EE.UU. abandona el término ‘artificial’ y bloquea iniciativas de la OCDE y la OMI para gravar emisiones y multinacionales
Donald Trump anunció este martes en la Asamblea General de la ONU que Estados Unidos sustituirá el término *inteligencia artificial* por *superinteligencia* (SI) en toda su documentación oficial, argumentando que la palabra *artificial* transmite una percepción «falsa» de la tecnología. El presidente estadounidense también rechazó cualquier regulación global sobre su desarrollo, defendiendo la soberanía nacional frente a esquemas impulsados por la ONU, la OCDE y el G20.
Trump criticó abiertamente las negociaciones en curso para establecer un impuesto universal del 15% sobre grandes empresas, asegurando que, mientras él ocupe la Casa Blanca, «no habrá impuestos globales». Su intervención también incluyó un ataque directo al Marco de Cero Emisiones Netas de la Organización Marítima Internacional (OMI), una iniciativa de la ONU que buscaba gravar las emisiones de carbono de buques comerciales. Según Trump, su Gobierno logró bloquear un aumento del 10% al 20% en los costes del transporte marítimo internacional.
El mandatario vinculó su postura con una crítica más amplia a la ONU, acusando al organismo de imponer «la agenda de extrema izquierda de burócratas globalistas» no elegidos democráticamente. Sus declaraciones, pronunciadas ante líderes mundiales, consolidan una línea de confrontación con instituciones multilaterales que ya había mostrado en anteriores discursos.
El cambio terminológico: de ‘IA’ a ‘superinteligencia’
La decisión de reemplazar *inteligencia artificial* por *superinteligencia* responde, según Trump, a un intento de precisar el concepto. «La palabra *artificial* da la impresión de que es falsa, cuando en realidad es asombrosa», declaró. El cambio afectará a todos los documentos oficiales estadounidenses y, según sus palabras, «con suerte, al mundo entero». Esta medida refleja una estrategia retórica para posicionar a EE.UU. como líder en innovación tecnológica, evitando asociaciones negativas con términos como *artificial* o *robótica*, que podrían generar rechazo público.
El término *superinteligencia* ya había sido utilizado en círculos académicos y de ciencia ficción para describir sistemas con capacidades superiores a las humanas, pero su adopción oficial por un gobierno marca un punto de inflexión. Expertos consultados por ElectionLAB señalan que este cambio podría tener implicaciones en la percepción pública y en la regulación futura, aunque no altera las capacidades técnicas subyacentes de la tecnología.
Impuestos globales y la batalla contra la OCDE
Trump centró buena parte de su discurso en rechazar los esfuerzos de la OCDE y el G20 por establecer un impuesto mínimo del 15% para multinacionales. Su postura se alinea con la de otros países como Hungría o Polonia, que han mostrado resistencia a estas iniciativas. La OCDE ya había logrado avances en 2021 con un acuerdo para gravar beneficios no tributados en paraísos fiscales, pero Trump ha mantenido una línea dura contra cualquier medida que considere una intromisión en la soberanía fiscal de EE.UU.
Su crítica también se extendió a la OMI, organismo de la ONU encargado de regular el transporte marítimo. El Marco de Cero Emisiones Netas, aprobado en 2023, buscaba reducir las emisiones de carbono en la navegación mediante un sistema de gravamen. Trump acusó a la OMI de intentar imponer «altos impuestos» que, según su Gobierno, habrían encarecido el transporte marítimo entre un 10% y un 20%. La intervención estadounidense logró retrasar la aplicación de estas medidas, aunque la OMI mantiene el marco en vigor.
Contexto: la guerra de Trump contra el ‘globalismo’
Las declaraciones de Trump en la ONU no son aisladas. Desde su regreso al poder en 2024, ha intensificado su retórica contra lo que denomina *globalismo*, un término que agrupa desde acuerdos comerciales hasta iniciativas climáticas. Su administración ha retirado a EE.UU. de tratados como el Acuerdo de París (aunque luego lo reincorporó parcialmente) y ha bloqueado fondos para organismos como la OMS o el PNUD, acusándolos de promover agendas progresistas.
En el ámbito tecnológico, EE.UU. ha priorizado regulaciones nacionales, como la Ley de Innovación en IA de 2025, que establece marcos para el desarrollo de sistemas avanzados sin someterse a estándares internacionales. Esta estrategia contrasta con la de la Unión Europea, que ha aprobado el Reglamento de IA (AI Act), considerado el más estricto del mundo en materia de ética y control.
La tensión con la ONU y otros foros multilaterales refleja una división global creciente: mientras países como China, la India o miembros de la UE apuestan por acuerdos internacionales, EE.UU. bajo Trump prioriza el unilateralismo. Esta postura podría tener repercusiones en áreas como el comercio, la seguridad o el clima, donde la cooperación multilateral ha sido clave en décadas anteriores.
¿Qué sigue? Tres frentes abiertos
1. **Regulación de la IA**: El cambio terminológico de Trump no tendrá un impacto técnico inmediato, pero sí simbólico. La Comisión Europea y otros bloques podrían responder con iniciativas propias para diferenciarse del enfoque estadounidense. La próxima cumbre del G7 en 2027 será clave para definir si hay espacio para un consenso.
2. **Impuestos globales**: La resistencia de EE.UU. podría debilitar los esfuerzos de la OCDE, pero países como Francia o Alemania mantienen su apoyo. Si Trump pierde las elecciones en 2028, su sucesor podría revertir esta postura, como ocurrió con el Acuerdo de París en 2021.
3. **Transporte marítimo**: La OMI sigue adelante con su marco, pero la presión de EE.UU. podría forzar ajustes. Países con flotas comerciales grandes, como China o Japón, podrían alinearse con Washington para evitar costes adicionales, generando un nuevo frente en la guerra comercial.
Mientras, la ONU enfrenta un desafío interno: cómo mantener su legitimidad cuando su principal financiador y miembro permanente del Consejo de Seguridad rechaza sus iniciativas. Para muchos observadores, las palabras de Trump en Nueva York no son un ataque puntual, sino el reflejo de una estrategia a largo plazo para redefinir el papel de EE.UU. en el mundo.






