El presidente defiende la gestión de Ceuta, critica el veto nuclear y anuncia duplicar la inversión en cooperación al desarrollo
Pedro Sánchez arremetió hoy en la Asamblea General de la ONU contra las «fuerzas reaccionarias» y el «trumpismo», que según él atacan el orden multilateral y los derechos humanos. En un discurso cargado de retórica progresista, el presidente del Gobierno vinculó estos movimientos a guerras ilegales, trato inhumano a migrantes y contaminación ambiental, mientras defendió la respuesta española a la crisis de Ceuta y propuso reformar el Consejo de Seguridad para eliminar el derecho de veto.
Sánchez, que podría estar ante su último discurso en Nueva York si las encuestas se cumplen, centró su intervención en tres ejes: la defensa de la ONU, la crítica a los «pilares equivocados» del reaccionarismo (egoísmo, ignorancia y crueldad) y la necesidad de reforzar organismos como la Corte Penal Internacional. «No vamos a dejar de creer que la humanidad puede progresar», declaró, aunque sin mencionar directamente a Donald Trump. También anunció que España duplicará su inversión en cooperación al desarrollo, en contraste con el recorte global de ayuda internacional.
Sobre Ceuta, Sánchez evitó culpar a Marruecos —aunque sí lo hizo en rueda de prensa previa— y destacó que España «no elige el camino fácil», aludiendo a la gestión de la crisis migratoria de julio, cuando más de 70.000 personas intentaron entrar en la ciudad. «Las fuerzas reaccionarias quieren que nos acobardemos», advirtió, mientras insistía en que la respuesta española respetó la legalidad y los derechos humanos. El discurso cerró con un llamado a dejar un «mundo más pacífico, sostenible y justo» a las generaciones futuras.
El Consejo de Seguridad de la ONU, con su derecho de veto, fue otro blanco clave. Sánchez propuso que el organismo sea presidido por una mujer latinoamericana y eliminó el veto para evitar que «países poderosos» actúen como «jueces y parte». También criticó el genocidio en Gaza y el embargo de armas a Israel, aunque sin detalles nuevos. Su intervención, cargada de simbolismo, busca reforzar el perfil internacional de España en un contexto de creciente polarización global.





