El expresidente del Gobierno y presidente de FAES se reúne con Juan Jesús Vivas mientras el PSOE critica su injerencia
El expresidente del Gobierno José María Aznar viajará este jueves a Ceuta para reunirse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, en un contexto de alta tensión por la llegada masiva de migrantes. La visita, organizada en su calidad de presidente de la fundación FAES, cuenta con el aval del Partido Popular, que envía también al vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras, Juan Bravo.
La ciudad autónoma vive una situación crítica desde el pasado 30 de agosto, cuando 80.000 personas cruzaron la valla fronteriza desde Marruecos. Miles de ellos, entre los que se encuentran menores, permanecen en Ceuta a la espera de documentación que les permita acceder a la Península. La población local ha mostrado su malestar con protestas, como la registrada ayer frente al Ayuntamiento.
La visita de Aznar ha generado reacciones encontradas. Mientras el PP respalda la iniciativa, el PSOE y el Gobierno han mostrado su sorpresa y enojo por la injerencia de un exjefe del Ejecutivo en una crisis que debe gestionar el actual Gobierno. Aunque no existe una ley que lo prohíba, la tradición institucional desaconseja que los expresidentes se impliquen en conflictos que afectan a sus sucesores.
La presencia de Aznar en Ceuta añade tensión a las ya de por sí complicadas relaciones con Marruecos. El país vecino no ha olvidado el incidente de 2002 en el islote de Perejil, cuando el entonces presidente español ordenó un despliegue militar sin precedentes para expulsar a gendarmes marroquíes que habían ocupado el territorio. España defendió entonces su soberanía sobre el islote, incluido en el estatuto de Ceuta, con el apoyo de la UE y de la oposición.
Marruecos considera Perejil parte de su territorio, mientras que España mantiene su postura. La crisis actual en Ceuta, con miles de migrantes varados, exige una solución coordinada que respete los derechos internacionales, pero la visita de Aznar podría complicar el diálogo.
Fuente: La Vanguardia







