘cruce masivo’ y un ‘riesgo extremo de colapso’ (en negrita, mayúscula y subrayado en el informe policial del 30 de julio). La Comandancia de Ceuta ya estaba en alerta máxima.
El Gobierno ha cambiado su versión cuatro veces desde entonces: primero negó que hubiera informes previos; luego minimizó su claridad; después alegó que llegaron tarde; y finalmente admitió que no previeron la ‘magnitud’ de la operación. Sin embargo, los documentos desmienten todas estas excusas: las advertencias eran escritas (incluyendo mensajes por WhatsApp, según fuentes), claras (el CNI y el Ejército seguían el llamamiento en redes sociales) y con tiempo suficiente para reaccionar.
Lo más llamativo es la ausencia de choque con Marruecos. Mientras el Gobierno se enfrenta a jueces (la Audiencia Nacional bloqueó el acceso de Fernando Grande-Marlaska a la investigación), al CNI (que depende de él, pero criticó su gestión) y al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas (a quien despacharon en la Moncloa el 27 de julio para ‘dejar de molestar’), Abdellatif Hammouchi —jefe de la Policía marroquí y director de Seguridad Interior— no solo no previno ni avisó, sino que sabía del plan. Lo confirmaron seguimientos del Ejército español, según el texto fuente.
El conflicto institucional se agrava: el CGPJ respaldó a la jueza de la Audiencia Nacional que protegió el secreto de la investigación, lo que enfureció a Marlaska. Mientras, Sánchez evita confrontar con Rabat, incluso después de que su Gobierno condecorara a Hammouchi en noviembre de 2025 por su ‘colaboración antiterrorista’. La estrategia actual del Ejecutivo parece centrada en ‘alentar que Marruecos choque con Feijóo’, según el texto, en lugar de asumir responsabilidades.
El 30 de julio no fue una crisis migratoria espontánea, sino un ‘despliegue orquestado’ con conocimiento previo de todas las instituciones españolas excepto el Gobierno. La pregunta ahora es si estas contradicciones —y la falta de acción contra Marruecos— afectarán a la credibilidad de Sánchez en las próximas semanas, cuando el tema siga en el centro del debate político.







