El secretario general de la ONU alerta en la Asamblea General de que el sistema multipolar puede derivar en fragmentación si no se frena la desconfianza entre potencias, y urge a regular la inteligencia artificial antes de que «los desarrolladores den la voz de alarma»
António Guterres, secretario general de la ONU, advirtió este martes desde Nueva York de que el mundo corre el riesgo de fracturarse en dos bloques irreconciliables con sistemas económicos, tecnológicos y de seguridad autónomos, y llamó a las potencias a evitar el enfrentamiento para no precipitar una «ruptura global». En su discurso de apertura de la 78ª Asamblea General de Naciones Unidas, Guterres dibujó un escenario de dos caminos posibles para el futuro: uno basado en la fragmentación y la desconfianza, que ya domina la dinámica actual, y otro en la interdependencia, donde el derecho internacional actúe como eje de cooperación.
El diplomático portugués, que cumple su último año al frente de la organización, subrayó que el mundo se dirige hacia un sistema multipolar,, pero advirtió de que la trayectoria actual —marcada por tensiones crecientes y relaciones sin cooperación— podría derivar en un abismo entre bloques. «Las fracturas entre países enemistados se están ensanchando», alertó, citando conflictos como los de Oriente Medio, Ucrania y Sudán como ejemplos de cómo la falta de diálogo agrava la crisis del poder.
Guterres insistió en que el futuro dependerá de cómo la humanidad gestione cuatro crisis concretas: el predominio de la guerra sobre la paz, la concentración de la riqueza, la aceleración del cambio climático y el avance descontrolado de la inteligencia artificial. «El poder de las superpotencias tiene límites», declaró, recordando que los últimos años han demostrado que ni siquiera las mayores economías pueden actuar sin restricciones. Sobre la IA, advirtió: «Los propios desarrolladores están dando la voz de alarma» y urgió a establecer un marco global de condiciones comunes antes de que los sistemas se gobiernen por sí mismos.
El secretario general anunció que dedicará sus últimos 100 días en el cargo a impulsar un plan para abandonar los combustibles fósiles, defender el desarrollo equitativo de todas las naciones y promover un acuerdo internacional vinculante sobre inteligencia artificial. «La paz es posible, la dignidad humana universal merece la pena», declaró, cerrando su intervención con un llamamiento a la unidad en un contexto donde, según sus palabras, «el mundo se divide entre quienes apuestan por la cooperación y quienes prefieren la confrontación».
El contexto: ¿Por qué la ONU advierte ahora de una «gran fractura»?
La alerta de Guterres llega en un momento de tensión geopolítica sin precedentes desde la Guerra Fría. El conflicto en Ucrania, la escalada de hostilidades en Oriente Medio —con el ataque de Hamás contra Israel y la respuesta militar israelí— y la crisis en Sudán, donde dos ejércitos rivales libran una guerra civil, han reconfigurado las alianzas globales. Mientras potencias como Estados Unidos, China y Rusia profundizan en su rivalidad estratégica, otros actores —como India, Brasil o la Unión Africana— buscan mantenerse al margen, lo que ha acelerado la polarización de bloques.
El concepto de sistema multipolar que menciona Guterres no es nuevo: expertos como Joseph Nye (Harvard) o Charles Kupchan (Georgetown) llevan años advirtiendo de que el orden unipolar liderado por EE.UU. desde 1991 ha entrado en crisis. Sin embargo, la novedad radica en la velocidad y profundidad de la fractura actual. Según un informe de Chatham House publicado en junio de 2026, el 68% de los países encuestados percibe un aumento de la desconfianza en las relaciones internacionales desde 2020, con un pico en regiones como Europa del Este, Oriente Medio y África Subsahariana. La ONU, como organización neutral, actúa aquí como termómetro de estas tensiones, pero su capacidad de acción se ve limitada por el derecho de veto en el Consejo de Seguridad, donde potencias como Rusia o China pueden bloquear resoluciones.
En el caso concreto de la inteligencia artificial, la advertencia de Guterres coincide con un debate urgente en foros como el G7 y la Unión Europea. En mayo de 2026, Emmanuel Macron propuso un «pacto de París sobre IA» para regular su desarrollo, mientras que en junio, Elon Musk y otros 300 expertos firmaron una carta instando a una moratoria temporal en sistemas avanzados. La ONU, sin embargo, carece de herramientas vinculantes para imponer normas globales, lo que obliga a Guterres a apelar a la voluntad política de los Estados.
Implicaciones: ¿Puede evitarse la fractura o ya es tarde?
La principal consecuencia de un mundo fracturado sería la desintegración de los acuerdos multilaterales que han sostenido la estabilidad global desde 1945. Organismos como la OMC, el Acuerdo de París sobre el clima o incluso el derecho internacional humanitario dependen de la cooperación entre potencias. Si cada bloque actúa por su cuenta —con sus propias monedas digitales, sistemas de defensa o normas tecnológicas—, el riesgo de conflictos indirectos (como sanciones económicas o ciberataques) aumentaría exponencialmente.
En el ámbito de la inteligencia artificial, la falta de regulación podría acelerar una carrera armamentística tecnológica. Países como China ya han prohibido el uso de IA en armas autónomas, pero otros, como EE.UU., avanzan en sistemas de reconocimiento facial militar. La advertencia de Guterres sobre los «desarrolladores dando la voz de alarma» hace referencia a figuras como Geoffrey Hinton —considerado el «padre de la IA moderna»—, quien en noviembre de 2025 dimitió de Google tras advertir de que los modelos actuales podrían superar el control humano en menos de una década.
Para los analistas, el discurso de Guterres cumple una función simbólica pero crucial: es la última oportunidad de su mandato para reunir a las potencias antes de que la fractura sea irreversible. Sin embargo, la historia sugiere que los llamamientos a la unidad solo tienen efecto cuando hay un interés común claro. En 1991, la caída de la URSS permitió a George H.W. Bush y Mijaíl Gorbachov construir un nuevo orden global. Hoy, con cinco potencias nucleares (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido y Francia) y un G20 dividido, ese consenso parece lejano. La pregunta que deja Guterres en el aire es si, esta vez, la humanidad será capaz de elegir el camino de la interdependencia antes de que el abismo sea insalvable.






