El ministro irlandés, que preside el Consejo de la UE, insiste en que el acuerdo con Canadá busca «relación de trabajo más estrecha» y descarta que afecte a la relación con Washington
Simon Harris, vice primer ministro y ministro de Hacienda de Irlanda, ha descartado este viernes que las amenazas de Donald Trump de imponer nuevos aranceles a la Unión Europea (UE) por su acercamiento a Canadá tengan fundamento. Harris, cuyo país ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE durante este semestre, ha instado a no «exagerar el nivel de preocupación» y ha subrayado que el pacto con Canadá no responde a una estrategia contra Estados Unidos, sino a un «avance positivo» para ambas economías.
El ministro irlandés, que ha hecho estas declaraciones durante una reunión informal de ministros comunitarios de Finanzas en Dublín, ha recordado que Trump ya advirtió en sus declaraciones que solo aplicaría aranceles si el acuerdo UE-Canadá se considerara un «acto hostil». Según Harris, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha aclarado que el objetivo es convertir a Canadá en un «Estado miembro asociado» de la UE, un paso que, en su opinión, no tiene por qué afectar a la relación transatlántica.
«No creo que debamos exagerar ese nivel de preocupación», ha afirmado Harris, quien ha insistido en que el acuerdo con Canadá busca «una relación de trabajo más estrecha» en áreas de interés mutuo, como la economía y la seguridad. «Esto no tiene nada que ver con Estados Unidos», ha recalcado, añadiendo que la UE y Canadá deben ser «muy sinceros y claros» sobre las implicaciones del pacto.
Harris ha destacado que la relación comercial entre la UE y EE.UU. es «considerable y bidireccional», algo que, según él, a veces se pasa por alto en el debate público. «Es mutuamente beneficiosa», ha señalado, recordando que la UE debe mantener una colaboración «seria, tranquila y constante» con Washington, tal como se ha hecho hasta ahora.
El ministro irlandés ha evitado entrar en detalles sobre posibles represalias de Trump, pero ha dejado claro que Irlanda —y por extensión la UE— no tiene intención de alterar su relación con Estados Unidos. «Queremos mantener una relación económica y de trabajo muy estrecha con Estados Unidos, y de hecho ya la tenemos», ha concluido.
El contexto del acuerdo UE-Canadá y su impacto en la relación con EE.UU.
El anuncio de un posible acercamiento entre la UE y Canadá, con el objetivo de convertir a este país en un «Estado miembro asociado», ha generado tensiones con la administración de Donald Trump. La UE ya ha iniciado conversaciones para reforzar su alianza con Canadá en áreas como el comercio, la seguridad y la tecnología, un movimiento que algunos analistas interpretan como una respuesta a la creciente presión de Washington sobre el bloque europeo.
Sin embargo, según Harris, este acuerdo no está dirigido contra Estados Unidos, sino que responde a una voluntad compartida de ambos socios de profundizar en su cooperación. La UE y Canadá ya mantienen un acuerdo comercial vigente desde 2017, el Comprehensive Economic and Trade Agreement (CETA), que ha demostrado ser beneficioso para ambas economías. El nuevo paso, según fuentes comunitarias, buscaría ampliar este marco a otros ámbitos, como la defensa y la investigación científica.
La amenaza de Trump, por su parte, forma parte de una estrategia más amplia de su administración para presionar a la UE a revisar su política comercial. En los últimos meses, el presidente estadounidense ha criticado repetidamente los aranceles europeos a productos estadounidenses, como los impuestos a las importaciones de acero y aluminio, y ha advertido de posibles represalias si la UE no cede en sus negociaciones.
¿Qué se juega Irlanda en este pulso?
Irlanda, como país que preside el Consejo de la UE durante el segundo semestre de 2026, tiene un interés especial en mediar en este conflicto. Dublín ha sido históricamente un puente entre la UE y Estados Unidos, gracias a su fuerte vínculo económico con ambas partes. La isla es sede de numerosas empresas estadounidenses, como Google, Facebook y Apple, que han aprovechado su sistema fiscal favorable para establecer allí sus sedes europeas.
Para Irlanda, evitar un escalada comercial con EE.UU. es una prioridad. El país depende en gran medida de las exportaciones a ambos mercados, y un conflicto arancelario podría afectar gravemente a su economía. Por ello, Harris ha insistido en que la UE debe mantener un diálogo «serio y constante» con Washington, evitando cualquier movimiento que pueda interpretarse como una provocación.
Además, Irlanda tiene un papel clave en la defensa del multilateralismo dentro de la UE. El país ha sido uno de los principales defensores de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de los acuerdos comerciales globales, una postura que choca con el proteccionismo creciente de la administración Trump.
Reacciones en Bruselas y Washington
Aunque Harris ha intentado restar importancia a las amenazas de Trump, fuentes en Bruselas reconocen que el tema está siendo seguido de cerca. La Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, ha evitado hasta ahora hacer declaraciones públicas sobre el posible conflicto, pero se espera que en los próximos días se pronuncie oficialmente sobre el acuerdo con Canadá y su impacto en las relaciones con Estados Unidos.
En Washington, por su parte, la administración Trump ha mantenido un tono agresivo. El presidente estadounidense ha repetido en varias ocasiones que la UE está «aprovechando» a Canadá para debilitar a Estados Unidos, una acusación que la Comisión Europea ha rechazado categóricamente. «No hay ninguna intención de dañar a Estados Unidos», ha afirmado una fuente cercana a von der Leyen, quien ha insistido en que el acuerdo con Canadá es «positivo para todos» y no busca «desestabilizar» el comercio global.
Mientras tanto, el mercado financiero ha reaccionado con cautela. Los índices bursátiles europeos han registrado leves caídas en las últimas sesiones, en parte por la incertidumbre generada por las declaraciones de Trump. Sin embargo, analistas consultados por ElectionLAB señalan que, de momento, no hay indicios de que el conflicto vaya a escalar hasta el punto de afectar gravemente a la economía real.
Lo que está claro es que, de cara a las próximas semanas, la UE y Estados Unidos tendrán que encontrar un equilibrio delicado. Por un lado, el bloque europeo no quiere ceder a las presiones de Trump; por otro, no puede permitirse un enfrentamiento comercial que dañe a sus socios más cercanos, como Irlanda o Canadá.







