El PSOE aprobó en su 39.º Congreso un proyecto con medidas concretas: derogar el voto rogado, digitalizar trámites y reforzar agrupaciones en el exterior. Albares y Cancela fueron clave desde entonces
Pedro Sánchez llegó a la Moncloa en 2018 con un plan ya diseñado para captar el voto de los españoles en el exterior: un proyecto aprobado por el 39.º Congreso Federal del PSOE en junio de 2017, cuando aún no era presidente. El documento identificaba a más de 1,9 millones de españoles mayores de 18 años fuera de España —una población mayor que la de algunas comunidades autónomas— y proponía medidas concretas: derogar el voto rogado, crear una posible circunscripción electoral exterior y facilitar el acceso a la nacionalidad para descendientes.
El texto, titulado Resolución Política, destacaba que la mayoría de estos potenciales electores ya no habían nacido en España, sino en el extranjero, y alertaba de que las agrupaciones socialistas en el exterior dependían demasiado de emigrantes de primera generación. Para revertirlo, el PSOE propuso un Plan Especial de Acción Exterior con tres ejes: mejorar la atención en Embajadas y Consulados, impulsar la administración electrónica para agilizar trámites y aprobar una Ley de Nacionalidad que resolviera casos de descendientes bloqueados por normas de género o edad.
El proyecto también incluía un refuerzo organizativo: potenciar las agrupaciones del exterior y crear modelos de militancia adaptados a quienes vivían fuera. Pilar Cancela, nombrada responsable de Políticas Migratorias y PSOE Exterior en la Ejecutiva de 2017, y José Manuel Albares —entonces asesor en la Dirección General de Españoles en el Exterior— fueron piezas clave. Albares, ya en la Moncloa como secretario general de Asuntos Internacionales, y Cancela (actual ministra de Igualdad) mantuvieron este enfoque hasta hoy.
El documento, aprobado un año antes de que Sánchez ganara las primarias, refleja cómo el PSOE vio en el voto exterior una oportunidad estratégica. En 2017, solo medio millón de los 2,3 millones de españoles en el extranjero eran emigrantes en sentido estricto; el resto, nacidos fuera. La pregunta entonces —y ahora— era clara: ¿cómo convertir ese potencial en votos reales? El plan, con sus matices, sigue vigente.







