Francia, Jordania y Líbano buscan un plan realista para retirar a Israel del sur, pero Tel Aviv exige garantías de seguridad antes de abandonar la zona
Emmanuel Macron, presidente francés, ha reunido este jueves a Joseph Aoun, presidente libanés, y al rey Abdalá II de Jordania para impulsar un despliegue militar conjunto que permita desarmar a Hezbolá y sustituir a la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINAL), cuya misión expira en diciembre.
Las conversaciones, celebradas en París, incluyeron una reunión operativa con jefes de Estado Mayor de Francia, Reino Unido, Italia, Jordania y Líbano, además de altos representantes de Estados Unidos y Arabia Saudí. El objetivo es definir un «plan claro, creíble y realista» para que el Ejército libanés —actualmente mal equipado y con salarios impagados— asuma el control de la frontera sur, una vez que Israel retire sus tropas de la zona.
Sin embargo, Tel Aviv ha advertido que no abandonará el sur del Líbano hasta que desaparezcan las amenazas a su seguridad, lo que complica el cronograma acordado. El despliegue libanés, según declaró el Elíseo, debe ser «operativo y sostenible», pero la oposición de Hezbolá —considerado grupo terrorista por Occidente— y la falta de recursos del Estado libanés añaden incertidumbre al proceso.
El contexto: la FINAL y el conflicto no resuelto
La FINAL, desplegada desde 1978 tras la invasión israelí del Líbano, ha actuado como fuerza de paz en una zona donde Hezbolá —apoyado por Irán— mantiene una presencia militar superior a la del Ejército libanés. Su mandato actual, prorrogado hasta diciembre, no incluye acciones contra grupos armados no estatales, lo que limita su capacidad para desarmar a Hezbolá.
El plan francés busca reemplazar a la FINAL con una coalición internacional que incluya a países árabes, pero su éxito depende de tres factores clave: la voluntad política de Líbano para desarmar a Hezbolá, el apoyo logístico de Jordania y Arabia Saudí, y la disposición de Israel a retirarse sin garantías previas. Hasta ahora, Tel Aviv ha rechazado cualquier cronograma que no incluya el desmantelamiento previo de las capacidades militares de Hezbolá en la frontera.
Las implicaciones: seguridad regional y tensiones internas
Para Líbano, el despliegue militar plantea un dilema: el Ejército libanés, con un presupuesto insuficiente y deserciones recurrentes, carece de los medios para enfrentar a Hezbolá, cuya milicia supera en armamento y entrenamiento a las fuerzas estatales. La comunidad internacional, liderada por Francia, apuesta por un enfoque gradual, pero la falta de unidad en el Gobierno libanés —dividido entre aliados de Hezbolá y sectores pro occidentales— podría sabotear el plan.
En el plano regional, Israel observa con recelo cualquier movimiento que debilite su capacidad de disuasión. Aunque Hezbolá ha reducido sus ataques desde 2023, la organización sigue controlando zonas clave cerca de la frontera, lo que justifica la presencia israelí. La retirada de las tropas de Israel sin un acuerdo previo sobre el desarme de Hezbolá podría reinterpretarse como una victoria del grupo chií, reforzando su influencia en la política libanesa.
Para Jordania y Arabia Saudí, el apoyo al plan francés es una oportunidad para contrarrestar la influencia iraní en la región, pero también un riesgo: un colapso en Líbano podría desestabilizar aún más la zona, con consecuencias en Siria e Irak. La reunión de este jueves refleja la urgencia por evitar un vacío de poder en el sur del Líbano, pero la falta de consenso entre las partes involucradas deja abierto el escenario de un nuevo conflicto o, en el mejor de los casos, un estancamiento prolongado.







