Vecinos y la Junta Constructora denuncian bloqueo desde julio; Collboni evita plazos antes de fin de mandato
El Ayuntamiento de Barcelona, la Junta Constructora del Temple Expiatorio de la Sagrada Familia y los vecinos han roto las negociaciones para definir el futuro de las manzanas afectadas por la construcción de la fachada de la Gloria, dejando en el aire un acuerdo que parecía cercano en julio y que ahora no tiene fecha de resolución.
Fuentes institucionales y vecinales confirman que el diálogo está paralizado desde hace dos meses sin explicación oficial, prolongando una incertidumbre que ya supera a tres alcaldías distintas: las de Xavier Trias (CiU), Ada Colau (Barcelona en Comú) y la actual de Jaume Collboni (Junts per Cataluña).
El acuerdo en juego afectaría a menos de 200 viviendas —muy lejos del proyecto original de Gaudí, que contemplaba derribar hasta 1.000 pisos y 300 locales comerciales—, pero su bloqueo amenaza con alargar la tensión en un barrio donde el derecho a la vivienda ya es una prioridad para el gobierno municipal. La Junta Constructora, encargada de preservar el legado de Gaudí, insiste en negociar «sin prisas», mientras los vecinos, representados por Salvador Barroso (presidente de la Asociación de Afectados) y Gabriel Mercadal (presidente de la Asociación de Vecinos), denuncian que el obstáculo no parte de su lado y que el Consistorio no ha justificado el retraso.
El teniente de alcalde Jordi Valls, portavoz del Ayuntamiento, asegura que la negociación «no está rota» y confía en un «gran acuerdo» antes de que acabe el mandato, aunque evita comprometer plazos concretos. La última fecha pactada —julio de 2026— quedó en nada, y desde entonces ni el alcalde ni la Junta Constructora han dado señales de avance.
El contexto: la Sagrada Familia, en pleno centro de Barcelona, lleva décadas expandiendo su perímetro con obras que afectan a viviendas y comercios. El proyecto actual, más moderado que el original, incluye una escalinata hacia la calle Mallorca y un paseo hacia el mar, pero su ejecución depende de un acuerdo que ahora parece lejanísimo.
Antes del verano, todas las partes habían cedido en sus posiciones y se había fijado una fecha para rubricar el documento de entendimiento definitivo. Un responsable municipal se comprometió a entregar el texto a principios de julio para que lo firmaran tanto el alcalde como la Sagrada Familia, pero desde entonces han pasado más de dos meses sin ninguna novedad ni explicación.
El acuerdo contemplaba la construcción de la escalinata y un paseo, afectando solo a parte de los pisos de las manzanas bajo el templo, con derecho a realojo cercano o compensación a precio de mercado para quienes optaran por vender, una solución muy alejada del proyecto original ideado por Gaudí.







