El Partido Comunista es la única fuerza política que rechaza la reforma, que busca reducir la fragmentación del sistema político chileno
Gabriel Boric ha visto aprobada en el Congreso chileno una reforma histórica que obliga a todos los partidos políticos a incluir en sus estatutos una condena explícita al uso de la violencia y a los regímenes totalitarios. La ley, despachada este 1 de octubre, busca reducir la fragmentación del sistema político chileno, un problema recurrente en las últimas décadas.
La norma, que cuenta con el apoyo de todas las colectividades políticas grandes excepto del Partido Comunista (PC), establece que los partidos deberán agregar a su declaración de principios una cláusula específica: «el partido deberá expresar su condena al establecimiento de un sistema totalitario; al uso de la violencia, propugnarla o incitarla como método de acción política».
Esta medida, impulsada por el gobierno de Boric, responde a un contexto de creciente polarización política en Chile, donde la fragmentación parlamentaria ha dificultado la gobernabilidad en los últimos años.
Un precedente en la historia política chilena
La reforma marca un punto de inflexión en la regulación de los partidos políticos en Chile. Hasta ahora, el país no contaba con una normativa que exigiera a las formaciones políticas condenar explícitamente la violencia y los regímenes totalitarios. Este cambio busca alinear a los partidos con los valores democráticos y evitar que grupos con ideologías extremas puedan operar legalmente bajo el paraguas de una organización política.
La ley también introduce cambios en la financiación de los partidos, con el objetivo de reducir la dependencia de fuentes externas y fomentar la transparencia en sus finanzas. Sin embargo, el Partido Comunista ha sido la única fuerza en rechazar el articulado completo, argumentando que la cláusula sobre la condena a la violencia y los regímenes totalitarios es innecesaria y podría limitar la libertad de expresión política.
La ley busca reducir grupos radicales, favoreciendo mayorías estables.
La aprobación de esta ley podría tener un impacto significativo en la estabilidad política de Chile. Al obligar a los partidos a condenar la violencia y los regímenes totalitarios, se busca reducir la influencia de grupos radicales dentro del sistema político, lo que podría facilitar la formación de mayorías más estables en el Congreso.
Sin embargo, el rechazo del Partido Comunista plantea un desafío inmediato. Con una bancada reducida en el Congreso, la oposición a la reforma podría limitar su efectividad en la práctica. Además, la ley deberá ser implementada y supervisada por el Servicio Electoral de Chile, lo que podría generar tensiones si algunos partidos intentan eludir sus disposiciones.
El presidente Gabriel Boric ha defendido la reforma como un paso necesario para consolidar la democracia chilena. «Esta ley es un avance en la construcción de un sistema político más estable y democrático», declaró en un comunicado oficial. La entrada en vigor de la norma está prevista para el próximo año, tras su publicación en el Diario Oficial.




