El presidente francés, ausente en actos religiosos, sí participará en la bienvenida oficial y en el discurso final sobre paz y unidad europea
Emmanuel Macron no asistirá a ninguna de las misas que oficiará el papa León XIV durante su visita oficial a Francia del 25 al 29 de septiembre de 2026. En su lugar, el presidente francés estará representado por su esposa, Brigitte Macron, y el primer ministro, Sébastien Lecornu, en la misa multitudinaria prevista para el sábado en la plaza de la Concorde, según ha confirmado el Palacio del Elíseo.
Esta decisión, que ha generado sorpresa entre la opinión pública francesa, se produce en un contexto de tensiones en la preparación de la visita. Según fuentes cercanas a la organización, Macron había solicitado inicialmente que el pontífice recibiera a los bomberos y a los artesanos implicados en la reconstrucción de la catedral de Notre-Dame, pero este encuentro no se ha materializado por problemas de agenda. El papa sí visitará brevemente la catedral, aunque de manera más breve de lo inicialmente previsto.
Pese a su ausencia en los actos religiosos —incluida la misa dominical en Lourdes—, Macron participará en la bienvenida oficial al papa en el aeropuerto de Orly el viernes 25 de septiembre y en el acto final de la visita, donde actuará como presentador durante el discurso de León XIV en Metz, centrado en los temas de paz y unidad europea.
La ausencia del presidente francés en los actos religiosos ha sido minimizada por el Elíseo y el Vaticano, aunque el episodio revive el debate sobre la laicidad republicana en Francia. En 2023, la presencia de Macron en un discurso del papa Francisco en el Velódromo de Marsella ya generó polémica por su implicación en un acto de carácter religioso durante su mandato.
El protocolo francés propuso al Vaticano un «paquete completo» para la visita, con la condición de que fuera adaptado a las necesidades del pontífice. Sin embargo, algunos actos inicialmente previstos, como la visita a los Inválidos o los Campos Elíseos, fueron finalmente cancelados. El papa sí realizará un recorrido breve por las calles de París —entre Monteárnosle y Saint-Michel— el viernes por la tarde, y ese mismo día mantendrá un encuentro con jóvenes en el Stade de France.
El precedente de la laicidad republicana en Francia
La decisión de Macron de no asistir a las misas papales no es aislada en la historia reciente de Francia. El país mantiene una tradición de estricta separación entre Estado e Iglesia, consagrada en la Ley de 1905 sobre la separación de las Iglesias y el Estado, que prohíbe cualquier forma de financiación pública a cultos religiosos y limita la intervención del Estado en asuntos eclesiásticos. Esta ley, conocida como la «ley de laicidad», ha sido interpretada en ocasiones de manera estricta, especialmente en contextos políticos sensibles.
El episodio más reciente que recuerda a esta situación fue la polémica generada en 2023, cuando Macron asistió a un discurso del papa Francisco en Marsella, un acto que algunos sectores interpretaron como una cesión a las demandas de la Iglesia católica en un momento de creciente influencia del voto religioso en ciertas regiones francesas. La ausencia del presidente en los actos religiosos de León XIV podría leerse, entonces, como un intento de mantener una distancia simbólica que evite nuevas tensiones.
¿Qué se juega Macron con esta decisión?
La ausencia de Macron en los actos religiosos de la visita papal tiene implicaciones políticas claras. Por un lado, refuerza su imagen como defensor de la laicidad republicana, un valor clave para su base electoral en regiones como Laicidad y Occitania, donde el secularismo es un pilar histórico del gobierno francés. Por otro, evita un nuevo episodio de confrontación con sectores laicos radicales, que podrían interpretar su presencia en actos religiosos como una señal de debilidad ante el voto católico conservador.
Además, la decisión podría interpretarse como una estrategia para no distraer la atención de otros temas urgentes en la agenda francesa, como la crisis migratoria en la frontera con Italia o las tensiones sociales por las reformas laborales. Al centrar su participación en los actos políticos —como la bienvenida en Orly o el discurso final en Metz—, Macron prioriza mensajes de unidad y paz, temas que resuenan en un contexto de creciente polarización en Europa.
El Vaticano, por su parte, ha optado por minimizar el incidente, subrayando que la visita de León XIV a Francia sigue adelante con normalidad. Sin embargo, la ausencia del presidente francés en los actos religiosos podría dejar una huella en la percepción pública de la relación entre el Estado francés y la Iglesia católica, especialmente en un momento en que el debate sobre la identidad nacional y los valores republicanos está más vivo que nunca.
La visita del papa, en cualquier caso, no se limita a lo simbólico. León XIV abordará temas como la paz en Ucrania, la unidad europea y el papel de la religión en la sociedad moderna, temas que podrían tener eco en el debate político francés. La ausencia de Macron en los actos religiosos, por tanto, no significa un desinterés por el contenido de los mensajes del pontífice, sino una decisión calculada para evitar roces innecesarios en un contexto ya de por sí complejo.






