El Gobierno autonómico reconoce el colapso por negligencias agrícolas y maleza acumulada, mientras la Guardia Civil investiga las causas
Jorge Azcón, presidente del Gobierno de Aragón, ha reconocido hoy que la comunidad autónoma enfrenta el peor verano de incendios forestales en décadas, con más de 35.000 hectáreas calcinadas desde junio. Las llamas, desencadenadas principalmente por negligencias en maquinaria agrícola y la extrema sequedad de los montes, han obligado a movilizar recursos extraordinarios durante las labores de cosecha del cereal.
El fuego se propagó con facilidad en un territorio donde la maleza acumulada durante años actuó como combustible, según fuentes del Gobierno aragonés. La Guardia Civil ya investiga las causas de los primeros focos, algunos vinculados a descuidos en equipos agrícolas durante junio, cuando las temperaturas comenzaron a dispararse.
El contexto: un verano de récord en Aragón
Las 35.000 hectáreas quemadas superan con creces la media histórica de la región. Según datos de la Consejería de Medio Ambiente de Aragón, los incendios de este año ya triplican los registrados en 2025, cuando se destruyeron 11.000 hectáreas. La combinación de sequía prolongada, altas temperaturas y la acumulación de vegetación seca ha convertido los montes aragoneses en un polvorín, especialmente en zonas como el Maestrazgo y el Somontano, donde los cultivos de cereal comparten territorio con masas forestales.
El Gobierno autonómico ha evitado hasta ahora atribuir responsabilidades directas, pero fuentes internas admiten que la presión por cumplir plazos agrícolas —con cosechas como la de cebada y trigo en su punto crítico— pudo acelerar decisiones de riesgo en el campo. La maleza, que en condiciones normales se controla con quemas controladas, este año se ha vuelto inmanejable.
¿Qué sigue ahora?
El Ejecutivo aragonés ha anunciado un plan de emergencia para la próxima primavera, centrado en la prevención: reforzar brigadas forestales, ampliar los puntos de vigilancia con drones y revisar los protocolos de seguridad en maquinaria agrícola. Sin embargo, la recuperación de los terrenos quemados —algunos irrecuperables— será un desafío a largo plazo, con impactos directos en la economía rural y la biodiversidad.
Mientras, la Guardia Civil ha abierto varias líneas de investigación, incluyendo posibles negligencias penales. El balance humano, hasta ahora, se limita a dos heridos leves entre los bomberos, pero el daño ecológico ya es irreversible en zonas como el valle del Jubera, donde el fuego arrasó más de 5.000 hectáreas en una sola semana.






