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Jue. Sep 24th, 2026

EE.UU. y China prorrogan hasta enero la tregua comercial en plena cumbre Trump-Xi

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El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anuncia la extensión del ‘acuerdo de Busan’ mientras Pekín y Washington preparan diálogos sobre IA y seguridad en Taiwán

Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, anunció aNoche la extensión hasta el 10 de enero de 2027 del llamado *acuerdo de Busan*, que suspende nuevos aranceles entre Washington y Pekín. La decisión, confirmada durante la visita de Estado del presidente chino Xi Jinping a Washington —su primera en once años—, llega tras una reunión entre Bessent y el viceprimer ministro chino He Lifeng, que encabezó las negociaciones económicas previas al encuentro entre Trump y Xi.

El anuncio, realizado en una entrevista con la cadena Fox News, detalla que ambos gobiernos acordaron ampliar la tregua comercial —originalmente pactada hasta el 10 de noviembre— en un contexto de tensiones por disputas tecnológicas, seguridad en Taiwán y competencia en inteligencia artificial (IA). La prórroga se produce horas antes de la cumbre bilateral en la Casa Blanca, donde ambos líderes abordarán estos temas como ejes centrales.

El *acuerdo de Busan*, firmado en octubre de 2025, permitió a EE.UU. suspender nuevos aranceles sobre productos chinos a cambio de que Pekín detuviera restricciones a la exportación de tierras raras y otros minerales críticos para tecnologías avanzadas. Según Bessent, Washington mantiene abierta la puerta a negociar un acuerdo comercial más amplio, aunque la prioridad inmediata es consolidar la tregua hasta enero.

La visita de Xi Jinping —recibido por Donald Trump en la base aérea de Andrews con un gesto protocolario poco habitual— marca el tercer encuentro presencial entre ambos líderes desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025. Este será el segundo en 2026, tras su reunión en San Francisco en marzo pasado, donde ya se abordó la escalada comercial y la estabilidad en el estrecho de Taiwán.

El contexto de la tregua comercial: ¿qué se juegan EE.UU. y China?

La extensión del *acuerdo de Busan* responde a un esfuerzo por evitar una nueva escalada arancelaria que podría afectar a sectores clave como el automotriz, la electrónica y la agricultura. Según datos del Departamento de Comercio de EE.UU., las exportaciones estadounidenses a China cayeron un 12% en 2025 —el mayor descenso en una década—, mientras que Pekín impuso restricciones a productos como el gadolinio (usado en misiles y turbinas) y el galio (esencial para chips semiconductores).

Para Xi Jinping, la prórroga busca ganar tiempo mientras su gobierno negocia con empresas tecnológicas chinas —como Huawei y SMIC— para reducir su dependencia de componentes estadounidenses. En paralelo, Trump apuesta por presentar avances en la relación si no-estadounidense como un logro de su política de «America First«, aunque su administración mantiene sanciones a empresas chinas por supuestos vínculos con el ejército.

El acuerdo también incluye avances en inteligencia artificial: ambas partes preparan un diálogo formal para establecer protocolos de comunicación en caso de incidentes relacionados con sistemas autónomos o deep fakes. Según un borrador filtrado a Reuters, el mecanismo incluiría líneas directas entre agencias como el Departamento de Defensa de EE.UU. y el Ministerio de Ciencia y Tecnología chino, aunque sin compromisos vinculantes.

Taiwán y seguridad: el tercer frente de la cumbre

Aunque el comercio domina los titulares, la seguridad en Taiwán será el tema más sensible de la cumbre. Trump, que en 2025 relajó la política de «strategic ambiguity» sobre la defensa de la isla, ha insistido en que EE.UU. «no abandonará» a Taiwán, pero evita mencionar garantías militares explícitas. Por su parte, Xi Jinping ha reiterado su postura de que la reunificación con Taiwán —por medios pacíficos o no— es una «causa justa» para China, aunque en privado sus asesores le han advertido de que un bloqueo militar a la isla podría desencadenar una crisis global.

El riesgo de escalada se incrementó en agosto, cuando China realizó maniobras militares cerca de Taiwán simultáneas a ejercicios estadounidenses con la marina japonesa. Según el Pentágono, Pekín ha desplegado en la zona 150 aviones de combate en los últimos seis meses, un 40% más que en 2024. Trump, que en campaña prometió «no involucrarse» en conflictos asiáticos, ahora enfrenta presiones de aliados como Japón y Corea del Sur para reforzar la disuasión.

La cumbre también abordará la Ley de Competencia en Innovación y Ciencia (CHIPS Act), que EE.UU. aprobó en 2022 para subsidiar la producción local de semiconductores. China ha respondido con inversiones masivas en su propio sector —TSMC, la mayor fabricante de chips del mundo, anunció en julio una planta en Guangdong con una inversión de 40.000 millones de dólares—, lo que ha llevado a Bessent a advertir de una «carrera armamentística tecnológica» que podría redefinir el orden económico global.

¿Qué sigue después de la prórroga?

La extensión hasta enero no resuelve los conflictos estructurales, pero gana tiempo para negociaciones más amplias. He Lifeng ya ha confirmado que su delegación viajará a Shanghái en octubre para preparar una ronda de conversaciones sobre subvenciones estatales y propiedad intelectual, áreas donde las diferencias son abismales. Mientras, Trump podría usar el acuerdo como argumento para reducir aranceles a productos chinos en sectores clave para su base electoral, como el acero o el aluminio.

En el frente tecnológico, el diálogo sobre IA será clave: según un informe del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., China lidera el mundo en patentes de IA aplicada a defensa, con un 35% del total global en 2025. La cumbre podría sentar las bases para un tratado similar al Tratado de No Proliferación Nuclear, pero con sistemas autónomos —un escenario que divide a expertos: mientras Microsoft y Google abogan por regulaciones globales, empresas como Palantir presionan para evitar restricciones.

Para Xi Jinping, la visita a Washington es también una oportunidad para contrarrestar el aislamiento diplomático de China tras las sanciones impuestas por la guerra en Ucrania y los recortes en su acceso a tecnología estadounidense. Su agenda incluye reuniones con líderes empresariales —como Elon Musk, dueño de Tesla y SpaceX— y con el Fondo Monetario Internacional, donde buscará apoyo para su plan de modernización industrial.

El mayor riesgo para la tregua sigue siendo la política interna de ambos países. En EE.UU., el Congreso —controlado por los republicanos— podría bloquear cualquier acuerdo comercial que perciba como «demasiado blando» con Pekín. Mientras, en China, sectores nacionalistas, como el Partido Comunista en Chenchén, exigen una postura más dura frente a lo que consideran «chantaje tecnológico» estadounidense.

La prórroga hasta enero marca un respiro, pero no una solución. Según Estar Pasad, economista de la Cornell University, «el conflicto comercial es solo la punta del iceberg: lo que realmente se juega aquí es el modelo de desarrollo global. ¿Quién liderará la próxima década: una economía basada en innovación abierta o en autarquía tecnológica?

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