El Partido Socialdemócrata, con solo 176 escaños, intentará gobernar con el apoyo de Izquierda y el Partido Verde, mientras el Partido de Centro rechaza negociar con los socialistas radicales
Magdalena Anderson, líder del Partido Socialdemócrata sueco (SAP), ha recibido este jueves el encargo oficial del Parlamento para intentar formar gobierno tras las elecciones del pasado domingo, en las que su formación obtuvo el 28% de los votos y 176 escaños de los 349. El mandato llega tras la dimisión del primer ministro Ulf Kristersson, líder del Partido Moderado, quien no logró consolidar una coalición estable tras los comicios. El presidente del Parlamento, Andreas Orlen, anunció la decisión tras reunirse con los ocho portavoces parlamentarios, aunque advirtió que el camino para Anderson será «difícil» por la fragmentación del hemiciclo.
Anderson, que ya ejerció como primera ministra entre 2021 y 2022, reaccionó a través de sus redes sociales asegurando que priorizará «a los suecos» y llamó a sus aliados a «dejar de lado las tácticas partidistas». Sin embargo, las negociaciones se antojan complejas: el Partido de Izquierda (Vänsterpartiet), que apoyó a Anderson en su anterior mandato, ha confirmado su disposición a entrar en el Ejecutivo, pero el Partido de Centro (Centren) ha descartado cualquier alianza que incluya a los socialistas radicales. Elisabeth Thand Ringgit, portavoz del Centro, fue clara: «No podemos gobernar con el Partido de Izquierda, pero sí con los socialdemócratas y el Partido Verde (Miljöpartiet)».
La mayoría de Anderson es matemáticamente ajustada: 176 escaños frente a los 173 necesarios para gobernar en solitario. Sin embargo, su victoria electoral —el peor resultado histórico para el SAP— deja un panorama político fragmentado. El Partido Moderado (Modera terna), de Kristersson, quedó segundo con el 19,8%, mientras que los Demócratas de Suecia (Sverigedemokraterna, SD), formación de extrema derecha, perdieron tres puntos porcentuales y dejaron de ser la segunda fuerza parlamentaria. Kristersson, en vísperas de su dimisión, ya había advertido de que «el panorama para un nuevo Gobierno no está claro» y no felicitó públicamente a Anderson por su triunfo.
Un escenario de inestabilidad política en Suecia
La situación refleja una tendencia consolidada en la política sueca: la dificultad para formar gobiernos estables en un sistema multipartidista. Desde 2018, Suecia ha vivido tres gobiernos distintos, todos ellos coaliciones frágiles. El último Ejecutivo de Kristersson, apoyado por los Demócratas de Suecia, cayó por la presión interna de su socio de extrema derecha, que exigía políticas migratorias más duras. Ahora, Anderson deberá navegar entre las divisiones internas de su propio partido —donde sectores más moderados desconfían de los radicales de Izquierda— y la resistencia del Centro a cualquier pacto que incluya a la izquierda.
El Partido Verde, clave para alcanzar la mayoría, ha mantenido un perfil bajo en las negociaciones, pero su apoyo sería decisivo. Sin embargo, su líder, Måns Nilsson, ha condicionado cualquier acuerdo a reformas ambientales concretas, lo que añade otra capa de complejidad. Mientras, los Demócratas de Suecia, aunque en declive, podrían actuar como «partido de presión» desde la oposición, exigiendo concesiones en temas como seguridad o inmigración.
¿Qué pasa ahora? Cronología y plazos
Anderson tiene hasta el 28 de septiembre, fecha en que el Parlamento se reúne para elegir al nuevo presidente, para presentar una propuesta de gobierno. Si no logra el apoyo de al menos 174 diputados —la mayoría absoluta—, el mandato podría recaer en otro candidato. En ese caso, el proceso se repetiría, con el riesgo de una nueva ronda de negociaciones o incluso elecciones anticipadas, aunque esto último es poco probable dado el coste político que supondría.
Kristersson, por su parte, no ha descartado volver a la primera línea política. Fuentes cercanas al Partido Moderado sugieren que podría intentar liderar una nueva coalición si Anderson fracasa, aunque su relación con los Demócratas de Suecia —su antiguo socio— está rota. Mientras, el Partido de Centro ya ha anunciado que explorará alianzas con los liberales (Liberalerna) y los verdes para bloquear cualquier gobierno que incluya a Izquierda.
El escenario más probable es una coalición de «centro-izquierda» con SAP, Vänsterpartiet y Miljöpartiet, aunque esto requeriría concesiones significativas en políticas económicas y sociales. Si Anderson no logra el apoyo necesario, Suecia podría enfrentar meses de gobierno en funciones, con el riesgo de que el Parlamento quede paralizado en temas clave como el presupuesto o la política climática.
La presión sobre Andersson es máxima: no solo debe formar gobierno, sino hacerlo con un partido —el SAP— que ha perdido apoyo en las urnas y que enfrenta divisiones internas. Su margen de maniobra es estrecho, y cualquier error podría abrir la puerta a una nueva crisis política en un país acostumbrado a la estabilidad.
Sigue la cobertura: Anderson, encargada de formar Gobierno en Suecia




