El país afronta los comicios con el PIB por debajo del 2%, la deuda pública en el 82,9% del PIB y tipos de interés del 13,75%, según datos oficiales
Brasil afronta este 4 de octubre unas elecciones presidenciales que enfrentan dos modelos económicos radicalmente opuestos: la política social de Luiz Inácio Lula da Silva, en el poder desde 2023, y el neoliberalismo defendido por Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. El país, la mayor economía de América Latina, afronta los comicios con un PIB que no superará el 2% en 2026, una deuda pública del 82,9% del PIB y un déficit fiscal del 9,48%, mientras el desempleo está en mínimos y los tipos de interés se sitúan en el 13,75%.
El crecimiento económico, que impulsó Lula hasta el 3,4% en 2024 gracias a ayudas sociales y crédito público, se ha frenado en seco. Las previsiones indican que el PIB no superará el 2% este año, en un contexto de tipos de interés que llegaron al 15% y de pérdida de ritmo de la actividad. ‘La carga de la deuda junto a los altos tipos de interés es una mezcla nociva’, afirma Sidney Lima, analista de Ouro Preto Investimentos, quien señala que las familias dedican cerca de un tercio de sus salarios a pagar sus deudas.
El déficit fiscal se ha duplicado bajo la Administración de Lula: en agosto de 2026 era del 9,48% del PIB interanual, frente al 4,68% al término de 2022. La deuda pública cerró 2022 en el 73,5% del PIB y en agosto de este año era ya del 82,9%, según datos oficiales. ‘La gran misión del próximo presidente será reformar y controlar de forma más directa el gasto de la máquina pública, hacer un ajuste’, apunta Lima, y Pieri evalúa que la deuda afecta a la capacidad de inversión pública y a los tipos de interés.
El mercado laboral sigue resistente: el desempleo está en niveles mínimos y la inflación está relativamente bajo control, según la fuente. La inflación se mantiene relativamente bajo control, aunque los precios de los alimentos han subido durante el mandato de Lula.
El legado de Lula: crecimiento con deuda y ayudas sociales
Lula heredó en 2023 una economía aún recuperándose de la pandemia, con un PIB que crecía por encima del 3%. Su estrategia —subida real del salario mínimo, expansión de ayudas sociales y crédito público en condiciones ventajosas— impulsó el consumo. ‘El pueblo aún está enfadado porque las cosas están caras’, reconoció Lula en campaña, achacando el alza de precios a su antecesor.
El plan de Bolsonaro: ajuste fiscal y recorte de gastos
Flávio Bolsonaro, candidato por el PL (Partido Liberal), propone un giro radical: recortar el gasto público y reducir el déficit mediante ajustes fiscales. Su programa, heredero del neoliberalismo de su padre, apuesta por menos intervención estatal, según la fuente. Mientras, Lula insiste en mantener las ayudas sociales, aunque sin descartar reformas fiscales, aunque sin el rigor que exige Bolsonaro. El Banco Central, con tipos en el 13,75%, ha cerrado el grifo monetario para contener la inflación, lo que ha encarecido el crédito y frenado la inversión.
Lula necesita mantener apoyo popular pese a recortes sociales
Para Lula, la reelección depende de mantener el apoyo de las clases populares, que han visto subir sus salarios pero también el costo de vida. Su margen es estrecho: cualquier recorte en las ayudas sociales —como exige Bolsonaro— podría erosionar su base electoral. Por su parte, Bolsonaro apuesta a que los mercados premien su plan de austeridad, aunque el riesgo es una recesión más profunda. El resultado de estas elecciones no solo definirá el rumbo económico de Brasil, sino también su estabilidad política en un contexto de polarización creciente.





